Columnistas

“Ahogarse en un vaso de agua”

Por Manuel Font (*)

Es necesario ir un poco hacia atrás para poder entender el presente que vive hoy el gobierno
de Javier Milei, al que podríamos definir como de innecesaria (o autoinflingida) desorientación y pérdida de control de la agenda pública.

En diciembre de 2025 el gobierno enfrentaba un verano mucho mejor del que se imaginaba, producto de un cierre de año glorioso, con un contundente triunfo en las elecciones de medio término que le permitió lograr, entre propios, tránsfugas y aliados, la primera minoría en Diputados y una posición mucho más fortalecida en el Senado.

Pero, sobre todo, el triunfo fue político: el oficialismo salió fortalecido, se quedó con la bandera de ser la opción al peronismo y mejoró su posición negociadora frente a gobernadores que palparon en sus territorios el poder que ganaba el Presidente Milei en las urnas.

Más allá del fortalecimiento del poder institucional, el gobierno consolidó en 2025 su poder
de base social: la gente le siguió creyendo y lo votó en casi todo el país de manera masiva,
valorando, todavía, el cumplimiento de sus dos promesas de campaña: bajar la inflación (el
2025 terminó con la inflación más baja de los últimos 8 años) y controlar la calle. Es cierto
que el silencio en las calles producto del poco movimiento comenzaba a hacer ruido, pero no el suficiente.

En lo político, la única preocupación para un mileismo al que la victoria parecía haber unido,
o al menos le había bajado el tono a la interna, era la ausencia de enemigos, lo cual no deja
de ser una linda preocupación: el kirchnerismo no lograba un operativo clamor por la libertad
de Cristina, cuyo se poder se diluye en cumplimiento de su condena. Ese clamor no se hizo
sentir en San José 1111 y la grieta interna, en consecuencia, no se cerró.

El resto del peronismo seguía, y sigue al día de hoy, en una especie de encrucijada dada por
la imposibilidad de generar un liderazgo aglutinante y capaz de reemplazar el de Cristina
Fernández de Kirchner, que los sigue “corriendo con la vaina”.

Tal es la desolación en el campo político, que el gobierno tuvo que encontrar una contracara
en el futbol: el enemigo, la nueva casta, pasó a ser Chiqui Tapia y la agenda pública del verano
se centró en la corrupción en la AFA, ni más ni menos, es decir, no traspasó las fronteras del
vínculo por momentos evidente entre Tapia y su entorno, con Sergio Massa, llamativo…

En lo institucional, el gobierno hizo valer el poder generado en las urnas, llamó a
extraordinaras y logró aprobar el presupuesto 2026, la reforma laboral, el régimen penal
juvenil y la ley de inocencia fiscal. Todo antes del inicio del período de sesiones ordinaras de
2026, una verdadera demostración de fuerza y hasta de capacidad de negociación.

1 de marzo: el quiebre

Esa imagen de fortaleza, empoderamiento y hasta unidad, de un gobierno al que todos los
tiros le salían al arco y eran gol, parece hoy muy lejana, casi increíble. Si nos preguntamos
¿Dónde está el quiebre? ¿Cuál puede ser el hecho que revirtió esa tendencia ascendente que
parecía sostenida? seguramente podamos encontrar un primer momento en el discurso de
apertura de sesiones legislativas del primero de marzo.

Allí el Presidente Milei volvió a ser aquél personaje que dejó de lado poco antes de las
elecciones de octubre de 2025 y no había vuelto a aparecer, caracterizado por cierta dosis de
soberbia y, sobre todo, por la respuesta agraviante, el comentario insultivo y la disposición a
meterse de lleno en una lógica de polémica y discusión, que se acerca más a un panelista
televisivo que a la máxima autoridad política de un país.

Si bien es cierto que una dosis de esa exaltación, y sobre todo frente al kirchnerismo, suele
ser efectiva en términos de opinión pública, sobre todo porque lo aleja, al Presidente, de la
casta, y lo pone casi en la vereda opuesta; cuando el ámbito institucional no es el adecuado
y la dosis pasa a ser un tanto exagerada, se empieza a correr el riesgo de que aquello que se
visto como una “puesta en su lugar” pase a ser una exasperación innecesaria.

La estrategia de la “salida de libreto” del Presidente, parece venir del agotamiento del
enemigo externo Chiqui Tapia, y la necesidad de subir al ring nuevamente al kirchnerismo
para poder tener un enemigo político que consolide el apoyo propio.

Cabe destacar que ese enemigo externo, el mismo día en que el Presidente Milei se dirigía al
país logró, fuera de toda lógica y sin ningún tipo de intervención del gobierno, la liberación
del gendarme Nahuel Gallo, secuestrado por la dictadura venezolana.

Un golpe inesperado para el gobierno argentino, aunque cabe preguntarse que se hizo en la
Casa Rosada con la información de inteligencia que desde hacía 40 días daba cuenta de que
la liberación podía darse: Gallo volvió a la Argentina con una camiseta de la selección y en
un avión de la AFA (Asociación del Fútbol Argentino).

Acto seguido, con la confirmación del controversial operador judicial Juan Bautista Mahiques
como Ministro de Justicia, se evidenció una jugada política de la Secretaria General de la
Presidencia, Karina Milei, que le quitó un espacio de poder más al asesor Santiago Caputo, y
avanzó varios casilleros en la disputa interna que ambos tienen, además de avivar las llamas
de dicha interna.

El nombramiento hizo ruido, sobre todo en el mundillo político, por las características y
vínculos del nuevo Ministro y por la jugada interna de la hermana del Presidente, la pregunta
que flotaba en el aires era si iba a tener consecuencias? Allí se fue la segunda semana de marzo y buena parte del gabinete se instaló en Nueva York para organizar la denominada “Argentina Week”, un evento económico destinado a promover la captación de inversiones en el país.

Junto con el Presidente y su equipo, también fueron parte de esa semana 10 gobernadores provinciales, aunque pasaron casi desapercibidos.

En el marco de ese importante evento, se filtró una foto de la esposa del Jefe de Gabinete, Manuel Adorni, en una actividad oficial, acompañando a su marido. A partir de esa foto fueron apareciendo una serie de noticias, desmentidas, reconocimientos, e idas y vueltas vinculadas al viaje de la señora en el avión oficial, el pago de su hospedaje y su rol en la comitiva, que fueron alimentando en base a omisiones, errores, argumentos endebles una crisis que, desde un hecho que no deja de ser menor, escaló, con la aparición de propiedades y viajes familiares a Punta del Este aparentemente pagados por proveedores del Estado, a dimensiones que llegaron a poner en duda, al día de hoy, la continuidad del Ministro Adorni en su cargo.

¿Aparecieron las consecuencias? El propio Adorni, intentando ejercer su defensa, dijo que
la filtración del viaje de su mujer a Nueva York, y las imágenes de su viaje familiar a Punta
del Este en un avión privado, venían de adentro del propio gobierno, ratificando que la interna
existe y, por momentos, no reconoce límites.

La miradas se dirigen a Santiago Caputo, y Karina Milei lo hizo visible cuando, ante el elogio
de su hermano al asesor en público, no lo aplaudió e hizo, casi sin mirarlos, que sus hombres
en el gobierno tampoco lo hicieran, un gesto que vale más que mil palabras.

En paralelo la causa “libra” tomó impulso con apariciones de videos, mensajes y contratos
que reflejan una relación de prestación el servicios del Presidente, antes de entrar en el
cargo, hacia el operador Mauricio Novelli, cosa que no debería ser de mayor importancia, si
no fuera por lo sucedido con la criptomoneda, su lanzamiento, el rol del Presidente en el
mismo y una operación sobre la misma que parece fraudulenta; y porque existen sospechas
de que una vez llegado Milei a la Presidencia, Novelli gestionaba contactos con él para
empresarios a través de su hermana.

Ahogarse en un vaso de agua

Todo iba bien y parecía seguir de esa manera, el único alerta que se vislumbraba en el horizonte, más allá de la complejidad del panorama internacional por la situación que se vive en Medio Oriente, parecía tener que ver con la necesidad de un crecimiento de la actividad económica, sobre todo en sectores medios urbanos que están sufriendo fuertemente el parate.

Esa complejidad, si bien atendible, no parecía ser aún lo suficientemente fuerte como para afectar el derrotero exitoso que desde octubre venía teniendo el gobierno.

Sin embargo, los hechos relatados anteriormente, la forma en que el gobierno gestionó crisis que parecían menores con una mezcla de poca anticipación, imprudencia y baja capacidad de reacción, y, sobre todo, el recrudecimiento de enfrentamientos internos que parecen poner por delante del éxito del gobierno la lucha por el poder, llevaron a una situación en la que el gobierno parece haber perdido la iniciativa, su capacidad de reacción es realmente baja y la vocación por tirarse “tiros en los pies” lo vuelve a poner en condiciones desfavorables.

El gobierno nuevamente se “ahoga en un vaso de agua” que él mismo llena, y nos preguntamos… ¿Cuántos vasos hacen falta para conformar un océano?

 

(*) Politólogo. Asesor en Vinculación Estratégica. Analista Político

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