Columnistas

Argentina, un país indescifrable

Por Malú Kikuchi (*)

El prefijo “in” según el diccionario, significa negación. El tema es si lo negativo le corresponde al país o al gobierno actual. Gobierno al que se puede clasificar de, inoperante, inútil, incapaz, ineficiente, insensato.

Se pueden añadir casi todos los “IN” del idioma y son muchos. Pero mientras se califica al gobierno, los narcos avanzan casi se diría que con el aval del gobierno nacional. Rosario se ha convertido en Sinaloa.

Es cuando el ministro de seguridad de la nación, Aníbal Fernández,  le recuerda al gobernador de Santa Fe, Omar Perotti, ante su pedido de auxilio, que el país es federal… por lo menos en los papeles. 

Rosario sigue sangrando. Es un problema que incluye al servicio penitenciario, a la policía y algunos políticos. Y puede que a funcionarios del poder judicial, no sólo de la provincia, también de la nación.

Aníbal Fernández ¿qué hace? Mientras las amplias fronteras del país son un colador por donde pasa cualquier cosa, entre esas cosas la droga ocupa un lugar importante. ¡Argentina es un país tan generoso! 

Tan generoso es que permite a miles de embarazadas rusas venir a parir hijos argentinos en hospitales argentinos, ocupando camas,  médicos y enfermeras,  todo ello pagado por argentinos.

Un hijo argentino permite pedir residencia en el país. Una vez conseguida se puede pedir la ciudadanía, y con esta, el pasaporte argentino. Desde la invasión a Ucrania el pasaporte ruso es tóxico.

Tóxico en todos los países democráticos del planeta. No en Argentina. Con el pasaporte argentino se puede viajar a casi cualquier parte, es confiable (aún). No es culpa de las embarazadas rusas. Se les permite entrar.

Detrás de estos partos hay una mafia muy bien organizada. Por ahora mafia rusa, pero ha de haber algún acuerdo con alguna autoridad argentina. De no ser así, tanto parto en tan poco tiempo no sería posible.

La inflación de enero llegó al 6% y la interanual al 98,8 %, casi al 100%. Eso equivale a más hambre, más chicos desnutridos, más miseria…más clientela para los subsidios manejados por  los gerentes de la pobreza.

Tanto la inflación como la inseguridad están asolando al país. Las dos empiezan con “in”. La inseguridad no está sólo en Rosario, campea por todo el territorio. Hasta en el subte de Buenos Aires en pleno día.

El episodio de la policía Maribel Zalazar, asesinada con su propia arma mientras le trataba de alcanzar un vaso con agua a su asesino, es la prueba de que la inseguridad no tiene límites. Y que la policía debe usar Taser.

Taser o cualquier pistola eléctrica. Eso de que son picanas (Bonafini dixit), aunque lo fueran, no matan, duelen y el delincuente queda fuera de acción. Los progres prefieren matar antes que un shock eléctrico.

En cuanto a la electricidad si las tarifas no suben las empresas no van a invertir. Nadie quiere perder dinero. Salvo el gobierno porque la plata no es suya. Con este calor hay miles de personas sin electricidad.

Al gobierno no se le ocurre obligar a la empresa a poner  generadores en los lugares sin luz. La gente no le importa, ni los ancianos en pisos altos, ni los enfermos, ni los comerciantes perdiendo su mercadería.

El gobierno está ocupado en la mesa electoral donde se deciden cosas importantes: “la proscripción” inexistente de CFK y el ataque a la Corte  (se sumó todo el PJ) y Cristina permite las PASO.  Por lo tanto la candidatura de Alberto, sabe que no puede ganar.

Argentina no era así. Fue una nación con instituciones sólidas y fue  respetada en el mundo. Hoy se ampara en la pandemia y la guerra (que la debería beneficiar, el planeta necesita alimentos y energía y acá hay).

También usa el pretexto de la sequía. Los países que rodean la Argentina sufrieron los mismos contratiempos. El resultado no el mismo. Los países crecen, Argentina decrece. Y lo hace a pasos agigantados.

¿Es sólo culpa de un pésimo gobierno, quizás el peor de la democracia? ¿O las culpas se reparten con los votantes que una y otra vez votan mentiras, ilusiones y prebendas? Alguna vez alguien dijo, “estamos como estamos porque somos como somos”. Es cuestión de pensarlo.

 

(*) Periodista (publica en varios medios nacionales) y conductora

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