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Vacunas: datos inquietantes

Por Gustavo Vieyra (*)

A  MIS COLEGAS: “Primun non nocere”(Primero no dañar).

Es sorprendente (o no debería serlo tanto?), observar en el entorno cercano, la mirada “salvadora” que hay hacia la utilización de la vacuna contra el Covid.

Es indudable que la fuerza que han cobrado los datos que transmiten los medios, que se nutren de la información emitida por la industria farmacéutica, los entes gubernamentales y buena parte de la comunidad médica, ha dejado bien anclado en el imaginario popular,  luego de casi una año y medio de sentirnos hostigados por un virus que nos enferma y puede llevarnos a la muerte, que la única salida es vacunarnos.

Por lo tanto, habrá que optar por lo que tengamos a disposición, sin preocuparnos por saber si son seguras, si evitaran que nos enfermemos, si son necesarias para todos por igual o sin son productos aun en fase de investigación.

La creencia establecida es que,  habrá un mundo “antes y después” de que nos vacunemos.

El concepto de “vacuna” como sinónimo de algo que “prevendrá” una determinada enfermedad, es sin duda muy seductor, dado que, cuando se logra evitar algo antes de que se establezca, evitamos el sufrimiento de los que la padezcan y los costos de resolver algo que quizás no tenga una rápida solución y peor aún, podría dejar secuelas.

Es un enfoque históricamente ya establecido en medicina que la indicación de un “procedimiento diagnóstico” o un “tratamiento preventivo” “NUNCA” es masivo. Nunca se les indican estudios o tratamientos a todos por igual y bajo cualquier circunstancia.

El motivo básico es que TODO en medicina se define en función del “riesgo”, algo que con el tema Covid se ha repetido permanentemente: la relación entre el Costo y el Beneficio.

A nadie se le ocurriría someter a un niño de 8 años a un tratamiento “preventivo” con “Estatinas” (medicamentos para bajar el colesterol) o a una niña de 10 años indicarle una colposcopia, un Papanicolau o una mamografía. De la misma manera que no se le indica a ningún paciente mayor de 90 años hacerse de rutina un examen prostático.

Todas estas conductas están regidas por información recogida a lo largo del tiempo, durante el cual se estudió el comportamiento de las distintas enfermedades, su prevalencia en la población, por grupos de edades, por sexo, su tasa de letalidad, sus diferentes formas de manifestarse, su temporalidad (si la hubiese), etc. A continuación se ponen a prueba distintas estrategias bajo la forma de “protocolos de investigación”, que validan sus resultados luego de finalizado el periodo establecido por dicho protocolo. La investigación se efectúa contrastando una opción contra otra a fin de definir cuál es la mejor de las dos.

Pero si el lector prestó atención, al comienzo del párrafo me referí a “…información recogida a lo largo del tiempo”. Esto, es algo indispensable ya que la experiencia adquirida (y el consecuente aprendizaje), nos ayuda a reducir la posibilidad de cometer errores.

En la actualidad TODAS las vacunas que se están utilizando, se encuentran en proceso de investigación (fase III). La finalización de los protocolos dentro de los cuales se las están estudiando está prevista para el 2022.

La información que se dispone a la fecha sobre sus bondades y limitaciones, surge de informes “parciales” emitidos por la industria y chequeada por los entes reguladores, gubernamentales y no gubernamentales.

De la convergencia de una enorme presión ejercida por la aparición en el escenario mundial de casos de Covid, comunicados en tiempo real, minuto a minuto y día a día, de la misma manera que las muertes ocurridas por (o con) Covid y la disponibilidad de vacunas, desarrolladas en tiempo récord, incluso antes de tener datos reales de la dimensión de la virosis, se lograron “AURTORIZACIONES DE URGENCIA” para comenzar  a aplicarlas ANTES DE FINALIZAR LA FASE III DE INVESTIGACION y por lo tanto disponer de toda la información esperada y analizada que derivase en la correspondiente “APROBACION”, algo que ninguna de las vacunas en uso aún tiene.

Dentro del primer semestre 2020 ya había 140 proyectos de vacunas en marcha, con sus respectivas inversiones millonarias con el objeto de ganar un mercado cuyo comportamiento final aun era desconocido (o sí?).

Para tener una idea más acabada sobre la importancia del factor “tiempo de evolución” de la pandemia, vale mencionar que uno de los datos más inquietantes desde el comienzo fue la Tasa de Letalidad. En fecha reciente, luego de transcurrido un año calendario de pandemia, el Dr. John Ioannidis, un extraordinario epidemiólogo de la Universidad de Stamford, informó a la OMS que la Tasa de Letalidad promedio del Covid era del 0,23%, similar a la de la  Influenza (gripe) estacional.

De la misma manera, se pudo verificar cual  era la mortalidad por grupos de edades y por lo tanto, cuáles eran los grupos que ameritaban un enfoque especial llegado  el caso de disponerse de un tratamiento preventivo “aprobado”. De hecho este análisis por grupos de edades permitió ver que la mortalidad por Covid, solo excede la prevista para ese grupo atareo en los pacientes entre 70 y 90 años.

También se pudo descartar la sospecha de que los niños podían ser “supercontagiadores” o verificar que la posibilidad de enfermar o morir en ellos era extremadamente baja.

En la actualidad,  gracias al factor “tiempo”, se sabe que la inmunidad adquirida naturalmente luego de sufrir la virosis es de 7 a 8 meses. De la misma manera se sabe que los pacientes vacunados pueden volver a contraer una infección por Covid con un curso leve o moderado y que la mencionada “eficacia” de las vacunas en investigación se refiere a la reducción de las chances de morir o tener un curso severo.

En cuanto a la mocionada seguridad de las vacunas, NO hay información disponible sobre posibilidad de efectos colaterales crónicos, simplemente porque no ha transcurrido el tiempo suficiente para poder valorarlos.

Solo se han comunicado “eventos” calificados con excepcionales dado que NO estaban dentro de los efectos esperados. En este sentido son de público conocimiento los casos de formación de coágulos con sus respectivas consecuencias dependiendo de la ubicación del coagulo. O los casos de trastornos neurológicos de tipo “mielitis transversa” o inflamación del miocardio (musculo cardiaco) luego de recibir una de las vacunas.

Es importante decir que los sistemas de “fármaco vigilancia” que colectan la información de estos eventos, son en general susceptibles de sub registro dado que el control y seguimiento de cada persona vacunada requiere de una estructura muy sofisticada de la cual solo pueden hacer gala muy pocos países como por ejemplo Israel.

Un punto que permanece sin aclarar es porque no se estudiaron en profundidad y con el debido apoyo, otros tratamientos preventivos posibles que compitan la seguridad, eficacia y bajo costo que podrían tener las vacunas. De la misma manera, aun no ha quedado claramente establecido un esquema de tratamiento que permita manejar al paciente con el Covid en sus etapas iniciales y que evite que su único destino sea la internación,  luego de perder la ventana de oportunidad que da, atacarlo en la fase inicial de replicación del virus.

Las vacunas serán o no una solución como preventivo de este virus SAR COVs 2, queda aún mucho por aprender a expensas de algo que es inexorable e incontrolable: el paso del tiempo. Mientras tanto lo más saludable para nuestros pacientes sería darles la mayor cantidad de información solida y científica de la que disponemos a fin de no cometer errores, sea por exceso o por defecto.

(*) Médico cardiólogo, docente universitario, ex presidente del Distrito Conurbano Norte de la Sociedad Argentina de Cardiología, responsable de Arritmias y Marcapasos del hospital Bernardo A. Houssay (retirado), cardiólogo  del Hospital Británico, vecino de Pilar.

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