Columnistas

Delirios y realidades

Por Carlos Mira (*)

Las últimas horas han sido una verdadera colección de disparates declarativos que, cuando uno los pone todos juntos, no sabe muy bien si quienes los dicen se han puesto de acuerdo para contribuir a la furia generalizada o si realmente se creen las mentiras que propagan.

El presidente Fernández, obviamente, no podía estar ausente de la nómina. Y, en este caso, bien podría haber ocupado ese lugar solo, como si fuera un faro guía hacia el delirio. Pero, no. Para no ser menos y jugar con sus dichos como una perfecta conjunción de contradicciones respecto del presidente, salió a escena el reciente (e inexplicable) jefe de asesores del jefe del Estado, Antonio Aracre.

Fernández había dicho que, luego de China, la Argentina era el país que más había crecido en el mundo en los últimos dos años, como queriendo transmitir la idea de un gobierno súper exitoso que marcaría los libros de historia con su suceso. Por supuesto que, salvo la élite privilegiada de funcionarios públicos, sindicalistas multimillonarios y empresarios prebendarios, nadie percibe en sus bolsillos el éxito que el presidente se atribuye, pero Fernández, como si se dirigiera a una masa de estúpidos, lo dice igual.

El punto es que unas horas más tarde su propio jefe de asesores salió a proponer una idea que, al mismo tiempo de ser un disparate completo, constituye una contradicción total con lo que dijo el presidente. El inexplicable ex CEO de Syngenta (una compañía China que lo tendría allí más como un agente encubierto que como un ejecutivo de negocios) salió a decir que “por supuesto que se puede ir eficientizando el gasto, pero hasta tanto crezcamos y la base imponible sea lo suficientemente alta para que la recaudación sustente ese gasto, ¿no tendremos que buscar algún nuevo tributo?”

Repito: más allá de que parezca mentira que un marciano ignorante como éste salga a proponer nuevos impuestos como antesala del crecimiento (es decir que sinceramente crea que el crecimiento puede venir como paso siguiente al aumento de la presión impositiva), sus dichos suponen una completa desmentida de lo que había dicho Fernández. Para el presidente la Argentina era el país que más crecía en el mundo junto a China y para Aracre, “hasta que crezcamos”, hay que pensar un impuesto nuevo. En fin…

Luego apareció el inefable canciller Cafiero que dijo que la Argentina tiene “hoy un rol relevante en el mundo por el liderazgo de Alberto Fernández” y que él estaba trabajando para la reelección porque no se podía cortar “el proceso que había puesto los cimientos para la Argentina del futuro”.

Resulta increíble que un gobierno que sumergió en la pobreza a la mitad del país; que mandó a la miseria a tres de cada cuatro chicos menores de 14 años; que destruyó prácticamente todo lo que tocó; que endeudó al país a una velocidad nunca antes alcanzada por ningún gobierno; que está poniendo en riesgo la integración física del territorio por primera vez en más de 150 años; que alineó al país con las dictaduras más vergonzantes del globo; que evaporó de los bolsillos de los argentinos el valor de sus ahorros y de sus ingresos; que destruyó la fe pública robando vacunas en la peor crisis sanitaria mundial en un siglo; que violó sus propias disposiciones creando privilegios para los que gobiernan en detrimento de los gobernados, pueda tener un monigote tan pero tan caradura que diga que la Argentina tiene hoy un rol relevante en el mundo gracias al presidente Fernández. Solo la inimputabilidad de un mentiroso puede explicar semejante grotesco.

En la misma línea se anotó el comunista Carlos Heller que salió a decir que “la Argentina es uno de los países donde mejor se vive”. Este impresentable, colgado del poder para defender sus privilegios, se debe estar refiriendo, claramente, al tipo de vida que ÉL se puede dar el lujo de tener gracias a que vive del Estado y de las posibilidades que le da el ocupar un cargo a sueldo de la sociedad.

Sería interesante que Heller hubiera sido parte de la excursión que Youniversal -una organización de “investigación, tendencias, innovación y storytelling con foco en las personas para Latam y el mundo” según reza su perfil de Linkedin- .  organizó días pasados al conurbano profundo del Gran Buenos Aires para los principales directivos de una empresa de consumo masivo y cuyas conclusiones fueron comentadas este domingo por el periodista Jorge Lanata en una nota para el diario Clarín.

Lanata resumía así los resultados que encontraron: “Se buscó que, al menos, un miembro de la familia que iban a visitar tuviera trabajo estable (policía, municipal, empleado penitenciario, empleada doméstica o de la construcción). La Argentina que descubrieron era así:

– Los alimentos se compran por comida.

– Hay una sola comida “fuerte” en el hogar: la cena. El almuerzo y la merienda consisten en una infusión con galletitas; mate cocido, té o malta. El café es un bien suntuario.

– Los chicos comen dos veces porque almuerzan en la escuela.

– La compra diaria empieza por fideos o arroz y una salsa. Las proteínas se compran con el vuelto. En el Conurbano pobre nadie compra un pollo o un kilo de carne. Se pide en el mostrador $328 de pollo o lo que el vuelto determine.

– El queso de rallar está en extinción. Los clientes piden que se corten a la mitad o en cuartos las piezas de queso que están expuestas por porciones en la góndola. “Compran un dado de queso”, describe unos de los participantes del estudio.

– Los alimentos se compran a cinco cuadras a la redonda de donde vive la familia. La encargada de esa tarea es generalmente una mujer que debe volver rápido a su casa porque tiene niños, ancianos o alguna persona con discapacidad a su cargo.

– El costo de trasladarse no se puede amortizar comprando una sola comida: ”No voy a gastar 32 pesos de ida y 32 pesos de vuelta, porque me consumo el 10% de lo que tengo para comprar”.

– En las entrevistas hubo quienes expresaron que no tenían “ropa acorde” para ir al supermercado.

– Comprando en cercanía pagan por la carne un 50% más de lo que vale en un supermercado, por los productos de almacén un 30% más y por el aceite un 100% más.

– En el menú cotidiano rara vez hay frutas o verduras. El yogurt no existe y se compran sal y azúcar de primeras marcas porque las segundas no rinden: “Hay que usar el doble”.

– Cuando se les pregunta qué sueñan comer la respuesta habitual es “una milanesa”. ¿Y el asado? “Ya ni me acuerdo la última vez que comí un asado”, responden.

– La ropa se compra en ferias de usados o en el Marketplace de Facebook.

– El segundo ingreso, cuando existe, siempre es en negro. O -si se trata de la changa de un adolescente- en especies. Puede ser en un almacén, por ejemplo, algún alimento con el envase estropeado o retazos de la fiambrería.

– Esta pobreza es tecnológica: lo primero que se paga en la casa es el WiFi; es lo que garantiza el funcionamiento de los celulares que, por supuesto, no tienen plan de datos.

– Los sentimientos que predominan en estos grupos son los de decepción y rabia. El aspiracional de esta población ya no es la casa o el auto, sino poder consumir. “No caerse del sistema”, explica Ximena Díaz Alarcón, CEO de la consultora Youniversal.”

Este es el país que fabricó el peronismo. Este es el país que el comunismo, que lo infiltró, ayudó a multiplicar la velocidad de su deterioro. Este es el país de los Kirchner, los Fernández, los Cafiero y los Heller. Y paradójicamente es el país que ninguno de ellos ve, escondidos como están detrás de las murallas de la riqueza que robaron.

 

(*) Periodista de actualidad, economía y política. Editorialista. Abogado, profesor de Derecho Constitucional. Escritor

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