Columnistas

¿Una SIDE privada? El trasfondo del pacto entre Milei y Peter Thiel

Por Nicolás Sanz (*)

El desembarco de Peter Thiel en Argentina hoy representa una profunda controversia teniendo en cuenta que sobre su persona sobrevuela una discusión referente a los límites de la soberanía y el control de los datos de los ciudadanos argentinos.

Fundador de Palantir Technologies, decidió trasladarse al país con el fin de establecer una suerte de refugio mundial frente a lo que percibe como inestabilidad económica y regulatoria de Estados Unidos.

Parte de su llegada al país tiene que ver con la sintonía ideológica que mantiene con el presidente Javier Milei, cuyas reformas de desregulación y el libre mercado son vistas por el magnate como el escenario idílico para aplicar sus teorías de Gobiernos privados.

Thiel es una de las figuras más influyentes de la denominada derecha tecnológica radical que postula abiertamente que las democracias tal como se conocen resultan ineficientes para el desarrollo.

En ese sentido, propone modelos de gestión similares a los de un directorio empresarial. Una suerte de Estado donde los presidentes sean algo así como CEOs y los ciudadanos accionistas. Similitudes con una monarquía.

Pero el punto más relevante por lo verdaderamente aplicable refiere al futuro de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) siendo que Thiel mantiene reuniones privadas con el asesor Santiago Caputo con el objetivo de ofrecer la infraestructura de Palantir en el proceso de modernización de inteligencia.

Lo curioso de este asunto es que las gestiones coinciden con el DNU 941, con el cual el Gobierno de Milei reconfiguró el Sistema de Inteligencia Nacional (SIN) construyendo los cimientos para centrar la información de múltiples dependencias bajo una misma arquitectura.

Cabe destacar que el software de Palantir requiere, por su propia naturaleza, alimentarse de volúmenes masivos de datos para trazar patrones, proyectar conductas delictivas y coordinar tareas de vigilancia fronteriza. 

La posibilidad de un acuerdo comercial implica que la plataforma procesaría datos del Registro Nacional de las Personas, la Dirección Nacional de Migraciones, la Aduana y la Comisión Nacional de Actividades Espaciales.

Esta concentración de información pública en manos de una firma privada genera alarmas. Las críticas apuntan a que Palantir ostenta vínculos con agencias estadounidenses como la CIA, el FBI y el Pentágono, habiendo provisto además el soporte técnico para las deportaciones masivas ejecutadas por el ICE (el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de EEUU).

El traspaso de bases de datos privados a un sistema de control extranjero se interpreta, desde esta perspectiva, como la renuncia de la privacidad de la población argentina.

Asimismo, Palantir es una tecnología que ineludiblemente facilita el espionaje interno y el monitoreo de las redes sociales, lo que, a la postre, vulnera garantías  constitucionales utilizando la seguridad interna como excusa, como lo hizo el Gobierno en otros casos. Cabe recordar el del Plan de Inteligencia Nacional (PIN).

El Gobierno defiende la medida con el criterio de que la Inteligencia en Argentina lleva años de ineficiencia, pero la realidad es que lo que se ve a simple vista es la necesidad del Gobierno de mantener un control sobre los datos de las personas.

En este escenario, no se pueden descartar, sobre todo considerando el historial de palantir, que puedan monitorearse redes sociales, rastrear opositores y estructurar un sistema de vigilancia masiva con la justificación de la seguridad nacional, la misma excusa utilizada para elevar los onerosos motos que se llevan los fondos reservados de la SIDE, hoy bajo serias sospechas de desvío.

¿Será finalmente Argentina el escenario para el experimento que hoy debaten puertas adentro la administración Milei y Thiel? No solo todo indica que sí, sino que en los hechos la Secretaría de inteligencia viene avanzando en una serie de reestructuraciones que lo hacen más factible que nunca.

 

(*) Secretario General de Redacción del portal Tribuna de Periodistas

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