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El ejemplo sanmartiniano que incomoda al Presidente

Por Gastón Bivort (*)

“A los idiotas les digo que la Argentina de los vivos se terminó”, dijo Alberto Fernández en una entrevista televisiva, allá por el mes de abril de 2020. Fue una de las tantas intimidaciones acompañadas de dedito acusatorio, dirigidas a   aquellos ciudadanos que osaran violar el DNU que obligaba al Aislamiento Social Preventivo Obligatorio (ASPO).

La gran mayoría de la población cumplió obedientemente con una cuarentena eterna, medieval y en gran medida irracional, que no evitó que la Argentina se convirtiera en uno de los países con mayor cantidad de contagiados y muertos por millón de habitantes.

Entre marzo y septiembre del año pasado, muchos argentinos vieron quebrar sus negocios.

No  pudieron atenderse en clínicas y hospitales y vieron agravadas sus patologías.

No  pudieron ver a sus padres y abuelos y estos no pudieron ver a sus hijos y nietos.

No  pudieron llorar ni despedir a sus seres queridos.

No  tuvieron clases presenciales y muchísimos, no tuvieron clases de ningún tipo.

No se podía caminar, no te podías cortar el pelo, no se podía correr, no te podías reunir, no se podía recibir visitas…

Hace unos días nos enteramos que mientras todo esto ocurría, Olivos era una fiesta. Parafraseando al Presidente, los registros oficiales de la Residencia presidencial nos estaban informando a los “idiotas” que la Argentina de los vivos no se había terminado.

El 2 de abril de 2020 el Presidente Fernández festejó su cumpleaños con cuatro personas que llegaron a las 22 y se fueron entre las 0 y las 3 de la mañana.

El 14 de julio de 2020 la primera dama Fabiola Yáñez recibió a 9 personas para celebrar su cumpleaños. Llegaron a la 21,30 y se retiraron a las 2 de la mañana.

El 23 de agosto hubo una foto (sin distanciamiento social ni barbijo) en el chalet presidencial que hizo público el encuentro social que tuvieron Fernández y Hugo Moyano acompañados de sus mujeres y uno de los hijos del sindicalista.

A esto le podríamos agregar las cotidianas visitas a Olivos del peluquero, la colorista,  la esteticista y otros “esenciales” de la primera dama. Hasta Dylan, el perro presidencial tuvo el privilegio de ser “educado” presencialmente por su adiestrador.

Fernández no predicó con el ejemplo. Quién impuso el ASPO e insultó a quienes lo incumplían no tuvo empacho en violarlo. Es evidente la doble moral.

Podría contrastar esta actitud presidencial con el texto del artículo 16 de la Constitución nacional. Nada más alejada del principio republicano de igualdad ante la ley. Pero elijo hacerlo recordando una de las tantas anécdotas que pone de relieve la estatura moral del General San Martín e incomoda al Presidente.

Cuenta la historia que estando San Martín en el campamento del Plumerillo preparando el Ejército de Los Andes, designó a un soldado para que vigilara la entrada del polvorín. Le había dado una orden bien clara: nadie podía entrar con botas y espuelas ya que sí estas últimas originaban una chispa, volaba el polvorín. Era sumamente peligroso.

Una noche, San Martín se acercó al polvorín con botas y espuelas y le pidió al soldado que lo deje pasar. Un rotundo “no” del soldado se lo impidió. El General, se fue, cambió su ropa y volvió a presentarse en condiciones reglamentarias. Ahora sí el soldado lo dejó pasar. San Martín ordenó condecorarlo por haber cumplido fielmente con su deber.

San Martín, a diferencia de Fernández, predicó con el ejemplo obedeciendo su propia orden. Estatura moral frente a doble moral. Coherencia entre el decir y el hacer.

“Seré inflexible con quien viole la cuarentena obligatoria, esas personas son muy peligrosas” había dicho el Presidente desde la soberbia y la impunidad que le otorga el poder.

Esta frase del General San Martín parece una respuesta a medida: “La soberbia es una discapacidad que suele afectar a pobres infelices mortales que se encuentran de golpe con una miserable cuota de poder”.

A 171 años de su fallecimiento, el legado sanmartiniano sigue más vivo que nunca.

(*) Profesor de Historia, vecino de Pilar

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One Comment

  1. Cuando una persona llega al poder cambia.realmente cambia.acostumbrados a un sistema politico dañino con su gran manto de corrupción.y estrategias año 2021 y estamos en la lista de unos de los peores países del mundo.estar bien para el país le llevara años.miestrastanto seguimos siendo inconformistas

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