Columnistas

La credibilidad es un campo minado

Por Gustavo Vieyra (*)

En la actualidad, toda la información que circula está sujeta a la duda. Para cada afirmación que se efectúa, como mínimo hay otra que la refuta y otras que la matizan. El resultado: un mar de incertidumbre. La consecuencia: una terrible crisis de ansiedad.

Hace muchos años, un gran amigo me envió un trabajo titulado: «Ciencia o creencia». Estaba dirigido a analizar qué regía las decisiones de las personas. La conclusión era que nos manejamos esencialmente en base a «creencias».

Nadie circula por la vida haciendo un análisis estadístico de la información, ni realizando una investigación en profundidad de cada cosa que se nos dice. Lo habitual, concluye el trabajo, es aceptar las cosas como tal, en la medida de que estén dentro de un margen de razonabilidad y bajo esa norma no escrita, tomamos decisiones.

A partir de la pérdida de la certidumbre, es tan inestable el presente como impredecible el futuro.

Este extraordinario hecho «Pandémico», atravesado por una combinación de intereses económicos, geopolíticos y científicos, instalado en la era de la globalización y la tecnología digital, con comunicaciones «on line» a toda hora y en cada lugar, ha resultado territorio fértil para que cada individuo sea presa de una crisis de angustia y ansiedad.

En mi práctica profesional cotidiana, es muy preocupante observar los efectos letales de la combinación de angustia y ansiedad, cuyo intento de solución mas inmediato es el uso de psicofármacos autoprescriptos.

Estos son los ríos que subyacen debajo de este campo de batalla. Son realidades no tabuladas y en general no comentadas pero que tendrán sin dudas, enormes consecuencias en las personas. Imaginemos a un niño que para su infortunio comienza a desarrollarse en un medio donde los adultos le coartan la posibilidad de contactarse con sus pares, los obligan tapar sus rostros y no pueden ver ni abrazar libremente a sus abuelos.

Semejantes perversidades nos remontan a épocas de las epidemias del medioevo. Solo nos faltaría ver gente quemada en una hoguera, aunque esa práctica bien podría ser asimilada hoy a la denuncia social de todo aquel que no se atiene a las normas de «no te acerques», «quedate en tu casa», «no te juntes con nadie», «tapate la cara».

Una increíble conducta medieval instalada en la era digital!!.

Si no recuperamos el sentido común, la capacidad de razonar y de tener un pensamiento crítico, dejándonos caer presa de este Tsunami alienante de temor, angustia y ansiedad, nunca lograremos liberarnos de esos oscuros hilos que manipulan nuestras decisiones y nos tornan cada vez menos libres.

 

(*) Médico cardiólogo, docente universitario, ex presidente del Distrito Conurbano Norte de la Sociedad Argentina de Cardiología, responsable de Arritmias y Marcapasos del hospital Bernardo A. Houssay (retirado), cardiólogo  del Hospital Británico, vecino de Pilar.

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