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El grifo de la corrupción que sigue abierto (y, al parecer, sin miras de cerrarse)

Los mismos que deben controlar para evitar la corrupción, son los que hoy buscan volver a sus cargos, sea en el Ejecutivo o en una banca.

La denuncia por robo de combustible en el municipio de Pilar, por poner un ejemplo en materia de corruptela gubernamental, provocó un verdadero escándalo en la opinión pública local, aunque no en la clase política. Apenas si hubo alguna que otra tibia reacción -que no pasó de promesa (incumplida) de investigación-, pero la mayoría de sus integrantes hizo mutis por el foro y prefirió mirar para otro lado.

Y eso que, como nunca antes en la historia política del distrito se había escuchado vía radio (Cadena 94.5), en El 1° de la Mañana, el envío que conducía el periodista Claudio Ponce de León, la confesión desde Sierra Chica, del único detenido por manipular tarjetas para beneficiar a funcionarios y concejales, además de una larga lista de parientes, que no vacilaban en acercarse a una estación de servicio de Villa Rosa para llenar los tanques de sus automóviles con el combustible que pagamos entre todos. Para no hablar de la reventa de hectolitros de nafta, y de la que iba a parar a las máquinas pertenecientes a a familia De Achával, según algunas investigaciones publicadas oportunamente en este portal.

La indiferencia evidenciada en especial por los concejales de ese momento, atendiendo a que su principal rol institucional es el contralor del Ejecutivo -sobre todo en lo que a las cuentas concierne- fue atronadora. Ninguno se hizo cargo de la cuestión, y es comprensible: los alcanzaba a todos. Porque irregularidades como la planteada en este caso, no es patrimonio de un solo gobierno; llegó hasta la gestión del mismísimo Nicolás Ducoté. Eso, sin mencionar los desempeños de Zúccaro y sus predecesores.

El caso es que quienes jamás alzaron su voz para defender el patrimonio de todos, y velar por la salud administrativa del distrito, son quienes hoy atiborran las redes y visitan los barrios con críticas pueriles y carentes de contenido y promesas de un mundo mejor sin corruptos (que siempre son los otros). Desde el intendente, que va por su reelección hasta los candidatos de la pretendida oposición como Sebastián Neuspiller y Adriana Cáceres, que van por la vida repitiendo consignas que consideran combativas y gancheras y no son más que juegos de palabras craneadas por un focus group que no tiene idea ni dónde queda Pilar.

Ocupados en estas consignas como están, se olvidan de contarle a la gente de lo que (no) hicieron en sus bancas como concejales ni qué o cómo hacer todo lo que le falta a los ciudadanos del distrito; se limitan a declaraciones que no pasan se ser meras enumeraciones principistas.

Quienes los secundan en las listas tampoco son demasiada garantía de transparencia y eficiencia, ya que hablamos de gente que hace años disfruta de las mieles de un Estado diseñado para beneficiar sólo a los que viven bajo su paraguas protector como Analía Leguizamón, ex concejal, e Inés Ricci, que va por otro período en el Concejo, en el caso de Neuspiller; y la radical Claudia Zakhem y Adrián Maciel, ambos también por su reelección en sus bancas, en el caso de Cáceres.

Ninguno de ellos se caracterizó por su diligencia a la hora en enfrentar estos temas; todo lo contrario, y con su silencio casi que avalaron estas irregularidades, lo que los convertiría en cómplices. En el caso particular de Cáceres, un agravante: un audio en el que, escandalizada, públicamente prometió ocuparse de la causa combustible, aunque luego, después de un correctivo que le aplicaron en el palacio municipal, ya no volvió a mencionar la cuestión.

 

 

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