Economía

En julio, otras 948 empresas bajaron sus persianas

La crisis del sector productivo sumó otro capítulo durante julio: la Argentina registró 948 empleadores menos que en junio, una caída del 0,2 por ciento, de acuerdo con las estadísticas de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT). El dato profundiza una tendencia que acumula 18 meses consecutivos de bajas mensuales y deja al descubierto las dificultades que atraviesan las empresas para sostener su actividad y mantener personal registrado.

El balance desde la llegada de Javier Milei al gobierno es todavía más contundente. En noviembre de 2023 había 512.357 empleadores con trabajadores registrados; en julio de 2026 quedaban 480.067. La diferencia representa una caída del 6,3 por ciento, equivalente a 32.290 empleadores menos. En la comparación interanual, el retroceso fue de 15.475 unidades, un 3,1 por ciento. No se trata de un episodio aislado, sino de una contracción prolongada que golpea la capacidad de la economía para sostener puestos de trabajo formales.

El deterioro también se refleja en el empleo. Según los datos difundidos sobre la misma serie, entre noviembre de 2023 y julio de 2026 se perdieron 437.611 puestos de trabajo registrados. Mientras el Gobierno reivindica el ordenamiento macroeconómico y la desaceleración de la inflación como señales de recuperación, la actividad productiva enfrenta una cruda realidad: menos empleadores, menos puestos formales y mayores dificultades para sostener el mercado interno.

Los sectores más castigados permiten identificar el impacto del modelo económico. Desde noviembre de 2023, transporte y almacenamiento perdió 7.043 empleadores, una caída del 17,84 por ciento; las actividades inmobiliarias retrocedieron un 14,23 por ciento, con 4.223 unidades menos; y la construcción registró una baja del 9,64 por ciento, equivalente a 2.099 empleadores.

En julio, además, alojamiento y gastronomía sufrió una contracción mensual del 0,7 por ciento, con 168 empleadores menos. Son actividades sensibles al movimiento económico, la inversión, el consumo y la circulación de bienes, todas variables afectadas por el freno de la actividad.

La retracción tampoco se limita a unos pocos distritos. Durante julio, 17 de las 24 jurisdicciones registraron bajas mensuales en la cantidad de empleadores. En la comparación con el mismo mes de 2025, 23 provincias tuvieron menos unidades empleadoras, mientras que Neuquén fue la única que mostró un crecimiento interanual. Desde el inicio de la gestión libertaria, también se mantiene como la excepción en el balance acumulado, con una suba del 1,1 por ciento. La amplitud territorial de la caída revela que las dificultades para sostener empresas atraviesan buena parte del país.

El contexto macroeconómico refuerza las señales de alarma. Según el INDEC, en julio de 2026 la actividad económica cayó un 2,9 por ciento respecto de junio, en la medición desestacionalizada, y un 1,4 por ciento frente al mismo mes del año anterior.

El dato confirma que el ajuste y la reorganización de la economía no se traducen automáticamente en más producción ni en una expansión sostenida de la actividad.

Con miles de empleadores menos y cientos de miles de puestos formales perdidos desde el cambio de Gobierno, el desafío excede el equilibrio de las cuentas públicas: la pregunta es cuánto tejido productivo puede perder la Argentina antes de que la recuperación prometida se convierta en una oportunidad cada vez más lejana para quienes viven de su trabajo.

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