Columnistas

Loco un poco

Por Gastón Bivort (*)

Corría diciembre de 2001 y el país parecía volar por los aires. La paciencia ciudadana frente a una clase dirigente que ya entonces era percibida como privilegiada (aunque aún no se había acuñado el término “casta”), se había agotado definitivamente. No era una crisis más, se había tocado fondo. Al quedar sus ahorros atrapados en el “corralito”, la gente sentía que, literalmente, le habían metido la mano en el bolsillo y que los políticos que lo habían pergeñado habían contado con información confidencial para disponer de su dinero. Por eso el grito de guerra en cada rincón del país clamando “que se vayan todos”. Por eso los saqueos, cacerolazos, represión y violencia en las calles. Por eso el helicóptero y el récord de cinco presidentes en una semana.

En ese triste contexto sonaba en las radios el “hit” del momento, una canción muy pegadiza de la banda “Turf” demasiado alegre para los tiempos que se vivían. Sin embargo, la gente la eligió para evadirse de esa realidad tan amarga, para llenarse de energía y sobre todo, para levantar ese ánimo caído. La estrofa más emblemática es aquella que dice: “Cuando escuchés esta canción, te va alegrar el corazón. Hay tiempo para decidir, vas a encontrar la solución”.

Veintitrés años después, con algunos matices diferentes, la escena se reitera. La gente se siente estafada por la inflación desenfrenada que fue comiendo sus ingresos y sumió a más del 50% de los argentinos en la pobreza. La inseguridad asfixia y la decadencia cultural y educativa agobia. Sin embargo, muchos dirigentes políticos y sindicales que hicieron caso omiso al pedido popular de 2001 siguen estando. Les ha ido muy bien en estos 23 años. Se han enriquecido y han multiplicado sus negocios a expensas de una mayoría de a pie que lucha todos los días para poder salir adelante. Otra vez, como en 2001, la ciudadanía puso en la mira a los responsables, ahora identificados como la casta. El grito de “la casta tiene miedo” reemplazó a aquel otro que pedía “que se vayan todos”.

La gran diferencia respecto de 2001 es que ahora existe, guste o no, un político diferente que sintoniza con la mayoría de la gente. Un outsider, un extravagante o quizás, un loco. Como dice la canción de Turf aplicada a estos tiempos, Milei es “loco un poco nada más, a veces parece normal”. Si solo nos quedamos con sus formas y su incorrección política puede parecernos definitivamente loco; pero si analizamos su convicción y coraje para poner sobre la mesa los oscuros negociados que han traído al país a este presente, yo diría que Milei es, por lo menos hasta hoy, uno de los políticos más “normales” de las últimas décadas. El problema es que en la Argentina la normalidad ha sido tergiversada y la anormalidad naturalizada.

En la Argentina se naturalizó como normal la anormalidad de un déficit fiscal permanente financiado con deuda o emisión.

En la Argentina se naturalizó como normal la anormalidad de que existan sindicalistas ricos que representan a trabajadores pobres.

En la Argentina se naturalizó como normal la anormalidad de que un Presidente haga negocios favoreciendo a sus amigos, que un funcionario del conurbano gaste fortunas paseando en yate por el Mediterráneo o que punteros al servicio de sus jefes políticos dispongan de fondos de tarjetas de débito pertenecientes a empleados fantasmas.

En la Argentina se naturalizó como normal la anormalidad de que el Estado haya tercerizado el reparto de planes sociales en líderes piqueteros que utilizan la extorsión para amedrentar a sus beneficiarios.

En la Argentina se naturalizó como normal la anormalidad de que cortar una calle es un derecho.

En la Argentina se naturalizó como normal la anormalidad de que existan organismos públicos plagados de “ñoquis” y “militantes” que dilapidan recursos y no producen nada.

En la Argentina se naturalizó como normal la anormalidad de tener que vivir con miedo.

En la Argentina se naturalizó como normal la anormalidad de que condenados por la justicia puedan ser candidatos y hasta puedan cobrar abultadas jubilaciones de privilegio.

Pero en la Argentina, la gente comenzó a reaccionar. Provocó un profundo malestar el aumento de la dieta de los legisladores. Por presión del Presidente tuvieron que dar marcha atrás. No es normal seguir cargando sobre el pueblo el peso del ajuste.

Podríamos seguir dando ejemplos (recomiendo leer el proyecto de ley “anticasta”) para poder discernir entre locura y normalidad. Reconozco que no me gustan los modos de Milei ni tampoco, obviamente, los que ostenta el kirchnerismo, pero es innegable que existe una clara diferencia de fondo entre ambos. Como dice el refrán popular, es posible que se necesitara un clavo para sacar a otro. Tal vez en un futuro, tengamos un presidente con otro genio y mejores modales pero con la misma vocación de convertir en normal lo anormal.

“…En su labor presidencial encontrará la oposición sistemática del Congreso y de la prensa. Casi toda la elite gobernante, de la que es un “convidado de piedra”, se negará a los cambios que quiere introducir o rechazará el ritmo impetuoso que pretende imprimirle a esas transformaciones […] Resultaba pretencioso e intratable para aquellos que esperaban que solo fuera un administrador “prudente”, que se contentase con hacer un “gobierno modesto”. Llamó “paisano sin educación” al gobernador de Entre Ríos y “abogado oscuro y mediocre” a un reconocido constitucionalista con quién confrontó a pesar de sus coincidencias. Tildó de deshonesto a un ex presidente y acusó a otro de usar el Congreso para no dejarlo gobernar. Hasta confrontó con frailes y clérigos, a quienes acusó de matar la inteligencia. Con muchos de ellos luego hizo “tábula rasa”.

Parece un semblante del actual presidente, pero no lo es. Son datos extraídos de una biografía sobre Sarmiento escrita por Félix Luna…

También a él le decían el loco, pero era “loco un poco nada más”. A juzgar por el legado de su obra, casi casi, “parecía normal”.

 

(*) Profesor de Historia, Magister en dirección de instituciones educativas, Universidad Austral, vecino de Pilar

 

 

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