Judiciales

Sin alternativa: Camani tuvo que aparecer

Las notas aparecidas en este portal el pasado 18 de enero, con el título «Leandro Camani, el sponsor de Yofe y el concejal Giordano«, más la del 27 del mismo mes -«Explosivo: «Chiqui» Tapia denunció a Camani, Yofe y Del Gaiso por extorsión«, impactaron fuertemente en la estructura anímica del empresario y tuvo que salir de su zona de confort y dar la cara.

Con un extenso escrito presentado en ámbitos del Juzgado de Garantías N° 7, Leandro Camani buscó despegarse del pilarense Matías Yofe y negar el intento extorsivo denunciado oportunamente por el jefe de la AFA, Claudio Tapia quien le atribuyó «aprietes» para contratar el servicio de fotomultas para el Camino del Buen Ayre desde el CEAMSE, organismo que también preside el «Chiqui».

En el marco del contexto de su escrito exculpatorio, Camani aclaró que su presentación «espontánea» se debió «a diversas notas periodísticas y manifestaciones atribuidas al periodista Claudio Ponce de León, a las que he tenido acceso por su publicación en el medio digital ‘infopilar’«, al tiempo que aseguró que su vinculación a Matías Yofe «se circunscribe a la denuncia de hechos de corrupción que he promovido y/o e impulsado«, en referencia a las que inició contra el ex ministro de Transporte Jorge D’Onofrio.

«Fuera de ese marco formal y público, no mantengo ni he mantenido relación personal, política ni económica alguna con el Sr. Yofe«, agregó.

El caso es que, más allá de la cuestión judicial, Camani volvió a aparecer a la luz pública desde un lugar que lo incomoda y de la peor manera. Acostumbrado a ser noticia por sus romances faranduleros o sus logros empresariales, y justo cuando comenzaba a tomarle el gustito a su rol de dueño y anfitrión de los Martín Fierro -premios que incluso otorgó sin culpa a los periodistas que figuran en su nómina-, apareció esta causa (la de Yofe) que amenaza su posición de influyente hombre de negocios.

Ahora bien, cómo es que un hombre como Camani, de modelo y habitué de la noche porteña, se convirtió en poco años en un poderoso empresario, con contactos que harían palidecer de envidia a muchos figurones y arribistas. El origen de su fortuna -calculada en varios miles de millones a partir del negocio de las fotomultas- es un misterio, aunque no tanto.

Según algunos que dicen conocerlo bien, nuestro Leandro comenzó posando como modelo y pronto descubrió una actividad un tanto más lucrativa: la de acompañar a hombres y mujeres que se sienten solos y necesitan una alegría de vez en cuando. En ese sentido, lo consideran un clon del malogrado «Poli» Armentano. De ahí, dicen, le quedaron los contactos que lo ayudaron a escalar en la vida y que, quizás para evitar malos entendidos, estos agradecidos le brindaron la cobertura necesaria como para esquivar con soltura las numerosas causas por distintos delitos (desde amenazas hasta violencia de género, pasando por supuestas estafas) que duermen el sueño de los justos en varios escritorios tribunalicios tanto de la provincia como de CABA.

Pero vaya uno a saber si esta historia puede darse por cierta y no se trata de algún brulote que hizo correr alguno de sus enemigos, que los tiene, y muchos. Su carácter, al parecer, no lo hace muy merecedor de simpatía; por el contrario, sus modos un tanto bruscos, poco amables, su actitud de perdonavidas, y su conducta un tanto cuestionable en los negocios le granjearon no pocas enemistades.

Por otra parte, y siempre respecto al nacimiento de su actual bonanza, algunos refieren un episodio que involucra a una mujer mayor, que en completa soledad gestionaba una humilde pyme con algunas cámaras que alquilaba para el control del tránsito en algún distrito del sur del conurbano bonaerense. Dicen que Leandro le hizo una oferta que la cansada mujer aceptó de buena gana y por fin le vendió la empresa. Pero que le pagó una primera cuota y después desapareció, lo que la llevó a denunciarlo por estafa, una causa que, aseguran, jamás tuvo movimiento alguno. Cabe recordarse que por el mismo delito lo denunció su ex novia Nazarena Vélez y su esposo, el fallecido Fabián Rodríguez, por un asunto vinculado a la administración de una sala teatral.

En ese sentido, no resulta exagerado apuntar que Camani colecciona denuncias como quien estampillas, pero ninguna, hasta ahora, hizo mella en su porte de ganador. Esto, hasta que alguno se canse de tanto floreo judicial y mediático y le baje el pulgar, lo que parece estar sucediendo por estas horas. Al respecto, fuentes calificadas aseguran que un par de los empresarios y gremialistas más poderosos del país – de los que se jacta como sus protectores- ya se declararon hartos de los manejos -y los chapeos con sus nombres- de Leandro, y le habrían soltado la mano. «Que lo maten», habría sido la impiadosa metáfora esgrimida por uno de ellos consultado por Camani y sus andanzas empresariales y judiciales.

Desafío

Por su parte el periodista Claudio Ponce de León, testigo en la causa que investiga a Matías Yofe por extorsión y uno de los que vinculó al «lilito» con el empresario como financista, sostuvo que «Camani acostumbra a tratar a la gente como un capataz de estancia y ha paseado como un caniche a Yofe por cuanto canal de TV encontró».

«Pero yo no soy Yofe -enfatizó-, y digo que miente». «Por lo tanto le pido a la justicia que posibilite un careo con Camani para demostrar con creces su mentira», desafió antes de advertir que «esta presentación supuestamente espontánea que hizo no es más que un mero acting al que recurre en cada causa que le abren».

«Me encanta la idea de enfrentar a estos  poderosos con pies de barro», cerró el periodista.

 

 

 

 

 

 

 

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