Economía
El consumo de carne se desploma y marca el peor nivel en dos décadas

Con precios en alza y salarios rezagados, el consumo de carne cae a mínimos en 20 años y refleja el fuerte deterioro del poder adquisitivo.
La tradicional centralidad de la carne vacuna en la mesa de los argentinos atraviesa uno de sus momentos más críticos en décadas. En un contexto marcado por la caída del poder adquisitivo y el encarecimiento sostenido de los alimentos, el consumo se retrae mientras los precios continúan en ascenso, configurando un escenario que golpea tanto a los hogares como a la industria frigorífica.
De acuerdo con datos de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina, el consumo per cápita de carne vacuna se ubicó en 47,3 kilos anuales, el nivel más bajo en más de 20 años. La cifra representa una caída interanual del 2,5% y una merma de 1,2 kilos por habitante en el último año, consolidando una tendencia descendente que se arrastra desde el pico de consumo registrado en 2008.
Este retroceso no puede analizarse de manera aislada. La fuerte pérdida del poder de compra de los salarios obligó a muchas familias a modificar sus hábitos alimenticios, reemplazando cortes tradicionales por opciones más económicas o directamente reduciendo la frecuencia del consumo. En un país históricamente identificado con la carne vacuna, cada vez más hogares la perciben como un bien costoso, reservado para ocasiones puntuales.
En paralelo, el encarecimiento de los cortes no da tregua. Durante febrero, el precio promedio de la carne vacuna registró un aumento mensual del 7,4% con subas destacadas en cortes como la paleta, el cuadril y la nalga, que rondaron el 8%. En el acumulado de los dos primeros meses del año, el incremento alcanza aproximadamente el 12%, duplicando el ritmo de inflación general en ese período. Incluso el pollo, tradicional sustituto, mostró una suba significativa del 10,2% mensual, lo que limita las alternativas de consumo.
El aumento de precios tiene su origen en una combinación de factores. Por un lado, la menor oferta de hacienda, afectada por las consecuencias de la sequía de años anteriores y la reducción del stock ganadero. Por otro, una mayor presión exportadora que, impulsada por la demanda externa, tensiona la disponibilidad en el mercado interno. En este contexto, el valor del ganado en pie en el mercado de Cañuelas subió 8,5% en febrero y acumula un alza interanual del 72,7%, alcanzando su mayor nivel relativo en 15 años.
La caída del consumo también está vinculada a una menor producción. En el primer bimestre de 2026, la producción de carne vacuna fue de 457 mil toneladas res con hueso, lo que implica una contracción del 9,1% respecto al mismo período del año anterior. En términos de consumo total, esto se tradujo en una baja del 13,8% interanual, con un volumen de 332,7 mil toneladas.
El impacto de esta dinámica ya se refleja en la cadena productiva. Frigoríficos nucleados en el Consorcio de Exportadores de Carnes Argentinas ABC comenzaron a aplicar suspensiones y ajustes en sus plantas. Casos recientes incluyen la suspensión de cerca de 400 trabajadores en un establecimiento de la provincia de Buenos Aires y el cierre de otra planta que dejó más de un centenar de operarios sin empleo.
Un cambio de época en la mesa argentina
El deterioro del consumo de carne vacuna marca un cambio profundo en la estructura alimentaria del país. Lo que durante décadas fue un símbolo de identidad cultural y accesibilidad hoy aparece condicionado por variables económicas que restringen su alcance.
La combinación de precios en alza, salarios rezagados y menor oferta configura un escenario en el que la carne deja de ser un componente cotidiano para transformarse, cada vez más, en un consumo ocasional. En este contexto, el desafío para el sector no solo pasa por recomponer niveles de producción, sino también por recuperar la capacidad de acceso de una sociedad que, aun viviendo en una de las principales regiones productoras del mundo, comienza a ver a la carne como un lujo.



