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La AFA en Pilar: otra oportunidad para el distrito

Cuna del federalismo, capital nacional del polo, vivir en el verde. Muchos son los slogans -institucionales unos, comerciales otros, muy marketineros la mayoría- que pueden esgrimirse para definir a Pilar, uno de los distritos más importantes del norte de la provincia de Buenos Aires por su potencial económico, turístico e industrial con su Parque, el segundo de Latinoamérica.
Y si algo le faltaba, era convertirse en el epicentro de una polémica que aunque todavía se debata entre complejos vericuetos judiciales y administrativos, tiene que ver con una decisión irrevocable y definitiva: Pilar será la nueva -y principal- sede del organismo madre del fútbol argentino.
En ese sentido, pudo saberse que se calcula que antes de fin de año podría estar terminado el complejo ubicado en la calle Mercedes 1366, un predio de 14.000 m2, donde ya se construyen las oficinas que albergarán la sede de AFA y el museo de la historia del fútbol argentino.
De acuerdo a los trascendidos, se trata de un ambicioso proyecto que se desarrollará en dos etapas a corto y mediano plazo. Durante el primero, se instalará todo lo concerniente a cuestiones administrativas de la entidad, y durante el segundo, en tanto, se prevé la habilitación del sector deportivo, donde concentrarán y entrenarán los integrantes de las distintas selecciones nacionales.
Ahora bien, más allá de las discusiones suscitadas por la judicialización que hace blanco en los principales dirigentes de la Asociación del Fútbol Argentino, conviene intentar, al menos, un análisis medianamente objetivo y racional de lo que implica esa mudanza para un distrito como Pilar, realizado por alguien que, en este caso, poco (o nada) sabe -y le importa- de la práctica de este deporte aunque deba reconocer que constituye la mayor pasión de los argentinos.
Sin dudas, el fútbol resulta más convocante, incluso y a riesgo de ser considerado blasfemo, que la fe religiosa. No hay virgen ni santo que congregue más seguidores que un equipo o un ídolo aún fallecido (que hasta tiene su propia iglesia). Para no hablar de la Selección Nacional, que desata manifestaciones de fervor casi frenéticas, con cantos, bailes, gritos y hasta llantos.
Cada participación de este grupo, ya sea en importantes campeonatos o rutinarios amistosos, trasforma a pacíficos y hasta indiferentes ciudadanos en hinchas embanderados capaces de viajar kilómetros para alentar sin desmayo y, por supuesto, festejar por varios días el logro final.
El efecto de este deporte en el ánimo popular ha sido ya objeto de estudio y análisis por muchas de las mentes más esclarecidas y lúcidas de este país que el humilde escriba de este portal, por lo que no abundaremos en ello; nos concentraremos más bien en lo que significa la instalación de ese planeta con reglas propias en un distrito que a partir de ahora podrá jactarse de concentrar las dos caras de una misma moneda: la masividad del futbol y la aristocracia del polo.
A partir de ahora, como ya ocurría con el deporte de los reyes, con el fútbol institucionalizado en el distrito, Pilar seguirá trascendiendo fronteras, lo que podría traducirse en más empleo (desde la AFA se calcula ocupar a más de 200 personas), y más movimiento comercial no sólo en la zona donde estará emplazada sino que impactará en toda su geografía. Sin dudas, otra oportunidad que Pilar deberá aprovechar.



