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Australia ha caído (“Australian has fallen”)

Por Gustavo Vieyra (*)

No se trata del resultado de un partido de Rugby ni de algún otro deporte. Así titulan los motores de búsqueda como Rumble.com lo que está ocurriendo en ciudades como Melbourne o Camberra, Australia, a raíz de la inusitada violencia con que el gobierno está reprimiendo a los manifestantes que resisten el mandato de la vacunación obligatoria y las reiteradas restricciones en el normal funcionamiento de su sociedad, con las consecuentes repercusiones en su economía y el descuido sanitario de las clásicas enfermedades prevalentes.

El portal Summit News informa que “se ha abandonado el espíritu de la Carta Magna, persiguiendo a familiares de posibles manifestantes hasta en sus domicilios”. Algo que inevitablemente da lugar a una comparación con el libro de George Orwell,”1984”, como libro de cabecera del Primer Ministro Australiano, Scott Morrison.

Si bien esta introducción suena distante de nuestro país, no lo debería ser tanto cuando se trata sin lugar a dudas de un tema como el que se ha instalado en todo el mundo: Pandemia – Vacunas. En la actualidad, ya suena a una cuestión cuasi incorporada a nuestro “bestiario” cotidiano y por lo tanto, nos moviliza menos.

Pero justamente, si ese fuera el hecho, estaríamos en serios problemas, más de lo que la cuestión “virosis” puede representar, ya que estaría mostrando un grado de hipnosis y alienación de nuestro pensamiento crítico que nos alejaría gravemente de la verdadera dimensión del problema: Un Virus de muy oscuros orígenes, una Pandemia muy “floja de papeles” declarada y utilizada con un altísimo nivel de control social y severas consecuencias económicas, donde solo se han beneficiado unos pocos y por fin y por último, a mi entender lo más grave: el uso masivo de vacunas experimentales.

Si, el mundo entero está siendo sometido a un gran experimento global con vacunas que nunca han dejado de ser experimentales, según los protocolos presentados por los mismos fabricantes, más allá de las turbias autorizaciones y/o aprobaciones otorgadas por los entes reguladores de la salud, léase FDA, EMA o OMS.

El esfuerzo hecho para demostrar la existencia de tratamientos alternativos, eficaces, seguros e infinitamente más económicos, por parte de grupos de médicos, científicos e investigadores, ha resultado frustrante. A pesar de haber logrado superar las vallas impuestas por un sistema cooptado por los intereses financieros de la Industria Farmacéutica, en un mundo con una exasperante falta de liderazgos que breguen por el bien de sus representados, no han podido aun, torcer los destinos de la población como es el caso de Australia, donde los tratamientos se terminan imponiendo “a las patadas”.

¿Es Australia un caso aislado de “loquillos reticentes a obedecer”? De ninguna manera. Lo mismo ocurre desde hace meses en Francia, Italia, Suiza, Países Bajos, Reino Unido, Alemania, Austria, Israel y en nuestro continente en Canadá y cada vez más y más extendido en EEUU. En todos los casos y con distintos matices, la “presión” (violencia) utilizada, vulnera las libertades y el derecho a la libre elección de lo que cada individuo desea hacer con su salud.

Tan groseramente ridícula y sin sentido es esta imposición, que no recuerdo en toda la historia de la medicina ningún tipo de acción de igual “intensidad”, llevada a cabo a raíz del consumo de tabaco, algo que ha matado y sigue matando mucha más gente que toda la declarada hasta la fecha por este virus. Lo mismo se podría decir de aquellos que no cumplen con sus chequeos preventivos anuales, que luego, una vez detectado tardíamente la enfermedad, se transforman en un serio problema para ellos mismos, su entorno y la sociedad.

Si no recurrimos a otros canales de comunicación distintos a los que habitualmente recurrimos como Google, YouTube, medios periodísticos nacionales y los habituales internacionales, seguiremos viviendo una especie de “The Truman Show”, aquella película donde su protagonista Truman Burbank, un corredor de seguros, cree vivir una vida normal, alejada de cualquier conflicto, hasta que sobreviene la “sospecha” y el “despertar” que lo llevan a confirmar que su vida era un gran set de filmación, donde ocurría lo que “el productor” quería que ocurra.

Deprimir nuestro pensamiento crítico y “acostumbrarnos”, nunca nos permitirá “sospechar”. Les sugiero recurrir a canales de información alternativos como Rumble.com, Odysee.com/news&politics, o canales por Streamming como Witch.TV para poder encontrar una información distinta de la que estamos acostumbrados a ver, particularmente sobre este tema.

Un comentario especial merece la triste presentación de parte de nuestras autoridades sanitarias, sobre la habilitación para la vacunación de nuestros niños entre los 3 y los 11 años de edad.

A decir verdad, es lo que motorizó mi columna de hoy. No puedo salir de mi asombro y mucho menos de mi enojo frente a semejante perversidad y oportunismo político. Los datos epidemiológicos de riesgos por Covid, en ese grupo etario, ya los he comentado en anteriores columnas. Pero vale el recordatorio de que la recuperabilidad de los niños frente a estas infecciones es del 99,99%, la Tasa de mortalidad es del 0.08% y que del 5.2% de la población mundial que contrajo Covid, solo el 1.5% fue en chicos de 0 a 19 años.

Lo que NO ha cambiado, es que las vacunas siguen siendo EXPERIMENTALES, con consecuencias que son desconocidas, aunque ya se han denunciado afecciones cardiacas, renales y neurológicas sin que haya transcurrido 1 año de su aplicación y el sistema inmune de esta población que es nada más y nada menos que NUESTRO FUTURO, esté sometida a otros apremios inmunológicos por nuevas virosis que generen respuestas explosivas dado la sensibilización ya generada por estas vacunas.

Salgamos del “Truman Show” antes de que Argentina haya caído.

(*) Médico cardiólogo, docente universitario, ex presidente del Distrito Conurbano Norte de la Sociedad Argentina de Cardiología, responsable de Arritmias y Marcapasos del hospital Bernardo A. Houssay (retirado), cardiólogo  del Hospital Británico, vecino de Pilar.

 

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