Columnistas

La insoportable levedad de… casi todo

Por Malú Kikuchi (*)

Argentina hoy es un país destruido, en caída libre ¿hacia dónde? NS/NC. Pero, siempre hay un pero que agradecer, habrá elecciones generales el 22/10/2023, dentro de 23 días, sin prohibiciones y en libertad.

A pesar del desastre, no es poco en esta convulsionada América Latina y en un mundo complicado con las democracias en crisis. Viendo lo que pasa en otros lugares parece un privilegio. Pero no lo es. Es un derecho.

¿Se está aprovechando correctamente este derecho? La ciudadanía interesada en la política está preocupada evaluando a qué candidato presidencial elegirá. ¿Bregman, Bullrich, Massa, Milei, Schiaretti?

Es indiscutible la importancia del presidente, que es un cargo unipersonal. La Constitución Nacional le otorga muchos derechos y mucho poder, pero no es omnímodo, tiene controles…o debería tenerlos.

El poder Ejecutivo representa el pensamiento político de una mayoría transitoria. Es un poder singular. Pero la CN lo ubica en segundo lugar, después de los Derechos y Garantías (que marcan el espíritu de la CN) viene en primer lugar el poder Legislativo. ¿Por qué? Por sabiduría.

El Poder Legislativo representa el pensamiento político de todo el país, de los partidos chicos y los más grandes. Es un Poder plural. Y está ahí para aprobar o rechazar los proyectos del Ejecutivo que precisen leyes.

Si el Ejecutivo puentea al Legislativo o éste le rechaza un proyecto de ley y el presidente recurre a un DNU, el Legislativo tiene un tiempo para dejarlo pasar o rechazarlo. El Presidente debe aceptarlo.

El Legislativo es el que crea las leyes, las propone, las estudia en comisiones y si éstas las aceptan pasan al recinto. Hay 257 diputados y 72 senadores, el quórum es de 129 en diputados y de 37 en el senado.

El país se mide a partir del Congreso, el monolito del kilómetro 1 está situado en la plaza de los Dos Congresos, no está frente a la Casa Rosada en la Plaza de Mayo. Así de importante es el Poder Legislativo.

¿Entonces cuál es la razón por la cual los ciudadanos, cuyas vidas dependen en gran parte de las leyes que sancione el Congreso, no se preocupan por los candidatos a diputados y senadores que votarán?

Es incomprensible. Con el sistema aborrecible de las listas sábana, con suerte se conocen los primeros nombres de los candidatos al Congreso Nacional. En las provincias chicas es más fácil, hay menos habitantes y es fácil saber quiénes son. Pero en las provincias populosas…

Es casi imposible saber si los candidatos tienen currículum o prontuario. Se ha visto en varios casos que han usado al Congreso como aguantadero, porque sus miembros tienen fueros. Un gran defecto.

El fuero es un privilegio medieval (Sancho III a principios del siglo XI fue el 1º en conceder un fuero al territorio de Nájera) y en la CN figura en los artículos 68, 69 y 70. En el 68 se establece que los legisladores no pueden ser acusados por causas políticas. Por sus opiniones o discursos políticos.

El 69 establece que no pueden ser detenidos salvo que sean sorprendidos cometiendo un delito en flagrancia. Y en el 70 establece que para “desaforar” a un legislador se necesitan los dos tercios de su cámara y entonces ponerlo a disposición de la justicia.

Los fueros que protegen a los delincuentes de guante blanco que usan el Congreso de aguantadero, están en la CN. No se pueden eliminar sin cambiar la CN y cuando la cambian la deforman un poco más.

Ahora la ciudadanía se entera del escándalo de “Chocolate” Rigau, seudo electricista (que nunca cambió una bombita de luz) contratado por la legislatura bonaerense. Manejaba 49 contratos truchos de personas que supuestamente trabajaban en la legislatura.

Los ñoquis de Rigau ganaban en promedio más de $500.000 por mes. A cambio del seguro de salud y de jubilación. El resto se repartía entre ¿¿¿??? Y el o los partidos ¿¿¿??? El silencio de los legisladores, asusta.

Si este sistema es común en otras legislaturas, si viene de largo tiempo, puede que desde que volvió la democracia (40 años), es algo que urge conocer. La justicia debe actuar. Pero no toda está dispuesta a hacerlo.

Es por eso que el trabajo de no permitir que entren personas indeseables a protegerse en los fueros parlamentarios, debe recaer en la ciudadanía. Hay que averiguar quiénes son los candidatos, que principios tienen para representar a los votantes, si tienen valores o si tienen precio.

Considerando la importancia que tienen los legisladores, estos deben ser honestos, incorruptibles, lo que no significa que no negocien, la política es negociar, no comprar votos. Cambiar un voto por una escuela, es legal.

Los candidatos a legisladores deben ser idóneos como exige la CN, para que su trabajo le sirva a la gente, para que sea fructífero. Y por supuesto, deben conocer la Constitución Nacional a fondo y cumplirla.

Los ciudadanos van a votar personas que no saben quiénes son. Y quizás algunas de ellas, candidatos a diputados y a senadores, crean que la Constitución en vez de ser un contrato social para la convivencia armónica en un mismo territorio, crean que es una estación de trenes.

 

(*) Periodista (publica en varios medios nacionales) y conductora 

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