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Informe: el concejal y los negocios de la pandemia

Apenas asumió el puntero Maximiliano Aguirre como concejal de Pilar en reemplazo del médico Daniel López (ahora director del Club Municipal de Del Viso), comenzaron a aparecer los recuerdos sobre su desempeño en el vacunatorio del Km 46, durante la pandemia de Covid-19.

En ese sentido, cabe recordar las dudas -por decirlo de alguna manera- que dejó la gestión de la emergencia sanitaria tanto en la nación como en la provincia, con conductas que todavía investiga la justicia respecto, fundamentalmente, a los formidables negocios que hicieron funcionarios, amigos y favorecedores en desmedro de las necesidades reales de una ciudadanía que jamás había atravesado situación semejante.

Al parecer, Pilar no fue ajena a esta tendencia, a juzgar por lo que recuerdan quienes estuvieron en la trinchera que tuvo al personal de Salud como protagonista.

Y aquí aparece la figura del ahora concejal Maximiliano «Maxi» Aguirre, que casi recién llegado de su Salta natal, pasó a ser designado Coordinador General del vacunatorio ubicado en el km 46. Junto a su comprovinciano Juan Carlos Moreira, un licenciado en Servicio Social, se hicieron dueños del lugar y hasta llegaron a arrimar al municipio la empresa que alquiló -o vendió, no se sabe muy bien- los contenedores que se emplazaron en el lugar. Por supuesto, esto fue convenientemente agradecido por la empresa en cuestión que, además, es la misma que, a posteriori, proveyó y provee los servicios de telemedicina que se instalaron en los diversos CAP del distrito. Pero de esto hablaremos más adelante.

Volviendo al km 46, donde reinaban Aguirre y Moreira (no faltan los malpensados que aseguran que oportunamente compraron los contenedores y después se los alquilaron a la comuna), la mayoría de los empleados no pertenecían al municipio, sino que se trataba de personal que, como monotributista que era, facturaba honorarios. Además, todos los meses recibían un «extra» de 90 mil pesos (a 200 el dólar por ese entonces, hablamos de 450 dólares, unos 450 mil pesos de hoy), no se sabe muy bien en concepto de qué. No faltan quienes aseguran que se trataba de una manera de comprar silencio frente algunos desmanejos de los que eran testigos. Y si bien ni los antiguos empleados pueden asegurar a qué se debía ese «premio» que no aparecía en ninguna liquidación oficial, recuerdan con toda exactitud que llegaba en efectivo en la camioneta del también concejal Juan Pablo Roldán (hoy en el Ejecutivo, a cargo de los CAP del distrito), y la recomendación que acompañaba cada sobre: «no hablen de esto porque si la gente de Salud, que cobra poco, se entera, se va a enojar y ustedes no cobran más».

Incluso hay quien dice saber que el dinero salía de las arcas de Anses que conducía la también hoy concejal Rocío Beláustegui, aunque ya dejó su banca para ocupar un lugar en el área de Salud de Federico De Achával.

En cuanto al dúo Aguirre-Moreira, que eran tan amigos que juntos llegaron a fundar en Derqui la agrupación «La Macacha», el final de la sociedad llegó cuando el primero consiguió en la UNPAZ su título de Asistente Social, y ya no necesitó del segundo para firmar los proyectos que elevaba al Ejecutivo como el de la telemedicina. A Moreira, como para no desairarlo, lo elevaron a director adjunto del hospital Falcón, a despecho de la bronca de los médicos que esperaban un profesional como ellos en ese lugar.

Ya con su ex amigo bajo techo, Aguirre se convirtió en el secretario del titular de Salud, Hernán Galimberti, y desde ahí saltó a la Dirección de Innovación Técnica, desde donde se encargaba del parque tecnológico de la comuna. Y ahí aparece esa cuestión de la telemedicina, por la que médicos de las ciudades de Rosario, Santa Fe y Córdoba atienden a los pacientes de Pilar vía pantalla de computadora. Esta empresa, que le cobra sus servicios al municipio, también se encarga de la venta e instalación de las máquinas necesarias, como la de la cabina que inauguró el gobernador Kicillof en el km 46.  Ahí, parece, Aguirre se mueve como pez en el agua, a partir de un whatsapp por el que el director de la empresa prestataria califica su tarea (la de «Maxi») con solo una palabra: «excelente!!».

En este punto, dicen los que saben, la palabra cierta que podría caber es «retorno».

Al mismo tiempo, mientras subía en el escalafón municipal, «Maxi» no dudó e hizo designar bajo su ala a nueve parientes, la mayoría sobrinos, repartidos entre la maternidad, el hospital y cómputos. Incluso se asegura que uno de sus hermanos, con un diagnóstico de enfermedad mental severa, cobra un sueldo de municipal aún cuando el hombre está largamente impedido de trabajar. Y de hecho, al asumir como concejal, dejó su lugar en Innovación a su primo hermano Paulo Aguirre, que en Salta se desempeñaba como periodista.

Hasta aquí, la primera parte de un informe mucho más amplio que abarca a otra áreas del municipio de Pilar. Claro que hay mucho más de lo ocurrido en pandemia y con otros protagonistas además del mencionado Aguirre. Lo curioso es que la conducta de estos personajes es advertida por muchísima gente, salvo por sus superiores, como el propio Secretario de Salud, el intendente, y sus colegas concejales, a quienes todo lo referente a la administración, por lo visto, les es ajeno.

 

 

 

 

 

 

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