Columnistas

El multiculturalismo fracasado

Por Denes Martos (*)

«Es posible que haga el ridículo. Pero mientras tanto
siempre se puede hacer algo 
con un poco de dialéctica.
Naturalmente, he mantenido mis posiciones
de modo tal que también tendré razón en el caso contrario.»
 Karl Marx a Friedrich Engels,
15 de agosto de 1857. (MEW 29, p. 161).

 

Los políticos europeos se ven obligados a admitir, cada vez más, el fracaso del multiculturalismo. Hace más de casi trece años – hacia Octubre de 2010 – Ángela Merkel ya había sido forzada a admitir que «El multiculturalismo ha fracasado. Absolutamente.» (1) En aquél momento los políticos de la UE se resistieron a coincidir con ella y la resistencia fue tan enorme que, aún sin retractarse, «Mutti» Merkel tuvo que dejar caer el tema. Hoy siguen resistiéndose pero mucho menos y con argumentos que ya no convencen casi a nadie. La realidad ha pasado por encima del relato.

Es que hay varias razones por las cuales la original teoría de Coudenhove-Kalergi sobre la mestización planificada de Europa – desarrollada luego por gente como George Soros y toda una red de y de ONGs afines – no funciona.
En primer lugar, el multiculturalismo no integra al inmigrante. Lo mete en un universo de miseria. La gente que huye de un medio hostil de pobreza va a Europa con la ilusión de que allí podrá encontrar algún trabajo sencillo o bien, muy probablemente, podrá vivir razonablemente cómodo parasitando de la beneficencia social. Lo que el inmigrante no prevé es que el choque entre realidades etnoculturales demasiado disímiles lo obligará a quedar encerrado en comunidades apartadas de la sociedad. Con eso, quedará al margen de la mayoría de las oportunidades que los países europeos ofrecen a quienes ya están, desde hace mil años y aún más, asimilados a la Cultura Occidental.
En segundo lugar, la política multicultural enclaustra al inmigrante en un mundo cerrado en el cual trata de reconstruir sus costumbres de origen en un medio socioculturalmente adverso. Por ejemplo, en el caso de los musulmanes, termina dominado por imanes fanáticos que acaban sometiéndolo, psicológica y socialmente, a las rígidas leyes de la sharía, aplicadas al margen y hasta en contra de la leyes vigentes en el país de destino.
En tercer lugar, el multiculturalismo genera severos problemas de inseguridad.  El aislamiento sociocultural genera ghettos que van quedando al margen de las leyes y hasta de las fuerzas de seguridad. Con ello, más el resentimiento generado por la exclusión, crece el número de actividades delictivas especialmente entre los jóvenes, lo cual genera aún más aislamiento, con lo que se produce un círculo vicioso que se retroalimenta.
En cuarto lugar, una gran mayoría de migrantes proviene de países islámicos del norte de África, o de Medio Oriente, y prácticamente la totalidad de las mezquitas y lugares de reunión islámicas están en manos de imanes fundamentalistas que fomentan el odio a Occidente y al Cristianismo, con la complicidad de los políticos multiculturalistas que no solo lo permiten sino que hasta lo financian con fondos públicos.
En quinto lugar, la frustración, la ilegalidad, los ghettos y el adoctrinamiento, son todos factores que acaban empujando a muchos jóvenes hacia el crimen, el terrorismo y el narcotráfico.
En sexto lugar, la aparición de comunidades hostiles al ethos cultural occidental suponen un problema para la armonía social, para la cohesión de las naciones europeas y para la viabilidad futura de sus instituciones.
El multiculturalismo ha muerto porque sumerge al inmigrante en la pobreza. Porque lo somete al despotismo de líderes fanáticos. Porque arruina la seguridad en barrios enteros. Porque aumenta el fundamentalismo anticristiano. Porque es caldo de cultivo del terrorismo, el crimen común y el narcotráfico.
Como propuesta, el multiculturalismo fracasó desde el principio porque no ha funcionado nunca.
O quizás sí. Quizás funcionó después de todo.
Fracasó en cumplir lo que prometió, pero no es nada exagerado decir que el cumplimiento de las promesas ideales jamás le importó al liberalismo de izquierda y a las demás izquierdas asociadas que fueron las que propusieron y fomentaron la utopía de una sociedad multicultural. Para todo ese espectro, las promesas del multiculturalismo no fueron nunca más que propaganda.
Los marxistas, mentalmente adiestrados en la dialéctica de la lucha de clases, sabían – es más: tenían que saber – que no funcionaría según la romántica argumentación propagandística.
Es que el objetivo fue otro desde el mismo principio. El objetivo real pero no declarado fue sumarle la lucha etnocultural a la lucha de clases y a la revolución cultural gramsciana para destruir la Cultura Occidental y quebrar el milenario estilo de vida y civilización que esa cultura ha generado.
Un objetivo real que, lamentablemente, los propulsores de la guerra cultural ya han logrado en muchos aspectos.
Y terminarán lográndolo por completo si seguimos dejándolos avanzar.

NOTAS

1)- Cf.https://www.bbc.com/mundo/noticias/2010/10/101016_angela_merkel_muticulturalismo_falla_alemania_med

(*) Politólogo, consultor nacional e internacional, analista de riesgos, escritor e investigador

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