Columnistas

Axel Kicillof y la ideología soviética

Por Carlos Berro Madero (*)

Los países del bloque marxista-socialista, exhiben las características que distinguen a los partidos comunistas y por cuáles etapas ha de pasar para que se los distinga como tales; en qué consisten las obligaciones de los miembros del partido y cómo ha de lograrse que la firmeza del mismo consista en una férrea disciplina interna verticalista.

Lenin corrigió a Marx y Engels en el sentido de pregonar por un partido oficial permanente que ensalzara el valor de una élite dirigente profesional, para lograr la constancia y pureza del movimiento de manera permanente en el tiempo.

La característica de estas ideas se destaca por un pensamiento fundamental: “Debe constituirse una asociación voluntaria (¿) de personas, con una comunidad de ideas que se comprometan a difundir una concepción colectivista del mundo, a fin de cumplir la misión histórica de la clase obrera, para que mantenga un espíritu irreconciliable con el capitalismo, movilizando al pueblo para tal fin” (sic).

En una primera etapa, deben formarse funcionarios para elaborar los fundamentos necesarios que permitan la organización del trabajo posterior, cuando se arribe al ejercicio del poder total definitivo. En la segunda, comenzar con huelgas y manifestaciones populares “en la calle” a fin de impulsar un nuevo sentimiento de “clase”.

Los Kirchner –auténticos aprendices de teorías que les fueron sopladas “a la oreja”-, intentaron montar un aparato paraestatal que se asemejara en su acción a estos principios, contribuyendo al surgimiento de “La Cámpora”, una facción sin formación académica alguna, que fueron pergeñando aquí y allá algunas ideas que no supieron finalmente imponer por las razones indicadas precedentemente: falta de preparación e incoherencia respecto de los instrumentos utilizados en la propaganda, frente a una sociedad que los fue excluyendo poco a poco de sus preferencias al ver los resultados catastróficos de la gestión económica del gobierno kirchnerista.

Axel Kicillof tiene otro peso específico y con su incipiente “copamiento” de la voluntad de Cristina Kirchner, inició un camino con ciertas diferencias conceptuales con los “K”, acercándose más a la pureza ideológica de Marx, Engels y Lenin.

A tal fin, pretendió y pretende “emparentar” estas ideas con algunas teorías económicas más “digeribles” del británico John Maynard Keynes, deformando en forma flagrante la tesis de su obra “La Teoría General” (1936) para sembrar oscuridad sobre sus verdaderos propósitos.

En la obra señalada, muy lejos de la atribución que le da el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Keynes influyó en un período muy específico de la historia mundial -cual fue la depresión de los Estados Unidos-, y en particular sobre el gobierno de Frank D. Roosevelt, sin abjurar nunca de las teorías económicas consideradas “clásicas” (Adam Smith y otros).

Mediante un inocultable “pastiche” discursivo populista, el actual gobernador se encuentra enfrentado hoy a las huestes cuasi emocionales de los “camporistas”, mientras elige “â la sans façon” a quienes le rodean, y se aboca al triunfo de propuestas reformistas que permitan derribar las ideas de la “vieja burguesía” (sic), la que deberá ser reemplazada ineludiblemente para promover un bien común más justo para todos.

Toda esta acción política se da “hacia adentro” del movimiento, tratando de eludir sigilosamente cualquier antagonismo con una ciudadanía no convencida de estas “bondades”, que sufre las consecuencias de los desatinos promovidos por 20 años de kirchnerismo que nos paralizaron en el tiempo, condenándonos a la miseria y la desesperanza.

Kicillof no acepta la difusión de ideas opuestas supuestamente “perniciosas” (sic) que puedan relajar la disciplina interna de su partido, impugnando todas las desviaciones de la línea general del mismo y actuando según los pensamientos de Lenín: “cuando decimos desviaciones” –decía éste-, “queremos señalar que no vemos nada con conformación sólida y categórica que pueda oponérsele, sino gente que ha extraviado el camino o comienza a extraviarse, pero eso puede aún rectificarse”. Internamente, por supuesto.

Se trata del culto de un absolutismo cerrado que permita mantener el rumbo señalado por la cúpula del movimiento político liderado por el gobernador, que evidencia que el verdadero significado de la doctrina de los partidos marxistas leninistas consiste en dar un fundamento ideológico semimilitarista del mundo dependiente de Moscú, con el que se justifica la subordinación de sus miembros a los dirigentes, proporcionándoles –sobre todo a los funcionarios públicos-, la sensación de pertenecer a una “élite”.

En eso anda hoy el gobernador. Y con esas ideas se prepara para enfrentar en 2027, a quienes creen en la democracia capitalista como el mejor sistema para desarrollar a una sociedad armónicamente.

A buen entendedor, pocas palabras.

 

(*) Escribano, escritor

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