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Doloroso informe: las consecuencias del kirchnerismo en los hogares argentinos

El dato se desprende de un estudio realizado por Barrios de Pie, que muestra el impacto de la falta de recursos sobre la alimentación y la malnutrición infantil.

Un estudio médico realizado por los profesionales de la Universidad Popular del movimiento Barrios de Pie refleja que la “malnutrición global” es del 48,6%; un 4,5% más alto que en 2019. El estudio se realizó en 15 provincias de nuestro país a más de 2300 familias, y demuestra «el preocupante impacto que tiene el proceso inflacionario actual sobre la alimentación de las familias de menores recursos».

Los números son alarmantes: las familias han reducido sus porciones de comida, los niños no logran ingerir los nutrientes necesarios para un crecimiento acorde y en la mesa hay mucha menos carne.

«Se observa que solamente el 17% de las familias comen carnes o huevo una vez al día como recomienda el Ministerio de Salud de la Nación (2016), o sea que el 83% de las familias reciben un aporte proteico con una frecuencia menor a la recomendada«, dice el estudio.

Y continúa: «El 30% de las familias consumen estos alimentos solo una vez por semana o menos. Asimismo, el consumo diario de verduras alcanza solo al 14% de las familias, mientras que el 44% las consume una vez a la semana o menos. Si vemos el consumo de frutas es diario solo en el 19% de los casos, mientras que el 37% las consume 1 o menos veces a la semana. Al analizar los lácteos, solo el 25% los consume diariamente, en tanto que el 32% de las familias lo hicieron 1 o menos veces por semana».

Al preguntar por el consumo de carne vacuna, el informe demuestra que los cortes «más consumidos por las familias son aquellos altos en grasa y de menor costo, como falda, picada, osobuco y espinazo, consumidos por el 73% de las familias. Pero además, el 55% de las familias solamente consume este tipo de cortes».

En cuanto al pollo, el 47% de las familias comen alitas, carcasa y menudos, todos cortes de alto contenido graso. Además, estos cortes son el único aporte de pollo para el 28% de las familias. Ahora, si contamos las familias que solamente consumen cortes de vaca o pollo de estas características, el número alcanza al 21% de las familias. O sea, 1 de cada 5 familias solo consumen carnes de vaca y pollo con alto contenido graso y bajo en proteínas. Si a esto le sumamos la baja frecuencia de consumo de carnes y huevo que describimos en el punto anterior, queda claro que el aporte proteico de las familias es bajo y con grandes proporciones de grasas saturadas».

A su vez, respondieron haber tenido que disminuir el consumo de carnes el 54% de las familias, de frutas el 49%, de verduras el 43% y de lácteos el 44%. Por el contrario, si analizamos los alimentos ricos en hidratos de carbono como papa, batata, arroz y fideos, vemos que hay una reducción del consumo del 24% frente a un 35% que lo aumentó, como era de esperar de alimentos que son más baratos y rendidores aunque nutricionalmente mucho menos convenientes.

Finalmente, el 87% de las familias refirió preocupación porque los alimentos se acabarán en su hogar por falta de recursos. El 58% de las familias refirió que tuvo que servir porciones menores a los adultos, mientras que el 33% tuvo que hacerlo también con sus niños. También, el 46% respondió que por lo menos un adulto dejó de realizar alguna de las comidas diarias por falta de recursosmientras que eso se replica para los niños en el 23% de los hogares, prácticamente 1 de cada 4.

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