Columnistas
La “realidad” de Javier Milei y la profundización de los problemas de gestión
Por Nicolás Sanz (*)

El presidente Javier Milei es un incorregible, un tipo que hizo del vocabulario obsceno y soez su comunicación cotidiana sin terminar de comprender que inevitablemente las formas modifican el fondo.
Se trata de un hombre que llegó a la Presidencia de la mano de una serie de promesas que se fueron rompiendo con el paso de su gestión. Ya ni menciona a la “casta” y solo sabe insultar al periodismo muy por encima incluso de la oposición. De hecho no solo no menciona al líder del Frente Renovador Sergio Massa sino que a sus amigos les regala los mayores negocios.
La motosierra funcionó para graficar el lema de su campaña, pero no más que eso. Hoy es la muestra de un sistema que no funcionó, porque mientras prometió que la política se haría cargo del ajuste, la realidad demuestra una versión totalmente distinta.
Ajustes jubilatorios y paritarias pisadas. Falta de inversión estatal en el mantenimiento vial desconociendo la Ley, como desconoce la de financiamiento universitarios y varios fallos de la Corte Suprema de Justicia.
El empleo registrado cae y los trabajos se vuelven cada vez más precarios, pero sostiene que los dólares “nos salen por las orejas”. Y mientras prometió en varias oportunidades que la inflación empezaría con 0 (habló literalmente de la minorista), ello sigue sin ocurrir.
Según el presidente es por una cuestión de que le hicieron siete intentos de golpes de Estado, se presentaron proyectos de Ley que atentan contra el equilibrio fiscal y se ejercen actos terroristas todos los días en las calles. Dice que se deportaron 30 mil en los últimos dos años, pero no hay cifra que avale tal afirmación.
Sus planteos van en contra de lo que puede llegar a querer un inversor internacional, porque nadie vendría a invertir a un país donde el caos que afirmó Milei se apodera de la escena social y política.
El círculo rojo también mira con desconfianza y aunque una buena parte de los actores que lo conforman ven con buenos ojos las medidas impulsadas por el presidente, no creen que sea el hombre correcto para llevar al país a la transformación que alguna vez prometió.
Es que no es un hombre en el que se pueda depositar confianza, no tanto porque sea buena o mala persona, sino porque es inestable, irascible. Hoy te puede dar la mano y llamarte “amigo” y mañana decir que sos un “traidor”.
No necesariamente por haberlo estafado, para radical cambio de opinión solo es necesario no estar de acuerdo en algún punto con su forma de pensar. Milei cree que tiene la razón en todo, lo cree genuinamente, y no acepta críticas.
Ese es probablemente uno de los mayores errores de la gestión del presidente, creerse superior intelectualmente al resto de los argentinos, porque el que no escucha consejos, el que ignora las críticas, aquel que no tenga la capacidad de hacer un mea culpa, nunca podrá superarse y, si en algo falla, profundizará sus errores.
Eso mismo es lo que está observando el círculo rojo que, dicho de esta forma, parece muy inocente, pero no lo es, porque son sus actores quienes directa o indirectamente forman parte del contexto de una candidatura.
Es por ello que un grupo de empresarios empieza a ver a Milei como una persona políticamente acabada, al menos en términos presidenciales y empiezan a mirar de reojo a la presidenta del bloque de senadores libertarios Patricia Bullrich.
En los análisis internos probablemente entre en discusión la fuerte pérdida de apoyo del actual mandatario, quien según varias encuestas mantiene un caudal de imagen positiva similar al del gobernador bonaerense Axel Kicillof, hombre justamente resistido por una gran parte del círculo rojo.
Uno de los mayores problemas del presidente fue haber subestimado el poder de la comunicación, uno de los activos más importantes en diferentes administraciones que de hecho lograron frenar polémicas y escándalos.
Milei llenó el área de ñoquis y militantes y no tiene a nadie especializado que le indique qué tiene que decir, cómo y cuándo… y por ello uno de las mayores características del mandatario se encuentra en sus incesantes publicaciones en redes sociales insultando a todo el que piensa distinto, sobre todo al periodismo, porque ni al peronismo le pega tan fuerte.
Todo se resume en realidad a eso, a una falta de comprensión del cargo que ostenta y a una comunicación que hace tres años es equivocada, una estrategia que podría mejorar si reemplaza a uno de sus militantes de redes sociales con alguien con probados conocimientos.
Dicho sea de paso, es necesario destacar el pésimo desempeño de la Dirección Nacional del Discurso, área creada para regalarle un cargo al militante libertario Martín Ariel Polakiewicz.
Como sea, Milei pierde apoyo, pero lejos de buscar una solución profundiza los problemas, no tiene asesores con conocimiento real, a duras penas a su hermana que suele equivocarse la mitad de las veces y un Santiago Caputo más concentrado en puntuales negocios que en la continuidad del presidente.
(*) Secretario General de Redacción del portal Tribuna de Periodistas



