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Belgrano: el periodista que pensó un país

Por Ernesto Martinchuk (*)

El 7 de junio recordamos en nuestro país, el día del periodista, establecido en 1938 por el Primer Congreso Nacional de Periodistas celebrado en Córdoba, -por iniciativa del Círculo de la Prensa de Buenos Aires- en homenaje al primer periódico con ideas patrióticas. Fue el 7 de junio de 1810, que la Primera Junta decidió por decreto fundar la «Gazeta de Buenos Ayres«, por ser necesario anunciar al público los actos oficiales, como las noticias locales y del exterior. Sus primeros redactores fueron Mariano Moreno, Manuel Belgrano y Juan José Castelli.

Perodebemos decir que, Manuel Belgrano se convirtió en el primer cronista de viajeros, aunque sus experiencias escritas no fueran dadas a publicidad sino modestamente relegadas a los documentos del Real Consulado. En lo que podríamos llamar una de estas crónicas, que lo presentan como el primer periodista de la época colonial, el Secretario del Consulado registra la visita del cacique Juan Rosales Yanpilangien, hijo del cacique Juan Caniulangien, quien venía procedente de la banda occidental de la Cordillera de los Andes. El cacique fue invitado al Consulado, lo cual se verificó el 6 de octubre de 1804, siendo los anfitriones el mismo Belgrano, el prior Francisco de Ugarte y el segundo cónsul Juan de Alsillal

Belgrano lo sometió a un interrogatorio, donde saca información sobre sus acompañantes, determinadas rutas que había recorrido el viajero y el grado de lealtad a la Corona. También pudo enterarse de hechos curiosos y valiosos para el conocimiento toponímico de la Colonia, y advertirse del estado de las relaciones entre españoles e indígenas.

Preguntado sobre los pasos que tenía la Cordillera de los Andes, el cacique respondió que eran las de Valle Hermoso, Alico, Antuco, Villucura, Santa Bárbara, Lonquimay, Llaima y Chague, «por donde pasó para venir de su tierra«.

El cacique le señala que Valle Grande era una zona «donde siempre hay gentes y todo lo necesario para la vida, de carnes, aguas, leñas, frutales y árboles muy grandes«. Tambié le informó a los cónsules la existencia de una región llamada Guada, muy abundante en calabazas silvestres, y de una laguna salina cuyo nombre desconocía. Más hacia acá, un lugar denominado Fresco parecía constituir un verdadero oasis, por disponer de leña y agua todo el año en esteritos, lo que permitía la presencia de numerosos aborigenes.

Después de Nahuelcó, de salobres aguas, el cacique Yanpilangien reveló que «siempre al Norte llegamos a una cuesta que se llama Curamalá, que en lengua (indígena) quiere decir Corral de Piedra, que dicen los indios vienen desde la mar, y vimos indios Pampas en un toldo o dos que tenían más de 2.000 animales; de allí llegamos a otros toldos que se llaman Guayquelen, que quiere decir Río Salobre, donde hay otra toldería; de allí cortamos al Sur y llegamos a una laguna, cuyo nombre no me acuerdo, de buena agua«.

El fin del viaje era ya cercano, pues en compañía de un guía indio, los viajeros enfilaron directamente hacia el sur, galoparon durante media jornada, arribaron a Inbaranga y por último, tras tres días de camino, a la Guardia del Monte.

En los finales de la entrevista, el cacique dejó bien en claro que él había aconsejado a los indios una relación estrecha y cordial con los españoles, «y al fin se fue contentísimo dando señas nada equívocas de su afecto a la nación«.

Belgrano periodista

La idea de libertad aparece por primera vez en Buenos Aires en 1794, en la obra de Belgrano, advertido de las nuevas doctrinas sociales y económicas, que habrían de difundirse entre las clases cultas e inspirar su acción. Cabe destacar que como antecedente a su actividad periodística ya en 1796, Manuel Belgrano obtuvo una licencia para imprimir en la casa de los Niños Expósitos un compendio cuyo texto traduce del francés, al cual titula: “Principio de la Ciencia Económica-Política”.

Luego con el “Telégrafo Mercantil, Rural, Político, Económico e Historiográfico del Río de la Plata” que sale a la calle con ocho páginas de 16×22 centímetros, el 1 de abril de 1801, fundado y dirigido por el militar, abogado y escritor Francisco Antonio Cabello y Mesa.

Primero aparece dos veces a la semana (miércoles y sábados) para luego transformarse en un semanario dominical. El mismo surge con licencia oficial exclusiva y es sostenido por la suscripción de casi doscientos lectores, una cantidad muy importante para la época. Es importante recordar que el antecedente más antiguo del periodismo colonial en el Río de la Plata, se halla en lo que paradójicamente también se había llamado “Gaceta de Buenos Ayres”, la cual era manuscrita y circulaba entre los pobladores de la ciudad en el año 1764.

Volviendo al “Telégrafo Mercantil…”, editado en Buenos Aires, estaba destinado a la divulgación de ideas de interés general, artículos acerca de la agricultura, el comercio, el progreso, los precios en plaza y los recursos naturales y no deja de realizar audaces críticas dirigidas al poderoso monopolio español.

Algunos historiadores sostienen que Belgrano es el inspirador de Cabello y Mesa en la fundación de ese periódico y colabora en sus páginas junto a Juan José Castelli, Julián de Leiva y Domingo de Azcuénaga entre otros.

En el N° 4 del 11 de abril de 1801, hace referencia a las ventajas que ofrece Buenos Ayres y sus riquísimas provincias.

También escribe sobre la necesidad de implantación de una fábrica de “Lonas y toda especie de telas, no sólo para promover navegación mercantil que ya empieza a tener incremento en estos puertos, sino para la armada y la navegación de la península en ciertos casos”. La memoria de estos hechos señala “solo sirven para aplicarnos a remediarlos fomentando la agricultura, la industria y el comercio”.

Propulsaba el crecimiento y mejora de los puertos del país para hacer un comercio exclusivo por su abundancia y perfección, pues “nadie podrá entrar en comunicación con nosotros”.

En el fruto más abundante los cueros y pieles, tenemos pues cuanto necesitamos para la curtiembre”, luego se refiere a la industria y todo lo relativo a la misma, inclusive lo que era motivo de grave preocupación, la polilla de los cueros, “desterraremos con las curtiembres la cual”, indicaba cuánto se beneficiaban los comerciantes que no eran del medio, con nuestras pieles y cuanto se fomentaría el comercio nacional con la curtiembre de cueros.

En un párrafo reproducía este pensamiento: “Yo no me atrevo a decidir, pero si clamare ante esta ilustre Universidad, para que en la parte que le toque medite y piense en lo mejor que puede traer utilidad a esta Provincia, que se halla en la obligación de atender, pues de ser bien este debe resultar el de la Madre Patria”.

Desde 1803 hasta 1807, Belgrano se ocupó, entre otros temas, del muelle, la Escuela de Náutica, las invasiones inglesas y sus escritos económicos. En las memorias del Consulado de los años 1804 y 1805, se refieren a los viajes científicos por los ríos del virreinato, levantando sus planos topográficos, y la necesidad de aumentar nuestra población. En la memoria del año 1807 se refirió al comercio interior, aunque no se conoce su texto, lo mismo que las de los años 1808 y 1809, que se suponen dedicadas, la primera al plan estadístico del virreinato y la segunda a la apertura del comercio con los países neutrales.

En la memoria que Belgrano realizó en los certámenes públicos de la Academia de Náutica, en enero de 1806, y que fue publicada en el “Semanario de Agricultura” expresó: “el hombre inflamado por el deseo de engrandecerse, comienza por ser pastor, sigue labrador y acaba siendo comerciante”. Impulsa el estudio de la matemática como ciencia auxiliar del comercio.

Más adelante expresa: “conocida la necesidad de embarcaciones propias para exportar nuestros voluminosos frutos, se auxilian de las matemáticas que en todos los objetos exceden su poderío, y se levantan astilleros a las márgenes de los ríos Paraguay, Paraná y Uruguay, pecheros del de la Plata y ya hemos visto que surcaban sus aguas hermosas fragatas y otros buques que llegaron a la Europa para ser la admiración del extranjero por sus exquisitas maderas, tal vez alguna por su elegante construcción”.

A punto de cumplirse un año de su aparición comienzan ciertas rispideces entre Belgrano y Cabello y Mesa, por lo que el Consulado le retira su apoyo y el 17 de octubre de 1802 deja de publicarse. Se habían publicado 110 números y por orden del Virrey del Pino, es clausurado, a raíz de un artículo considerado agraviante para las autoridades de la colonia, que bajo el título de “Circunstancias en que se halla la provincia de Buenos Aires e Islas Malvinas, y modo de repararse”.

Este trabajo publicado el 8 de octubre de 1802, atribuido a Cabello y Mesa, en realidad había sido tomado de un manuscrito de Juan de la Piedra, escrito en marzo de 1778, pero fue la excusa para que el Virrey lo clausurara.

El “Semanario de Agricultura, Industria y Comercio”, bajo la dirección de Juan Hipólito Vieytes, comerciante criollo, comienza a salir un mes antes de la clausura del “Telégrafo Mercantil…”. Publica 218 números entre el 2 de setiembre de 1802 y el 11 de febrero de 1807. Esta publicación también cuenta con el auspicio del Real Consulado y se transforma en su vocero, difundiendo los beneficios de las teorías económicas vigentes en Europa, compartidas por Belgrano.

En su primer número puede leerse: “La agricultura, bien ejercitada, es capaz por sí sola de aumentar la opulencia de los pueblos hasta un grado casi imposible de calcularse… Es excusado exponer la preeminencia moral, política y física de la agricultura sobre las demás profesiones, hijas del lujo, y de la depravación de las sociedades…”.

El “Semanario de Agricultura… deja de circular por la grave situación que enfrenta Buenos Aires ante la amenaza de una nueva invasión de las fuerzas inglesas acantonadas en Montevideo. Entre tanto, el 23 de mayo de 1807, los ingleses inician en esa ciudad la publicación de un periódico bilingüe (inglés-español) llamado The Southern Star (La Estrella del Sur) con el fin de alentar a los criollos a independizarse de España, adoptando el sistema de libre comercio que posibilite la introducción de los productos británicos. Se publicaron solo siete números.

A todo esto, entre octubre de 1809 y enero de 1810, Cisneros dispone la edición de la “Gaceta de Gobierno de Buenos Aires”, destinada a difundir textualmente los documentos oficiales. Una medida del nuevo Virrey con la intención de ganarse el apoyo de los criollos.

Transcurrido un tiempo de la desaparición del “Semanario de Agricultura…” y destacado las buenas iniciativas de su fundador, Belgrano escribe en el “Prospecto de Correo de Comercio” editado a principios de 1810:

El ruido de las armas –en referencia a las invasiones inglesas- cuyos gloriosos resultados admira el mundo, alejó de nosotros un periódico utilísimo con que los conocimientos lograban extenderse en la materia más importante a la felicidad de estas Provincias; tal fue el Semanario de Agricultura, cuyo editor se conservará siempre en nuestra memoria, particularmente en la de los que hemos visto a algunos de nuestros labradores haber puesto en práctica sus saludables lecciones y consejos de que no pocas ventajas han resultado”.

En el “Correo de Comercio” que se editó el 3 de mayo de 1810 al 6 de abril de 1811 bajo la dirección de Belgrano, éste reunió muchas de sus ideas económicas e instruyó a la generación de Mayo en las ramas de la agricultura, la industria y el comercio.

El “Correo” era un semanario de 8 páginas de 14 por 20 centímetros, del que se editaron 52 números en él Belgrano volvió a volcar muchas de sus ideas, ya expuestas en sus “Memorias” del Consulado. Surgen en sus páginas el continuo estímulo a la colonización y la promoción de la agricultura, la ganadería, el comercio, y la industria. También expone descripciones geográficas, labores rurales, y temas literarios.

Archivos de puño y letra de Manuel Belgrano pueden encontrarse en la ciudad y, aun en la virtualidad, es posible realizar un recorrido histórico. Con ellos es posible acercarse al pensamiento de un prócer que orientó su vida política hacia la construcción de una Argentina soberana. Movilizado por las ideas de la Ilustración, Belgrano aseguraba que el país debía modernizarse a través de la educación, que debía ser pública e inclusiva.

En su periódico, el Correo de Comercio, interpelaba a los hombres de Mayo para reflexionar sobre la importancia de la educación de las mujeres quienes, sostenía, debían formar parte de la organización nacional. Fue, de la misma manera, un gran defensor de los derechos de los pueblos originarios.

En el número uno figura una dedicatoria a los labradores y luego reflexiones sobre el comercio indicando la mayor importancia del exterior sobre el interior, y considerando la plata y el oro como “frutos del país” y se cita a Adam Smith expresando: “un país que no tiene minas, debe por necesidad arrancar la plata y el oro de países extranjeros, del mismo modo que el que no tiene viñas conduce el vino que necesita consumir” y agrega: “¡Labradores, que con vuestros afanes y sudores proporcionáis a la sociedad precisa subsistencia, los frutos de regalo y las materias primas para promover lo necesario a los trabajos provechosos al Estado!

¡Artistas, vosotros que dando una nueva forma a las producciones de la Naturaleza, sabéis acomodarlas para los usos diferentes a que corresponden, y les añadís un nuevo valor con que enriquecéis al Estado, y aumentáis su prosperidad!

¡Comerciantes, que con vuestra actividad agitáis el cambio, así interior como exteriormente, y por vuestro medio se fomenta la agricultura e industria, y el Estado recibe las utilidades con que poder atender a sus necesidades y urgencias!”.

En el comentario de turno se extiende y machaca incansable sobre agricultura, industria y educación, poniendo énfasis en este último ingrediente, estando como lo está, “…persuadido de que la enseñanza es una de las primeras obligaciones para prevenir la miseria y la ociosidad…

Continúa haciendo referencia a este tema en el número dos de ese semanario con argumentos de la “Representación de los Hacendados”.

Bajo el título de “Navegación”, edición del 5 de mayo de 1810 se llama la atención sobre el puerto de Ensenada de Barragán, en la provincia de Buenos Aires, y sus posibilidades por ser un puerto de aguas tranquilas resguardada de los vientos y no tienen que demorar sus trabajos.

Escritos con cautela, al mismo tiempo que con adulación al virrey, inculcaban en el pueblo sentimientos de dignidad y rebeldía.

Desde el Correo de Comercio, en la edición del 17 de marzo de 1810 critica el estado en que se encuentra la educación y escuela de primeras letras, y señala que los reyes siempre tuvieron preocupación para que ello sucediera y que la creación de escuelas, colegios y universidades no era comparable con la realizada por otros países en sus colonias.

Exhortaba que se abrieran más escuelas, particularmente en la campaña, además que se obligara a los padres a enviar a sus hijos a estudiar, que los párrocos prediquen el deber de enseñanza, que se distingan en público a los niños más aplicados.

Concluye en: “Convencidos de la necesidad de separar de nosotros males tan graves por medio de los establecimientos de educación, adoptemos los arbitrios propuestos u otros que se juzguen más fáciles y muy pronto veremos cambiar el aspecto moral y físico de la patria”.

 

(*) Periodista (publica en el portal Tribuna de Periodistas), escritor, documentalista

 

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