Columnistas

¿Guerra entre pendejos?

Por Carlos Berro Madero (*)

Como si no tuviéramos poco con qué lidiar en estos días, hay algunos “trascendidos” que anuncian una futura guerra por el liderazgo del peronismo kirchnerista entre pendejos: Máximo Kirchner y Axel Kicillof. Dos jóvenes con maduración tardía que son reflejo de lo mal que anda el multifacético movimiento en materia de elecciones políticas.

Muchos crédulos parecen apostar así a individuos de capacidad misteriosa, si nos atenemos a sus eventuales “logros”. En el primer caso, ser “hijo de”; en el segundo, con certeza absoluta, un improvisado teórico de la economía agitado por espectros y fantasmas de ensoñaciones desiertas de alguna luz.

Es para salir corriendo despavoridos, cerrando antes todas las puertas y ventanas por las que pudieran colarse los propósitos de estos verdaderos imberbes, alejándonos así rápidamente de cualquier escenario en donde pudiesen “meter baza” con sus delirios circunspectos.

Bien señala Jaime Balmes para casos semejantes: “¿Qué caso puede hacerse de quienes pintan prodigiosos hechos de armas de los cuales esperan grado, empleos y condecoraciones?

¿Tienen reputación de veraces y modestos, o pasan plaza de fanfarrones? ¿Se han distinguido en otras acciones, o están desacreditados por frecuentes derrotas?”

La experiencia enseña que no debemos fiarnos jamás de quienes solo hacen gala de consignas dirigidas a supuestos combatientes que son quienes ponen el pecho en su nombre, difundiendo como un mantra las más insignes falsedades.

“Es necesario considerar si las circunstancias de sus mentiras son tan desgraciadas, que poco después son descubiertas en toda su desnudez, sin que le quede a los engañadores la excusa de que se habían equivocado o les habrían mal informado” (siempre Balmes).

En ese listado, podríamos poner el “ladrillo” que conforman los 16.000 millones de dólares que tendremos que afrontar por la payasesca guapeza de Kicillof al echar intempestivamente a los dueños españoles de YPF hace algunos años, por dar un solo ejemplo. O los burdos negocios inmobiliarios que pretendieron cubrir los meandros de la corrupción K.

Pero a pesar de lo expresado, parece que los dos pendejos comienzan a verse a sí mismos como candidatos a “heredar” el guiso variopinto K, poniendo al servicio del mismo dotes políticas que solo pueden tener cabida en un movimiento esmirriado y huérfano de ideas relevantes.

Porque ambos levantan banderas que ocuparon a hombres que han quedado distantes en el tiempo y solo están en vigor en pocos países, causando en ellos penas, miserias y un gran cataclismo social.

El fanatismo de sus “militantes” revolucionarios de salón, comienza a parecerse así cada vez más a la tropa de menesterosos harapientos comandados por el inolvidable Vittorio Gassman en una tragicomedia fílmica: la Armada Brancaleone.

Con rivales de este “pelaje”, solo puede colegirse que la presidencia de Milei no parece correr por ahora ningún riesgo, porque como dice el vulgo: para muestra basta un botón.

A buen entendedor, pocas palabras.

 

(*) Escribano, escritor, publica en Tribuna de Periodistas

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