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Che pibe, vení, votános

Por Gastón Bivort (*)

“Si hay que triunfar siempre te vamos a llamar. Para guerras o elecciones pibe no nos abandones”. Así terminaba una conocida canción del rock nacional escrita en el marco de la transición hacia la democracia que se inició tras la derrota en Malvinas. En ella Raúl Porchetto, su autor, alentaba a los jóvenes a participar y comprometerse con su país. Al mismo tiempo los alertaba sobre la manipulación política de la que podían ser objeto.

En abril de 1982, con el argumento de salvaguardar la soberanía nacional frente al imperialismo inglés, miles de jóvenes que apenas tenían entre 18 y 20 años fueron enviados a Malvinas a librar una guerra que no era la suya. Era la guerra a la que se aferró el gobierno militar de entonces para salvar su gobierno, sin importarle esos chicos que apenas empezaban a vivir. Fueron los chivos expiatorios de esa borrachera de soberbia y poder que envolvía a Galtieri y los suyos.

El fracaso de la aventura en Malvinas no solo terminó con la dictadura, sino que también abrió las puertas para el retorno a la democracia. Los jóvenes fueron convocados nuevamente, esta vez por políticos que parecían tener buenas intenciones, para pedirles su voto a cambio de la promesa de un futuro venturoso. Con el paso del tiempo, y como ocurrió con Malvinas, muchos nos sentimos -me incluyo por una cuestión generacional-usados, defraudados y decepcionados.

Esos jóvenes de ayer, fuimos comprobando, desde nuestras experiencias personales, que la democracia no alcanzaba para comer, curar y educarse. Las crisis económicas recurrentes y los escándalos de corrupción fueron demostrando la necesidad de contar con políticos eficientes y honestos para sacar el país adelante. Pronto nos dimos cuenta que tales dirigentes escaseaban. La esperanza de 1983 se había transformado en una utopía.

Poco a poco se fue apagando ese entusiasmo que en algún momento supimos tener los adultos de hoy. Naturalizamos la corrupción, la mediocridad intelectual y los privilegios de los políticos, convenciéndonos de que esto no tenía arreglo. Nos fuimos replegando sobre nuestra vida privada dejando el manejo de lo público en manos de dirigentes inescrupulosos e incapaces, y contagiamos a los jóvenes con nuestra indiferencia.

La profundidad de la herida que nos infligió el cuarto kirchnerismo en estos casi dos años de desgobierno, provocó la reacción de muchos, pero sobre todo -y esto es lo que más celebro y me llena de esperanza- provocó la reacción de muchos jóvenes, algunos de ellos provenientes de sectores muy humildes de la sociedad, que dijeron basta. Dijeron basta a ser usados políticamente. Dijeron basta a un sistema que los subestima creyendo que tienen asegurado su voto por las migajas de un subsidio o de una dádiva con forma de heladera o bicicleta. Dijeron basta a la exclusión a la que están sometidos al no recibir una educación de calidad que les permita aspirar a un buen trabajo. No les interesa el lenguaje inclusivo; sí les interesa ser incluidos de verdad en la sociedad. ¿Realmente creen que van a conseguir el voto de los jóvenes por un video de Kicillof en tik tok o por un encuentro entre el Presidente y L-Gante?. La desesperación por un voto acrecienta el patetismo populista.

En los últimos días han trascendido varios ejemplos de estos jóvenes que con todo su desparpajo, expresaron lo que sentían. Lo hizo un alumno de una escuela técnica de La Matanza al filmar y luego cuestionar a su profesora de historia que lo quería adoctrinar a los gritos; lo hizo también otro alumno del mismo partido del conurbano donde el peronismo gobierna desde 1983. Están apareciendo grietas en el otrora bastión inexpugnable.

El martes 28 de septiembre, Emiliano Bondarchuk, de 17 años, fue llevado por la escuela técnica pública a la que asiste, a un evento organizado por la Municipalidad de La Matanza. El supuesto objetivo de “Expo Jóven” era acercar a los futuros egresados al mercado laboral. Pronto Emiliano cayó en la cuenta de que se trataba de un acto partidario y eso lo indignó. Aprovechó que los organizadores ofrecieron a los alumnos subir al escenario para contar “sus sueños” y Emiliano, desde la más cruda ironía, asestó un duro cachetazo a esa dirigencia política que lo estaba usando. Señalándolos dijo “Siempre soñé en ser chorro como la gente de acá y de muchos más por acá. Chorro y vago, el sueño de todo el mundo”.

En un reportaje posterior, Emiliano señaló que después de decir lo que dijo se sentía completamente aliviado, porque lo habían obligado a estar en un lugar donde no quería estar. Además, agregó, quería hacerle saber a los políticos que el 90% de los jóvenes que él conoce no los banca y creen que son unos chorros.

En ese mismo reportaje habló de su padre fallecido cuando él tenía 9 años. Trabajaba como barrendero en el Hospital de niños de San Justo. “Mi papá era un tipo bondadoso -dijo Emiliano- era común que le diera su plata para el colectivo a alguna persona que no llegaba a pagar los medicamentos en el hospital, y después el tenía que volver caminando. Y era honesto. Muchas veces se encontró cantidades grandes de guita y las devolvió, sin siquiera pedir algo a cambio”.

Una de las tantas cosas que aprendí en mis casi 30 años de docente, fue el valor que los jóvenes y adolescentes le asignan a la coherencia entre el decir y el hacer, esperan eso de los adultos. Claramente no lo están encontrando en una clase dirigente que les habla a los pobres desde la opulencia, que les habla a los jóvenes de educación y futuro con escuelas en ruinas y profesores que adoctrinan, que les habla a los jóvenes de trabajo desde sus oficinas públicas costosas en sueldos pero totalmente improductivas.

Por eso Emiliano resaltó la coherencia de vida de su padre; por eso los jóvenes se cansaron de los políticos que los subestiman y menosprecian. “Conformate con algún puesto, sos joven para entender esto”, decía la canción.

Es probable que la juventud de hoy no conozca a Raúl Porchetto, pero la alarma que hace muchos años encendió con su música, está plenamente activada.

(*) Profesor de Historia, vecino de Pilar

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