Columnistas

Entre la gente y la impunidad, Cristina elige la impunidad

Por Malú Kikuchi (*)

Daniel Andrés Lipovetzky, diputado provincial de la provincia de Buenos Aires de Juntos por el Cambio (JxC) presentó un proyecto de ley de alquileres que fue votado casi por unanimidad.

La llamada ley Lipovetzky, ley de alquileres Nº 27.551 entró en vigencia el 30/6/2020. Fue una pésima ley. Destruyó el mercado inmobiliario. Complicó la vida de los inquilinos y la contrapartida fue la retracción de la oferta. Muchos propietarios decidieron no alquilar.

El resultado fue malo para las dos partes. Cada vez más personas necesitan alquilar, la economía desastrosa del país no permite que el sueño de ser propietario tenga alguna posibilidad de hacerse realidad.

Al mismo tiempo, esta ley de alquileres en una Argentina que navega hacia una hiperinflación, obliga a los propietarios a tener un capital muerto  ya que no se arriesgan a alquilar sus propiedades.

Todo está mal en una economía que ya es recesiva dada la desaparición del valor de la moneda y la inflación galopante. Derogar la ley Lipovetzky era una prioridad para millones de personas, inquilinos y propietarios.

Hacer algo con la ley de alquileres era imperioso para la población. Lo lógico hubiera sido derogarla, volver a los principios “alberdianos”, una directa negociación entre el propietario y el inquilino, sin intermediarios.

En la cámara de Diputados el Frente de Todos (FdT) se negó a derogar la ley. JxC en minoría, aceptó reformarla. De los 24 artículos sólo se cambiaron 2, actualización entre 4 a 12 meses y bajar de 3 a 2 años el contrato.

Diputados aprobó la mini reforma y con media sanción, la ley pasó al Senado. Como indica la CN la vicepresidente de la Nación es la Presidente del Senado. Hasta ahora Cristina Fernández ha manejado esa cámara con mano de hierro.

CFK tiene un claro y quizás único propósito en estos tiempos: su impunidad y la de sus hijos. Necesita que la jueza Ana María Figueroa que ya cumplió 75 años, no se jubile como lo establece la CN desde 1994.

Además, mientras todavía está en el poder necesita nombrar muchos jueces y jueces subrogantes, cuestión de blindarse ante los juicios por venir. Un poder judicial domesticado le es imprescindible.

¿Qué mejor que la demandada ley de alquileres, que millones de personas necesitan cambiar, inquilinos y propietarios, para negociar sus acuciantes cuestiones judiciales? Primero tratan lo mío, luego la ley.

Un chantaje, simplemente un chantaje. Por el momento se reunieron las 2 comisiones a las que compete el tema. La de Legislación General con mayoría del FdT y la de Presupuesto y Hacienda con mayoría de JxC.

El FdT tiene 3 proyectos, y una escisión del mismo, Unidad Federal (PJ anti grieta) de 4 senadores a los que se suma Alejandra Vigo, tiene otro proyecto.  Si la ley sufre otra reforma debe volver a Diputados.

Es visible que a la vicepresidente le importa más su impunidad que los problemas de la gente. Se supone que la política, “el arte de lo posible” la definía Aristóteles, debe estar al servicio de la gente y no al revés.

Argentina está transitando una situación desesperante, las consultoras privadas anuncian una inflación de 2 cifras para agosto. La interanual pasaría el 120%. Argentina ya cayó en el abismo,  ya está ahí.

Si la presidente del Senado pospone con 4 proyectos de su partido que sólo sirven para postergar el tratamiento de una ley imprescindible para mejorar la vida de la gente, sólo porque necesita negociar su impunidad, el abismo ya está presente.

Por eso es tan difícil comprender que se aterrorice todo el tiempo a los ciudadanos con la posibilidad de caer en el abismo si se vota un determinado candidato. Al abismo ya la llevó el gobierno actual.

También es difícil entender que se critique desde todos los medios y los partidos a un outsider que no viene de la política. Al país, con los políticos que han mamado política desde la universidad, no le fue bien.

Los políticos de carrera al llegar al poder, para seguir con la metáfora láctea, ordeñaron al país hasta dejarlo seco. Es lógico que los jóvenes quieran probar con un no político. Y puede que se equivoquen.

Pero sus padres ya se equivocaron muchas veces. Los nuevos votantes también tienen el derecho a  equivocarse. A lo  mejor y todo es posible, no se equivoquen. Y conste que la “dolarización” no es el equivalente a la convertibilidad. Un peso ($) no será igual a un dólar (US$). Y en ese  punto no deben equivocarse.

 

(*) Periodista (publica en varios medios nacionales) y conductora 

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