Columnistas
Como a Menem y Kirchner, la obsesión por el dinero promete complicar a Milei
Por Christian Sanz (*)

Néstor Kirchner siempre tuvo la obsesión por el dinero. Se puede rastrear esa “neurosis” al menos desde que estudiaba abogacía en La Plata. A sus compañeros les llamaba la atención porque era el único que ahorraba en dólares.
“Necesito ser abogado para hacer plata porque quiero ser gobernador de Santa Cruz”, reveló Cristina que le dijo una tarde de abril de 1976 en la galería de la casa de su mamá, en La Plata, al año de casados.
Lo que sigue es historia conocida: el matrimonio jamás cesó en su obsesión por acopiar billetes, principalmente divisas extranjeras. Al punto de lograr evaporar los casi mil millones de dólares de los denominados “fondos de Santa Cruz”, correspondientes a regalías mal liquidadas.
A Carlos Menem le ocurrió algo similar: se volvió “amigo de lo ajeno” a través de millonarios negociados, que incluyeron las siempre cuestionadas privatizaciones. Bien podría decirse que se trató del gobierno más corrupto de la historia argentina.
Quien parece pelear para birlarle la marca es Javier Milei, a quien se le han disparado puntuales escándalos en el manejo de la cosa pública. Los más sonados, la estafa de la criptomoneda $LIBRA y los presuntos sobreprecios en la compra de remedios a la droguería Suizo Argentina.
Esta última es una trama que recién acaba de empezar, y promete revelaciones de alto vuelo. Que complicarán a más de uno. Es que, quien motorizó el tongo es Diego Spagnuolo, otrora abogado de Milei y funcionario de la Agencia Nacional de Discapacidad. Nombrado por el mismísimo presidente de la Nación.
Dicho sea de paso, ¿cómo se entiende que Spagnuolo haya recalado en ese organismo luego de haber trabajado durante siete años junto a Sergio Massa? Es más que sugestivo que haya tantos massistas en cargos de alta jerarquía dentro del gobierno de Milei.
Como sea, los curros que empiezan a explotar en derredor de la figura presidencial denotan una atracción por el “contante y sonante” que envidiarían los mísimísimos Néstor y Carlos.
Basta otear en cajas como el PAMI o la Anses, donde el choreo se viene pergeñando desde hace más de un año, para percatarse de ello. Debe sumarse el “diezmo” que sabe reclamar La Libertad Avanza a algunos de sus acólitos. También la venta de candidaturas… en dólares.
Todo ello organizado de manera torpe y desprolija, como pocas veces se vio en la política argenta. Con una precariedad que denota, no sólo lo corruptos que son los libertarios, sino también lo atolondrados. Ese descuido es lo que los ha llevado al atolladero donde se encuentran ahora mismo.
Son como un ladrón de bancos que deja sus huellas por doquier. Ostentan ínfulas de avanzar en millonarios latrocinios, pero sin saber cómo hacerlo. Pero lo hacen igual.
Hay quienes vaticinan el fin del mileísmo por la inconsistencia de su plan económico -basado en un fuerte endeudamiento, con alta recesión y caída de los índices de consumo-, lo cual suena lógico, ya que el plan que han decidido aplicar ya fracasó en otras oportunidades en el país.
Sin embargo, la corrupción podría ganarle de mano a la economía. Más aún si siguen apareciendo nuevos hechos de corrupción libertarios.
(*) Periodista de investigación, director del portal Tribuna de Periodistas



