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La Universidad de Pilar, ¿gratuita y para todos?

Por Gastón Bivort (*)

“Desde hoy contamos para el país una vergüenza menos y una libertad más, los dolores que quedan son las libertades que faltan”. Así comenzaba el Manifiesto Liminar de la Reforma Universitaria de 1918 redactado por Deodoro Roca. Esta reforma ponía fin a una concepción elitista de la Universidad que no se correspondía con los profundos cambios que venían ocurriendo en la sociedad argentina desde hacía algunos años.

Para ese entonces, nuestro sistema educativo era un modelo para América latina y gran parte del mundo. Las políticas sarmientinas y la sanción de la Ley de Educación 1420 en 1884, durante el gobierno de Julio A. Roca, habían abierto las puertas de las escuelas para todos los argentinos por igual, sin distinción, erradicando prácticamente el analfabetismo.

Muchos de esos alumnos, muy bien formados en el nivel primario, tomaban la decisión de seguir sus estudios en los colegios nacionales distribuidos por todo el país, verdaderos palacios arquitectónicos y fuentes del saber. El Colegio Nacional Buenos Aires, el Carlos Pellegrini, el Monserrat en Córdoba, la Escuela Normal de Paraná o el Colegio Nacional de Concepción del Uruguay son algunos ejemplos vivientes del brillo de antaño. Recomiendo la visita de sus edificios para tomar dimensión de lo que fuimos.

Los jóvenes formados en estos colegios, muchos de ellos hijos de inmigrantes analfabetos, aspiraban a continuar su camino social ascendente. Además, desde 1912, con la sanción de la Ley Sáenz Peña, se había ampliado la participación política, lo que motivaba doblemente la búsqueda de la democratización de otras instituciones que habían quedado anquilosadas.

Por lo tanto, podemos considerar a la reforma universitaria de 1918, que consagró la gratuidad, la autonomía y el cogobierno, como parte de un proceso que se impuso por decantación, casi naturalmente.

Ahora sí, después de recibir una educación primaria y secundaria de calidad, el sueño de “mi hijo el dotor” podía hacerse realidad.

Toda esta introducción viene a cuento de este nuevo relato que se ha construido en torno de la futura Universidad Nacional de Pilar.

El 19 de junio del año pasado, en la presentación del proyecto de la Universidad, el intendente Achával expresó: “Hoy es un día muy importante, estamos dando el primer paso hacia la Universidad Nacional de Pilar, junto a Sergio Massa y Nicolás Trotta. Este es un sueño de todos, que es posible por el compromiso de un Estado que piensa en acercar la educación pública, gratuita y de calidad, a todos los vecinos. Esta universidad va a permitir que miles de jóvenes que sueñan con estudiar puedan hacerlo». Y agregó: «A esa madre que sale a la madrugada para ir a trabajar y vuelve al final del día, que solo piensa en el futuro de sus hijos y en verlos progresar, le decimos que sus hijos tendrán en un futuro cercano la posibilidad de cumplir esos sueños acá. Eso es igualdad de oportunidades”.

¿Quién podría estar en desacuerdo con lo que significa una Universidad gratuita y de calidad en la zona para igualar oportunidades y promover el ascenso social de lo que menos tienen? Nadie, si eso fuera posible en la presente coyuntura y si  la creación de esta nueva Universidad no persiguiera replicar objetivos similares a los de otras universidades creadas por el kirchnerismo.

El ministro de “no educación” Nicolás Trotta, especialista en escuelas cerradas, que acompañó a Achaval en el anuncio de la apertura de la nueva Universidad, tiene sobre la mesa un terminante informe de organizaciones sociales que forman parte del gobierno, que indica que en las villas y barrios populares de todo el país, el 18,3% de los alumnos encuestados no tiene conectividad de ningún tipo. Además, el 44,3% afirmó que estudió menos que antes de la pandemia y el 76,8% solo mantuvo comunicación con la escuela a través de WhatsApp.

En un reciente reportaje efectuado por “El 1° de la Mañana” (Cadena 94.9), la consejera escolar de Juntos por el Cambio Patricia Santoro afirmó que en el partido de Pilar hay a la fecha 52 escuelas sin gas y 33 directamente con el gas cortado para evitar riesgos por el deterioro de las instalaciones. Aseguró también que desde provincia llegan partidas muy reducidas para infraestructura y denunció “el abandono del municipio”. Conclusión, el sistema educativo público sigue prácticamente sin presencialidad desde marzo del año pasado.

¿Creen realmente Trotta, Achával y Massa que las víctimas de esta tragedia educativa tienen alguna chance de encarar estudios universitarios? Si no se garantiza una educación primaria y secundaria de calidad, “la universidad de los trabajadores” será una frase vacía. Hoy la prioridad pasa por mejorar la calidad académica y la infraestructura de los primeros niveles de la enseñanza pública. De lo contrario, la Universidad para todos será solo una utopía. Hasta entonces, el Estado debería otorgar becas para que aquellos alumnos sin recursos que deseen realizar una carrera universitaria, lo puedan hacer en alguna de las tantas universidades públicas o privadas que ya existen en un radio de 50 kms a la redonda.

Con respecto al tema de la gratuidad, de más está decir que cuando un funcionario anuncia que algo es gratis, nos está pasando la factura a los contribuyentes; obviamente, no sale del bolsillo de los políticos. En épocas de vacas flacas y presupuestos exiguos es importante fijar prioridades y creo que en materia de gasto universitario se dilapida dinero. Según datos de la UBA, casi 7 de cada 10 ingresantes proceden de escuelas privadas. ¿No se podría cobrar un arancel razonable a aquellos alumnos que pagaron por su escuela secundaria y becar con la gratuidad solamente a quienes lo necesitan? Se calcula también que entre un 25 y un 50% de los ingresantes a universidades públicas desertan dentro de los dos primeros años y que la duración de las carreras se extienden entre un 50 y un 100% más del tiempo estipulado ¿No debería fijarse un régimen universitario más estricto que cuide más lo que es de todos?

Durante la gestión kirchnerista se crearon las Universidades nacionales de Florencio Varela, Avellaneda, José C.Paz y Merlo entre otras. Todas ellas fueron comprometidas en mecanismos para eludir licitaciones y controles ideados por el ex ministro de Planificación condenado por delitos de corrupción Julio De Vido. Firmó varios convenios-marco con estas universidades para que a través de decretos presidenciales se hagan contratos directos para favorecer a amigos y sectores afines. ¿Se replicará este modelo en la flamante Universidad de Pilar?

Un ejemplo de esta práctica fue publicado recientemente en Infopilar: la Universidad Provincial del Sudoeste recibió de parte del gobernador Kicillof 2,4 millones de pesos para pagar los remises de sus directivos y más de medio millón para limpiar sus instalaciones. Hace un año y medio que las clases son virtuales y las instalaciones no se usan. Huelgan las palabras.

Otra incógnita que me genera  la creación de esta nueva Universidad, es si también se convertirá en un centro de adoctrinamiento y de reclutamiento político del oficialismo. Fundo mis sospechas en que gran parte del elenco ministerial que acompaña a Kicillof  fueron directivos y docentes de la Universidad de la José C. Paz de Mario Ishii, vecino de Achával y famoso por reconocer que en sus ambulancias se vende “falopa”.  Agustina Vila, actual Directora General de escuelas, a quien no se le conoció una sola idea durante más de un año para retornar a la presencialidad en las escuelas bonaerenses y Carlos Bianco, actual jefe de gabinete, quien hace unos días aseguró que “la oposición odia al país y que ni Hitler había llegado a tanto”, son algunas de esas mentes brillantes surgidas de esta Universidad “nacional y popular”.

Por otra parte, el intendente Achával recibió en mayo pasado la visita de la diputada provincial Florencia Saintout, quién aplaudió el proyecto y se comprometió a colaborar desde su cargo en el Consejo Provincial de Coordinación con el Sistema Universitario y científico. En marzo de 2011, como Decana de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad de La Plata, distinguió con un premio a Hugo Chávez “por haber demostrado su compromiso en afianzar la libertad de los pueblos, defender los derechos humanos y ser consecuente con los valores democráticos”. Quizás sea un indicio del sesgo ideológico que va a predominar en la Universidad de Pilar.

Si a pesar de todo, intendente Achával, decide seguir adelante con su proyecto, solo le pido que se esmere para que la calidad académica que reciban los alumnos de la futura Universidad de Pilar, sea similar a la que usted tuvo el privilegio de recibir como alumno de la Universidad Católica Argentina y de la Duke University de Carolina del Norte, USA.

Será un verdadero acto de justicia.

(*) Profesor de Historia, vecino de Pilar

 

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