Columnistas

Acerca de las drogas y los supra-estados dominantes

Por Juan Alberto Yaría (*)

Desde los 2000, el consumo de drogas se ha transformado en una verdadera pandemia en todos los países. En realidad -humildemente- considero que se ha generado una “plandemia” con objetivos precisos y de alto contenido económico a costa de miles de mutilados psiquiátricamente. La plusvalía la marca la cantidad cada vez mayor de enfermos o muertos.

Se van creando, así, supra-estados que dominan sobre los estados a nacionales. Todo esto implica una industria de la creación de necesidades explotando carencias culturales y afectivas al por mayor en nuestra cultura. Dadas estas circunstancias intervienen muchos factores; hoy citare algunos:

  1. falta de políticas preventivas masivas y asistenciales con intervención de todas las instituciones de la comunidad desde lo local (municipio) a lo global (país);
  2. eficaz narco-marketing banalizando el consumo y su daño propiciando el consumo precoz en un adolescente con inmadurez de personalidad y de desarrollo cerebral (zonas más evolucionadas que recién culminan a los 25 años de generarse);
  3. explosión de producción de drogas con sustentos políticos y con impunidad aseguradas, por ejemplo, América Latina y Asia son ávidas productoras de sustancias ;
  4. creación de una homogeneidad discursiva y cultural que justifica el consumo bajo el ala de una intelectualidad que presume ser la avanzada en estos temas.
  5. Hoy tocaré solo algunos aspectos de esta verdadera eutanasia social en marcha a lo cual se suma los cambios tecnológicos y la creciente des-familiarización de nuestra sociedad.

Exclusión de los padres del problema de las drogas

Un grupo de Padres cuyos hijos han vivido la experiencia de las drogas y muchos de ellos han muerto me acercaron varios documentos de política de drogas en los primeros años del 2.000 firmados por Ministros, e incluso por el Presidentes de la República.

Asimismo, por mis contactos con otros países me transmitieron documentos parecidos e incluso con firma de autoridades supremas de cada uno de ellos. Documentos todos avalados por organismos internacionales.

En realidad, eran políticas globales para implementarse y que en sus consecuencias e incluso en los fundamentos muestran sus déficits conceptuales que se notan en sus consecuencias actuales. Pareciera el prolegómeno de una “plandemia que justifica la actual pandemia de consumo de drogas.

Estos documentos que insisto fueron la base de las políticas de los últimos 25 años fundamentan la política preventiva como un símil de castigo.

Prevenir seria castigar al consumidor y se la relaciona con la punición cuando en realidad es un acto educativo basado en principios básicos de salud pública.

Nada más alejado de la realidad ya que prevenir es un acto que comienza desde la infancia en la prevención primaria sobre las bases de la salud y del cuidado de esta; en un segundo momento se denomina prevención secundaria que busca la detección precoz de los primeros consumos y, por último, la prevención terciaria basada en que los tratamientos deben ser lo más precoces posibles ya que es una enfermedad que de progresar se transformaría en crónica, progresiva y terminal.

La prevención en la concepción que se pregonaba es claramente sesgada ya que la limita al castigo al consumidor. Los documentos que fueron en realidad el inicio de una política continental tienen como uno de sus ejes la crítica de las políticas preventivas que hacen eje en el castigo al consumidor, y se insiste que enfocarse en la prevención implicaría una estigmatización social a los adictos, asociándolos con el delito.

Nada que ver con la realidad ya que prevenir es un acto educativo basado en la salud pública de la comunidad con la intervención de la formación de padres, docentes, instituciones escolares, etc. Nada de esto se ha hecho y los que intentaron realizarlo fueron rápidamente vulnerados y atacados. Aparece una palabra muy actual hoy “la cancelación”.

Se cancela todo lo que oponga este pensamiento hegemónico y ciertas palabras como daño, problema de salud pública, enfermedad, etc. son devaluadas y denostadas como parte de un pensamiento retrogrado.

En este sentido, acompaña al “nuevo enfoque”, partiendo de falsos conceptos si prevenir es criminalizar hay que liberar el consumo como promueven muchos gobiernos latinoamericanos basándose en la no criminalización y en la libertad del consumidor.

Uruguay fue el primer experimento incluso entre una alianza política y grandes capitalistas de centros financieros que veían un gran negocio en todo esto.

Hoy Uruguay se ha transformado en el primer consumidor de cannabis en toda América y también de cocaína.

Se habilito la venta en farmacias y a la vez se fomentó un mercado “negro” de producción de drogas de mayor potencia que la se vendía en las farmacias. latinoamericanos, así como corrientes que van desde la derecha liberal, a la izquierda, y otros sectores.

Ciertos Estados de U.S.A. liberaron el consumo y muchos de ellos tienen altas tasas de homicidios y suicidios, así como de aumento de psicosis y demencias.

Podríamos decir que en América triunfo un pensamiento hegemónico en donde intervenir en drogas no es un acto de salud pública sino un hecho ligado a la criminalización de los consumidores. Las escuelas, las instituciones, las familias, la promoción de liderazgos preventivos nada de esto debía existir o mejor dicho esta “forcluido” (no visto en estos documentos continentales). Esto no parece casual.

Muchos proponen incluso despenalizar la comercialización de las drogas.

Todos los documentos latinoamericanos relativizan el daño que representan sustancias como la cocaína y heroína. Concretamente la palabra daño a la salud no figura en ningún documento. Más concretamente en alguno de ellos se sugiere que probar una dosis de cocaína es tan problemático como probar un vaso de vino, un cigarrillo o un café.

Solo se habla de consumo problemático cuando se generan fenómenos clínicos derivados de un consumo excesivo o de cuadros psiquiátricos asociados, pero solo hasta ahí.

Por eso es por lo que han surgido leyes que limitan los tratamientos residenciales que demandan tratamientos mas largos y de mayor profundidad buceando en la historia vital de los pacientes.

Lo “problemático” solo aparecería cuando existen intoxicaciones agudas. En otras palabras, no existiría ninguna conexión particular entre el uso esporádico la conexión entre consumo y progresión a la dependencia.

Así comienza la que denomino “puerta giratoria” ya que al ser una enfermedad crónica altera conexiones cerebrales y especialmente los llamados “centros de recompensa” (zonas del placer) y quedan hiperestimulados los comportamientos compulsivos y los impulsivos hacia el consumo.

Destaco que estos textos con una filosofía en donde consumir no daña se envía a los colegios en medio de una pronunciada caída, ocurrida en los últimos tiempos, de la percepción del riesgo implicado en el uso de drogas.

Esto no es casual ya que así la hegemonía cultural hacia el consumo se va logrando.

Mientras tanto en América van surgiendo campos de producción y redes financieras que la sustentan, así como instrumental de marketing que apoya el libre consumo como un ejercicio de la libertad o mejor dicho en nuestros términos hacia la esclavitud.

Se va banalizando progresivamente el consumo para lograr la masificación de su uso en la sociedad.

La falta de sustento científico de estas concepciones es llamativa. Todo lo relativo al fenómeno drogas es una mera construcción cultural y social ignorando la enfermedad que causa el consumo y también los deterioros.

La ignorancia “perversa” del cerebro humano

“…nuestro cerebro no se creó para que consumiéramos drogas, pero estas ‘hackearon’ el sistema y crearon la adicción “Nora Volkow-USA -directora del NIDA (Instituto Nacional de drogas)

Tenemos la sensación en la consulta diaria con familiares y pacientes que “llegamos tarde”. Esto lo vemos preferentemente cuando coexisten un consumo voraz de drogas desde los 12 o 13 años con un contexto barrial lleno de vendedores de drogas, una escuela “anémica” en la transmisión de notas de vida y una familia desestructurada o también “anémica” de límites, valores y senderos; todo esto parece dejar a muchos en el camino.

El cerebro, así, comienza a ser “hackeado” por sustancias que dañan su estructura y la personalidad en lugar de formarse con letras, deporte, cultura, buen sueño, palabras, vínculos y sentidos quedando sumergido en un “mar” de sustancias que alteran todo el equilibrio y rompen todas las finalidades para los cuales estamos invitados a vivir. La vida no deja de ser una invitación en donde necesitamos ofertas de los adultos para poder ser nosotros actores de nuestro propio destino.

El “hackeo” opera desde diversos lugares:

a. hay una programación cerebral que se da en la adolescencia y que quedaría interrumpida por el consumo de drogas, los contextos familiares y culturales tóxicos a lo cual se suma la falta de intervenciones precoces y de alertas tempranas para iniciar cuanto antes un tratamiento previniendo que se desarrolle un proceso crónico, progresivo y terminal;

b. esta programación cerebral incluye

buen sueño, palabras, vínculos y sentidos quedando sumergido en un “mar” de sustancias que alteran todo el equilibrio y rompen todas las finalidades para los cuales estamos invitados a vivir. La vida no deja de ser una invitación en donde necesitamos ofertas de los adultos para poder ser nosotros actores de nuestro propio destino.

El sistema nervioso está configurado para ser una “orquesta sinfónica”. Las drogas generan una orquesta “desafinada” que se transforma rápidamente en deterioros de conducta (impulsividad, excesos), trastornos en la escolarización, abandono de actividades, alteraciones del sueño, sedentarismo, etc.

El Profesor Rubén Bale (PhD), que honra a la Argentina en el Nida-Instituto de Drogas USA) -nos enseña que el cerebro es un sistema robusto pero frágil. Hay que cuidarlo. Estas formas de vida química y de hábitos no higiénicos para la salud denuncian esta fragilidad y las conductas rápidamente muestran el deterioro en la vida cotidiana de los jóvenes.

La noticia, a veces, es “cruel en el cartel” como dice el tango de los Hnos. Expósito. Leyendo noticias me encontré con un viejo paciente a quien no pudimos atender ya que prefirió el camino del consumo y de los delirios. Fue hace muchos años y sin apoyo familiar huyó de la posibilidad de tratarse y el deterioro seguramente lo fue consumiendo. Siempre me quedó el recuerdo de ese paciente y aquella obra que no pudimos realizar. El delirio cocaínico y de otros estimulantes como el “paco” lo fue sujetando a la paranoia –dice la agencia de noticias – y mató a sus padres y luego se suicidó en la bañera.

Ideología de liberación del consumo

La Ideología de la liberación del consumo se justifica en que siempre se consumieron drogas. Esta falacia se desmiente con la realidad .Si bien ciertas tribus la usaban y en ciertas condiciones rituales y siempre a través de “chamanes “ o lideres de tribus en ceremonias religiosas nunca fueron masificadas.

Además, esta cultura hegemónica de la banalización va de la mano con la producción de sustancias, el manejo político de las mismas, las cadenas bancarias ligadas y la impunidad comprada. Todo a costa de una multitud de esclavos y de una eutanasia asegurada con pingues ganancias.

Mientras tanto se pasa por alto cualquier evidencia científica que muestre el riesgo del consumo y sus consecuencias. Son meras construcciones sociales de un pensamiento hegemónico antiguo obviando, por supuesto, todas las evidencias científicas.

Este condimento “intelectualoide” acompaña todas las políticas de liberación del consumo y de cancelación de todas las políticas asistenciales y preventivas.

 

(*) Psicólogo. Experto en Adicciones

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