Columnistas

Cómo llegó Europa a ser lo que es hoy : Pensamientos para un renacer de Occidente

Recopilación y traducciones de Denes Martos (*)

Los que imposibilitan la revolución pacífica, harán inevitable la revolución violenta.
John F. Kennedy

¿Podría haber una política y una construcción europeas que  se adapten a un país y al mismo tiempo a los demás países del ámbito europeo? Sí; es más: ya existió una política y una construcción así. Fue el Tratado de Roma, el que creó la comunidad económica europea. Es cierto que sólo se aplicó a seis Estados, pero su concepto podría haberse extendido también a otros países europeos, y de hecho, se extendió a nueve más, hasta el Tratado de Maastricht.
Si se lee el Tratado de Roma, se puede percibir en qué gran medida intentó tener en cuenta las diferentes situaciones de cada país y como reconoció el hecho de que, para lograr la eliminación total de los derechos de aduana, se necesitaría bastante tiempo. La reducción gradual de los derechos de aduana se previó para un período de unos diez años, y los párrafos del tratado estipulaban específicamente el equilibrio de la balanza de pagos para evitar que un país se endeudara con otro. El Tratado funcionó bien. Sentó las bases para casi tres décadas de crecimiento dinámico y la economía social de mercado europea, que tal vez fue única en el mundo, ofreció un alto nivel de vida a amplios estratos sociales.
El precursor del Tratado de Roma fue la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, cuya esencia fue el acuerdo político germano-francés que incluyó el uso conjunto de recursos y que hizo posible evitar nuevas guerras europeas. El supuesto detrás de la Declaración Schuman, que inició el compromiso, fue que, si esos dos grandes estados de Europa, se unían, las grandes guerras que caracterizaron el siglo XX podrían evitarse. Además, el presidente francés, De Gaulle, incluso sostuvo la idea de que Europa se extendía hasta los Urales, (2) es decir, incluyó a los rusos en la Comunidad Europea, y por su parte incluso representó un pensamiento geopolítico europeo independiente; tan independiente que el ejército francés se retiró del mando militar integrado de la OTAN.
Pero la época caracterizada por Charles De Gaulle y Konrad Adenauer pasó y es preciso señalar algunas características de los cambios que sufrió aquella época.
El primero, y quizás el más importante, es que la moral social se ha deteriorado mucho en comparación con los tiempos de la posguerra. Las guerras son tiempos en que las personas quedan puestas a prueba. Son tiempos en que queda claro quién es apto para una tarea y quién no. Sucedió, sin embargo, que los políticos forjados durante la guerra desaparecieron hacia finales del siglo XX y las siguientes generaciones llegaron a los puestos de liderazgo – y, por lo tanto, a los niveles de toma de decisiones – basándose, no en su desempeño, sino más bien en su falta de principios y escrúpulos, en su dependencia de las finanzas y en el apoyo de los medios. El comportamiento de los líderes se irradió después hacia la sociedad en su conjunto. Consecuencia de ello fue que, incluso allí, en el ámbito del hombre común, fue desapareciendo la noción de que las reglas que sirven a los intereses de la sociedad en su conjunto se aplican también a todos los ciudadanos.
En Europa occidental, un ejemplo típico de esto es que los políticos ya no hacen aquello para lo que fueron elegidos, sino que representan los intereses de otras fuerzas que en forma discreta ponen límites a las ambiciones políticas personales. Un ejemplo típico de esto es el de Annalena Baerbock, (3) que plagió parte de su libro sobre el futuro de Alemania, mintió sobre sus estudios en su biografía y, en apoyo de Ucrania, llegó incluso a declarar que no le importaba lo que pensaran sus votantes alemanes. Todo lo cual no le impide estar hoy al frente del Ministerio de Asuntos Exteriores de Alemania.
El segundo cambio – estrechamente relacionado con el primero – es que las dos principales corrientes políticas que caracterizaron el período posterior a la Segunda Guerra Mundial, la socialdemocracia y la democracia cristiana, se transformaron en gran medida.
Esta transformación fue caracterizada por John Schindler, (un ex empleado de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos) como una conversión de la antigua socialdemocracia en una «izquierda cultural» que ya no está interesada en los objetivos tradicionales de la socialdemocracia, consistentes en reducir las diferencias de ingresos. En lugar de ello, la socialdemocracia actual se concentra en destruir los cimientos de las sociedades tradicionales, a las cuales considera inexcusablemente racistas, sexistas, xenófobas, homofóbicas y, en general, anticuadas. También apoya la inmigración masiva porque socava gradualmente la cultura tradicional. Esta transformación se basó en la ideología de la Escuela de Frankfurt y las opiniones de Karl Popper sobre la “Sociedad Abierta”. Durante su propia «larga marcha” hacia las instituciones, los representantes de esta izquierda cultural prácticamente tomaron el control de la vida pública (partidos, centros académicos, medios de comunicación, etc.).
Simultáneamente se produjo un giro a la derecha. Los antiguos partidos de derecha, por ejemplo, los democristianos, han olvidado sus valores tradicionales (Dios, Patria y Familia) y se han convertido en servidores de los intereses del capital multinacional, razón por la cual Schindler los llama «derecho corporativo», que se puede traducir como el «derecho del gran capital». La izquierda cultural y la derecha gran capitalista están de acuerdo en muchos temas, como el desmantelamiento de las sociedades tradicionales, el apoyo a la inmigración masiva, la abolición de los Estados-nación y el apoyo a las sociedades multiculturales. Es más, el capital multinacional es el que apoya a la izquierda cultural a través de sus fundaciones y sus ONGs. Les brinda la oportunidad de aparecer en la vida pública a través de sus organizaciones y de los medios que financia.
Los procesos antes mencionados también se vieron facilitados por un tercer cambio significativo: la transformación de la filosofía económica. Durante varias décadas después de la Segunda Guerra Mundial, tanto de derecha como de izquierda estuvo dominada por  principios keynesianos de política económica. Una política keynesiana significa que el Estado tiene un papel decisivo en la gestión de la economía y que la mejor sociedad es aquella en la que las diferencias de ingresos son menores. Este principio no sólo lo sostuvieron los socialdemócratas, sino también los democristianos; el fundador de la economía social de mercado alemana fue, por ejemplo, el demócrata cristiano Ludwig Erhardt. Sin embargo, las explosiones de los precios del petróleo de la década de 1970 causaron una perturbación significativa (inflación con estancamiento económico) en Europa occidental, lo que ayudó a llegar al poder a los economistas (neo)liberales quienes siempre habían criticado la política económica keynesiana. Quizás podamos considerar como un hito el cambio de 1979, cuando la Primera Ministra, Margaret Thatcher, en un foro de dirigentes del Partido Conservador,  sacó de su cartera la obra de Friedrich von Hayek La Constitución de la Libertad y la arrojó sobre la mesa con la exclamación «¡esto es en lo que creemos!». El libro es la biblia de la política económica neoliberal. La iniciativa británica pronto fue adoptada por Estados Unidos, y el neoliberalismo – independientemente de partidos políticos – pronto se convirtió en algo común en el hemisferio occidental.
Luego, la política económica neoliberal – y éste es el cuarto cambio importante – desmanteló los reguladores incorporados en la política económica keynesiana y dio paso a las fuerzas brutas del capitalismo. Gracias a esto se produjo una concentración de capital enorme y sin precedentes, que tuvo lugar no sólo en el campo de la producción y los servicios relacionados, sino también en los medios de comunicación. Esencialmente, concentró el poder económico – y por tanto político – en manos de unos pocos grandes centros financieros. Según una investigación realizada en la Universidad de Zúrich, aproximadamente la mitad de las empresas multinacionales que dominan el mundo están controladas por sólo unas pocas docenas de centros, y estos centros se encuentran predominantemente en el sector financiero, como Goldman Sachs, JP Morgan, Morgan Stanley o Crédit Suisse. (4) Una concentración similar tuvo lugar en los medios de comunicación. Los medios de comunicación del mundo euroatlántico están prácticamente concentrados en una decena de manos, y es más, no se diferencian en lo más mínimo en cuanto a la política y los valores que transmiten.
Estos cambios desafiaron el concepto original de cooperación europea y los valores en los que se basaba esta cooperación. Los cambios que generalmente tuvieron lugar en el mundo occidental también se produjeron en la transformación de la Comunidad Económica Europea, cuyo primer paso decisivo fue la adopción del Tratado de Maastricht. Este tratado reforzó sustancialmente el papel de toma de decisiones del Poder central frente al Poder de los Estado-nación; pero además, debido a la ya mencionada transformación de la ideología, también obligó a la adopción de una serie de políticas irracionales – como la moneda común o la política climática – por parte de los Estados miembros.
El desvío de la política económica
Europa quedó en ruinas tras la Segunda Guerra Mundial y tuvo que ser reconstruida; pero la generación que sobrevivió a la guerra, especialmente en los países más afectados por la destrucción, hizo de tripas corazón y restauró la economía en una década. Más aún:  el rápido crecimiento económico se mantuvo en las décadas siguientes. El crecimiento económico promedio de la mitad occidental de Europa alcanzó el 5,3% anual durante más de dos décadas, hasta la primera explosión del precio del petróleo en 1973. Lo que esto significa lo demuestra claramente el hecho de que la población europea, que casi pasaba hambre después de la guerra, no sólo estaba bien alimentada en los años 1970, sino que conducía automóviles, algunos Fiat, otros Citroën y otros Volkswagen o quizás incluso algún Mercedes.
La prosperidad europea, es decir, el reparto de bienes entre un estrato social relativamente amplio, se basó en el llamado modelo europeo de economía social de mercado, que fue un concepto político económico y social generalmente aceptado después de la guerra, pero que mucha gente asocia con el nombre del canciller alemán Ludwig Erhardt.
Ludwig Erhardt fue Ministro de Economía de Konrad Adenauer entre 1949 y 1963, y luego se convirtió en Canciller de Alemania. Se le atribuye el milagro económico alemán, durante el cual el país en ruinas no sólo se convirtió en dos décadas en la principal potencia económica de Europa y del mundo, sino que también fue capaz de proporcionar un alto nivel de vida a amplios estratos sociales, lo que marcó un ejemplo no sólo para Europa, sino también para el resto del planeta. Erhardt resistió con todas sus fuerzas las opiniones económicas liberales que todavía eran tentadoras en aquel momento:
«No estoy dispuesto a aceptar las reglas ortodoxas de la economía de mercado sin reservas y en cada etapa de desarrollo… Fue precisamente esta falsamente interpretada libertad la que llevó a la tumba la libertad y el generoso sistema liberal», dijo en aquellos días.
Su libro «Prosperidad para todos» todavía se puede adquirir hoy en día. Quizás no estaría de más enviar un ejemplar a los líderes de la Unión Europea como regalo.
La percepción de Erhard era común en la generación de políticos de la posguerra, que teóricamente se basaba en las opiniones económicas de John Maynard Keynes. Después de la gran crisis económica de la década de 1930, Keynes señaló el papel del Estado en la promoción de la estabilidad y el desarrollo económicos. Sus puntos de vista se volvieron dominantes en Europa (y parcialmente en Estados Unidos) hasta la explosión de los precios del petróleo en 1973. La explosión del precio del petróleo crudo, cuya causa fundamental fue la guerra árabe-israelí y el posterior embargo petrolero árabe, provocó una importante crisis económica para la Comunidad Económica Europea. La inflación se disparó, rondando el diez por ciento anual durante una década, mientras que el crecimiento económico cayó del 5% o 5,5% característico del cuarto de siglo anterior al 2%. La inflación no se pudo contener con las herramientas keynesianas anteriores, y fue entonces cuando los principios económicos neoliberales pasaron a primer plano, y fue entonces cuando el mundo occidental pasó a una política económica neoliberal.
Los economistas neoliberales afirmaban que la causa de todos los problemas era la intervención económica del Estado, por lo que ésta debía ser desmantelada. En otras palabras, se debía privatizar la propiedad estatal, se debían abolir las regulaciones anteriores – como las leyes para frenar la especulación financiera – y se debían abolir las barreras al comercio exterior, especialmente las que existían antes del movimiento de capitales. La privatización, la desregulación y la liberalización fueron los principios rectores de la nueva política económica neoliberal.
Durante el período anterior, las tasas de interés bancarias habían estado reguladas, con un límite superior obligatorio, de alrededor del 6% o 7 %. Esto fue abolido; las tasas de interés saltaron al 10% o 15%, lo que logró poner a la inflación en una senda descendente (disminuyó al 4% en siete años), pero los países que anteriormente se habían endeudado cayeron en una trampa de deuda. Esa trampa significó que, aunque los países anteriormente endeudados ya habían logrado un importante superávit de exportación, tuvieron que pedir nuevos préstamos para financiar los ingresos que salían del país debido a las enormes tasas de interés, por lo que su deuda siguió creciendo.
La desregulación, la abolición de regulaciones anteriores (especialmente en el sector financiero), dio lugar a enormes especulaciones no vistas desde la quiebra bancaria de 1929 y provocó crisis financieras recurrentes a partir de los años 1990. El portal de Instrumentos de Financiación Rápidos (IFR) del Fondo Monetario Internacional (FMI) (5) enumera ocho crisis financieras importantes desde la desregulación neoliberal.
Como resultado de la desregulación neoliberal y una reducción significativa en la progresividad de los impuestos sobre la renta personal, las desigualdades de ingresos y riqueza han aumentado significativamente. En un análisis reciente realizado por la Institución Brookings estadounidense, se demostró que los ingresos del 10% superior han crecido fuertemente en los últimos cuarenta años, mientras que los del 50% inferior han sufrido pérdidas particularmente grandes. El aumento de la desigualdad ha ido acompañado de la erosión de la clase media y una disminución de la movilidad intergeneracional. El crecimiento de las desigualdades y las ansiedades que causan, alimentan el descontento social, y una sociedad cada vez más desigual debilita la confianza en las instituciones públicas y, por lo tanto, puede socavar la gobernabilidad democrática. Las crecientes desigualdades globales también pueden amenazar la estabilidad geopolítica.
El giro neoliberal se produjo en la Unión Europea a finales de los años 1980 y puede vincularse en gran medida al Tratado de Maastricht. Este contrato sirvió también para crear las condiciones para la introducción del euro. Sin embargo, con la introducción del euro, los países del sur menos competitivos, sobre todo Grecia, Italia y España, se endeudaron fuertemente, su desarrollo se ralentizó o incluso se detuvo, y su aproximación a las regiones más desarrolladas (la parte norte de la Unión) se detuvo.
Los problemas se ven agravados por la irracional política climática de la Unión Europea. Bajo la presión de los Verdes alemanes, la Unión se fijó objetivos que son inalcanzables. Estos incluyen, entre otros, reducir a cero las emisiones de dióxido de carbono para 2050, cambiar la calefacción de los apartamentos a energías renovables, prohibir la producción de automóviles que funcionen con gasolina y diésel y luego retirarlos de la circulación, y garantizar el suministro de energía con energía eólica y solar.
Estas medidas ya han derribado a la economía europea, especialmente a la industria alemana, cuya producción ha disminuido un 5% desde 2015, mientras que la industria de los países nórdicos desarrollados y los ex países socialistas ha aumentado entre un 20 y un 50% (Dinamarca el 31%, Suecia 16%, Polonia 50%, Hungría 26%). Alemania también arrastró a la industria de Francia, que está estrechamente relacionada con ella (disminución del 2%), y juntos, debido a su peso económico, obstaculizan el desarrollo de la Unión en su conjunto. Todo esto también afecta el crecimiento del PIB, que alcanzó una tasa promedio de sólo el 1,7% en el período considerado.
Las oportunidades de crecimiento de los países generalmente se caracterizan por el hecho de que los países menos desarrollados pueden crecer más rápido que los más desarrollados. Los más desarrollados son los pioneros, desarrollan tecnologías cada vez más nuevas y al mismo tiempo más productivas con gastos importantes, que luego pueden ser adoptadas por los menos desarrollados sin gastos especiales y, por lo tanto, los recursos necesarios para el desarrollo de la tecnología pueden ser utilizado para el desarrollo de la economía. Dado que los países de la Unión Europea están generalmente más subdesarrollados que Estados Unidos, se podría suponer que la Unión puede desarrollarse más rápido que Estados Unidos. Este fue el caso en las décadas posteriores a la guerra. Hasta el Tratado de Maastricht, el crecimiento económico de la Unión superó al de los Estados Unidos en 0,8 puntos porcentuales, pero desde entonces se ha quedado atrás en 0,6 puntos porcentuales, lo que muestra claramente la política económica fundamentalmente defectuosa – impulsada por la ideología – de Bruselas.
Por supuesto, mucha gente lo ve claramente, incluidos los líderes industriales alemanes y los partidos, como Alternativa para Alemania (AfD), llamados “extremistas” por la corriente principal políticamente correcta. Sin embargo, aunque su popularidad va en aumento, estos partidos siguen siendo minoría en algunos países de la Unión. Sin embargo, debido a la irracionalidad de Bruselas, puede suceder fácilmente que los partidos que defienden verdaderos intereses y valores nacionales y europeos consigan un éxito considerable en las elecciones por venir.
Los escritores deben ayudar a convencer al mayor número posible de ciudadanos europeos: existe una alternativa a la irracionalidad actual para Europa.
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NOTAS
(1)- Károly Lóránt, ingeniero industrial, nació en Budapest en 1942. Casado, padre de dos hijos adultos. En 1966 se licenció en ingeniería eléctrica en la Universidad Tecnológica de Budapest y en 1970 también se licenció en ingeniería y economía en la Universidad de Economía Karl Marx. Comenzó a trabajar como ingeniero de desarrollo y a partir de 1972 se convirtió en empleado de la Oficina Nacional de Planificación. Entre 2003 y 2009 trabajó como experto en el Parlamento Europeo, entre 2010 y 2012 fue empleado del Ministerio de Economía Nacional. Participa activamente en la vida pública húngara; más de mil de sus artículos sobre cuestiones económicas y sociales se han publicado en varios periódicos.
Lóránt cree firmemente en una Europa que conserve sus valores cristianos tradicionales, su identidad histórica y cultural y la soberanía de sus Estados-nación.
(2) – Una concepción sostenida por varios pensadores europeos, incluso en la visión geopolítica del nacionalsocialismo alemán de la primera mitad de los años 1940.
(3) – Annalena Baerbock es actualmente (Enero 2024) ministra de Asuntos Exteriores  de Alemania desde Diciembre de 2021. Proviene del ecologismo militante (partido Alianza 90/”Los Verdes”).
(4) – La gran diferencia entre el liberalismo clásico y el neoliberalismo está, precisamente, en que el liberalismo clásico impulsa una economía de producción mientras que el neoliberalismo promueve una economía financiera.
(5)- https://www.imf.org/es/About/Factsheets/Sheets/2023/Rapid-Financing-Instrument-RFI
(*) Politólogo, consultor nacional e internacional, analista de riesgos, escritor e investigador

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