Columnistas

Volver mejores

Por Tomás Pérez Bodria (*)

Durante las campañas políticas las distintas fuerzas lanzan consignas mediante las que esbozan una o más ideas fuerzas que las caracterice y diferencie ante el electorado.
Algunas pergeñan un mero latiguillo publicitario que se agota en si mismo aunque, por razones ajenas a este análisis, resulten eficaces para su cometido. Claro ejemplo de esta modalidad, fue el famoso «alica alicate», totalmente vacío de contenido, pero que le sirvió al empresario devenido en político Francisco de Narvaez para vencer al Frente para la Victoria, que llevaba al mismísimo Néstor Kirchner a la cabeza de la lista de candidatos a diputados nacionales por la provincia de Buenos Aires en las elecciones de medio término del año 2009.
Otras conllevan una propuesta que se presenta atractiva como propósito de gobierno. Tal la famosa y contrariada promesa de «pobreza cero» que el candidato Macri utilizó como eje de su campaña en las elecciones del año 2015 mediante las que la derecha más recalcitrante alcanzara, por primera vez por la vía electoral, la presidencia de la nación en la Argentina. Se trató, por cierto, de una fórmula francamente demagógica que a poco de andar el gobierno macrista, dejó al desnudo su carácter falaz. La pobreza no sólo que no desapareció sino que, como todos sabemos, ganó en ese pérfido podio un lugar entre los más altos desde el año 1983.
Y, finalmente, hay fuerzas políticas que utilizan como slogans de campaña, propuestas que encierran lo que se podría denominar una promesa autocrítica. El Frente de Todos acuñó una de ese tenor «Volver para ser mejores». Tal como lo anticipa el título, es ésta de la que me ocuparé en este artículo. Sobre todo porque formo parte del esa fuerza política y, por lo tanto, asumo la responsabilidad de ayudar desde mi humilde lugar de militante y dirigente, a cumplir todos los propósitos que permitieron contar con un apoyo mayoritario del pueblo. Por cierto que los mismos fueron muchos, pero hoy haré eje en el sentido de este slogan que también encerrara una promesa de campaña.
En primer lugar cabe admitir que sólo puede volver quien ya estuvo en el lugar a retornar y que, por algún motivo, se alejó de él. En este caso se trata del Frente para la Victoria, que se fue del gobierno tras perder a manos de Juntos por el Cambio las elecciones presidenciales del año 2015. Pero sucede que la promesa de «volver mejores» no partió esencialmente del Frente para la Victoria, sino de una nueva alianza política que se denominó «Frente de Todos» que, como tal, nunca había sido gobierno. Cabe entonces preguntarse: ¿quiénes son los que vuelven pretendiéndose mejores y en relación a qué parámetros ofrecen dicha mejoría los que postularon volver y lo lograron?.
Se trata de un interrogante que difícilmente admita una respuesta unívoca. Pero, más allá de ello, resulta interesante escudriñarlo para tratar de desentrañar, transcurridos ya siete meses de gobierno del Frente de Todos, el rol de las fuerzas políticas y de los dirigentes que lo integran, como también el rumbo político, económico y social que perfila el conjunto de esa fuerza.
De entrada me atrevo a sostener que, en rigor de verdad, hay una sola representación dentro del Frente de Todos que efectivamente volvió al gobierno, porque es la única que ocupó el mismo entre todas las que lo componen. Me refiero, obviamente, a la genéricamente denominada como Kirchnerismo y que se referencia en la figura de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Por lo tanto, en relación a la misma y los dirigentes que la integraron hasta diciembre de 2015, es posible sugerir parámetros de acción de gobierno concretos a cuyo respecto se proponen una mejoría en esta nueva gestión.
Respecto de otras fuerzas y dirigentes, pese a haber participado algunos de ellos del gobierno del Frente de la Victoria, tras abandonarlo tempranamente, regresan desde otros lugares acerca de los cuales cabe analizar a qué refiere la promesa de volver mejores. Tales son, por su relevancia, los casos del actual presidente de la cámara de diputados Sergio Massa y del propio presidente de la nación Alberto Fernández.
Veamos. Dado que reconozco para mi mismo la referencia conductiva de Cristina Fernández de Kirchner, sin pretender ser representativo del total de ese colectivo, me permito arriesgar cuanto yo entiendo lo que para el kirchnerismo representa volver para ser mejores en función de gobierno.
Parto para ello, de afirmar que la fuerza encabezada por la ex presidenta, constituyó en lo que va del siglo XXI, la expresión más fidedigna en la continuidad de lo que llamamos el Movimiento Nacional y Popular en la Argentina. Por ende, las mejoras en la vuelta, no pueden referir sino a la necesidad de afinar los mecanismos que permitan remover los obstáculos que impidieron a las gestiones transcurridas entre 2003 y 2015, profundizar la transformación de las estructuras políticas, económicas y sociales consagratorias de un Estado más justo y una patria económica y políticamente con mayor grado de independencia.
Bajo tal pretensión, en el caso de esta parcialidad política, el slogan bajo análisis conlleva una propuesta y una autocrítica a la vez. Es decir una promesa de hacer todo lo posible por superar aquello que se vió frustrado por las fuerzas que operaron en sentido contrario, pero también por las originadas en limitaciones propias. En tal sentido, recuerdo que la primera en formular su propia autocrítica, no como producto de responder al pedido proveniente de los medios opositores de autoflagelarse, sino como expresión del aprendizaje adquirido como elemento útil para «mejorar» en el futuro, fue la misma Cristina Fernández de Kirchner.. Ello acaeció en el Instituto Patria el día 28 de julio de 2016, en ocasión de la conmemoración del cumpleaños del fallecido comandante Hugo Chávez. Allí Cristina reconoció abiertamente que había subestimado la capacidad de daño de la derecha nativa, creyendo que imponiendo la necesidad de una mayoría calificada para derogar leyes que consagraban derechos esenciales, aseguraba tales derechos. Se refería, entre muchas, principalmente a la derogación por un simple decreto que el «ultra republicano» Mauricio Macri, había concretado de la ley de medios audiovisuales. Concluyó entonces que se equivocó al no promover tras su holgado triunfo electoral en el año 2011 una nueva Constitución Nacional, que asegurara de modo más eficaz tal piso de derechos.
Cabría, tomando ese reconocimiento de Cristina, mencionar muchas frustraciones de parecido tenor. Por caso, la ley de democratización de la justicia, la imposibilidad de derogar la ley de entidades financieras y la de inversiones extranjeras de la dictadura militar, no haber desmontado la monopolización y oligopolización de los formadores de precios causantes de los procesos inflacionarios, no haber avanzado hacia el control del comercio exterior, la insuficiente organización social de las fuerzas que sustentaban el proyecto y, esencialmente, pese al enorme esfuerzo realizado, no haber logrado remover en la sociedad, pero tampoco hacia el interior de la propia fuerza, los sentidos comunes provenientes de la cultura neoliberal predominante en el país desde la muerte del general Juan Domingo Perón en el año 1974. Todas ellas deudas que, sin duda, conforman el plexo programático de la expresión gubernamental del movimiento nacional y popular que, a todas luces, el kirchnerismo supo representar.
Va de suyo, entonces, que el «volver mejores» por parte del ese colectivo político encierra no sólo un propósito, sino también una autocrítica. Una referida a la impotencia o insuficiencia en la adopción de medidas para lograr predominar en la relación de fuerzas y plasmar entera y definitivamente su cometido histórico.
En el caso de los referentes con los que el kirchnerismo conformó el Frente de Todos, el slogan comentado, ofrece dos alternativas: a) que lo refieran a la gestión de gobierno que culminara en diciembre de 2015, en cuyo caso operaría sólo como una crítica hacia dicha gestión; b) que lo refieran a los posicionamientos políticos asumidos por cada uno de ellos, en cuanto los llevaron a actuar de consuno con la oposición política del Kirchnerismo en el gobierno e incluso, en algunos casos, a colaborar decididamente coadyuvando, en una medida indudablemente sustancial, al avasallamiento del campo popular producido durante los cuatro años de gestión macrista neoliberal y neocolonial. Supuesto este en el que el mentado slogan conlleva necesariamente también una autocrítica.
Se podrá sostener igualmente que para estos sectores, la aspiración de volver mejores contiene un doble propósito. Uno el mentado autocrítico, consistente en desandar el camino del colaboracionismo con la antipatria que se habría inicialado mediante su incorporación al Frente de Todos como fuerza nacional y popular y otro que podríamos denominar crítico-constructivo, que persigue coadyuvar a que dicho frente electoral ahora desde la gestión, alcance los objetivos que sus propias limitaciones y el accionar de las fuerzas retrógradas que también alcanzaron a integrar, le impidieron alcanzar durante el período en que gobernó. De alcanzarse este propósito, se habrá logrado la confluencia de ambos sectores en bien del conjunto.
En definitiva, ahora compartiendo un mismo espacio político y de gobierno, todos deben responder al mandato electoral demostrando que, cualquiera haya sido el lugar del que parten, volver mejores es lograr todos juntos que el pueblo argentino disfrute de una patria cuyos niveles de justicia social, independencia económica y soberanía política concuerden con la línea histórica que distingue al modelo nacional y popular. Aquel que lo diferencia del modelo de la entrega cipaya consagrado a partir del nefasto resultado de la batalla de Caseros aquel aciago 3 de febrero de 1852 y que, recientemente, alcanzara una expresión lindante con la ignominia, durante los cuatro años de gobierno macrista.
En este contexto, la conducta de cada uno posibilitará discernir quienes han sido fieles al mentado slogan de campaña y, en su caso, quienes lo han malversado. De su acabado respeto, en definitiva, dependerá el éxito o el fracaso del proyecto actualmente en el gobierno.

(*) Abogado penalista, dirigente político y ex concejal de Pilar.

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