Columnistas

Números que aterrorizan

Por Malú Kikuchi (*)

Argentina vive en un estado caótico, es decir en una confusión absoluta. Y las personas se están acostumbrando a codearse con una permanente situación  que  ignora la ley. Todas las leyes. Empezando por el gobierno.

Porque el gobierno no respeta las leyes, la gente, como la rana del cuento, se va cocinando de a poco. Las inverosímiles dádivas del ministro-candidato, que de ser ciertas, sólo aumentaría la inflación. Esta ya ronda para el 2023 entre el 140 y el 150%, y el año no terminó.

Todos quieren que se bajen los impuestos, Argentina tiene más de 165 impuestos. Es en excesos impositivos el 2º país del mundo después de las Islas Comoras. Pero bajar impuestos sin reducir primero el gasto público  y hacerlo con seriedad, es asegurar más inflación.

La inflación ya es desorbitada, en agosto fue del 12,4% de acuerdo al INDEC. Y es bueno recordar que el gobierno nacional está compuesto por Alberto Fernández, presidente (hoy turista de lujo internacional), Cristina Fernández, vicepresidente (ausente sin aviso) y Sergio Massa.

El actual ministro-candidato, puesto que obtuvo con fórceps, fue indispensable para ganar las elecciones de 2019. Aportó desde el Frente Renovador un 10% de los votos. Fue presidente de la cámara de diputados hasta el 3/8/2022 en que asumió como ministro de economía.

Ya ministro de economía dobló la inflación heredada y se impuso como candidato a presidente por Unión por la Patria, desplazando a Wado De Pedro, el candidato de CFK. Hoy Argentina es uno de los países más pobres del continente y su inflación sigue a la del Líbano y Venezuela.

A cuánto llegará la inflación anual, no se sabe, pero se supone que la mensual no bajará de 2 dígitos. La hiperinflación respira en la nuca de los argentinos. Dicen que la inseguridad depende de la pobreza. No es así. Ser pobre no implica ser delincuente. La pobreza llegó al 43,1%.

La inseguridad está asolando el conurbano. Hay chicos asaltados, hasta asesinados para robarles la mochila cuando van o vuelven del colegio. Trabajadores en las mismas condiciones cuando esperan un transporte para ir a trabajar. Jubilados robados y asesinados para quitarles la mínima y miserable jubilación. Casas saqueadas  a cualquier hora.

Son casas con rejas, alarmas, cámaras pagadas por los habitantes, sistemas de grupos de wasap entre vecinos, cuestión de animarse a entrar con el auto al garaje, aun así los robos, torturas y hasta muertes, suceden. Entre CABA y AMBA 1200 robos y 22 asesinatos en 2023.

Acusan al narcotráfico, es posible. Cuando el estado, que  NO “te cuida”, alguien ocupa su lugar. La naturaleza es enemiga del vacío. Pero el gobierno y los gobiernos provinciales y municipales son responsables de no actuar con firmeza en contra de los narcos o lo que es peor, de permitirlos o hasta de ampararlos. Rosario es la ciudad  elegida.

En lo que va de año ya han asesinado a 198 personas. Para amedrentar disparan contra escuelas, edificios públicos, comisarías. Nada ni nadie los detiene.  Los capos narcos encarcelados en cárceles fuera de la provincia de Santa Fe se manejan con celulares y hasta con teléfonos de mesa.

Envían a sus sicarios desde la cárcel. Este gobierno desbarató la inteligencia carcelaria. Los presos, felices. Todos votan al gobierno. Y con la pandemia se soltó a muchos presos, mientras los argentinos decentes debían estar encerrados en sus casas. A los presos les permitieron los celulares para comunicarse con sus familias y se los dejaron.

La pandemia pasó, los celulares quedaron. Eso es connivencia. No se sabe si los gobiernos temen a los narcos o sólo los permiten mirando hacia otro lado o directamente tienen negocios con los mismos. Todas las situaciones son peligrosas, la última es un terrible delito.

A todo esto hay que sumarle la insoportable soberbia del ex ministro de economía Axel Kicillof que “regodeándose” por no cumplir con la ley, algo que hizo público como si realmente fuera un mérito, al estatizar YPF (y no importa el nombre artístico que le diera la entonces presidente CFK al hecho, fue una estatización) le costará al país US$16.000 millones.

Mientras la inflación crece desmesuradamente, la inseguridad también lo hace. Argentina, que fuera un gran país, educado, culto, con moneda sólida, con niños bien alimentados, hoy es la nación más pobre de Sudamérica. En agosto, la inflación en alimentos pasó el 15%.

Los números que no mienten, aterrorizan. Dentro de poco habrá elecciones generales, el 22 de octubre. Es una luz al final de un largo túnel. Quién y cómo podrán domar estos dos animales salvajes que están destruyendo el país, la inflación y la inseguridad, no se sabe.

Si se sabe que no será nadie que provenga de este gobierno. El resto es una decisión de los ciudadanos. El final sigue abierto.

 

(*) Periodista (publica en varios medios nacionales) y conductora 

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