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Lacunza, Bullrich y Milei: una paradoja política con la mira puesta en la Casa Rosada

Por Nicolás Sanz (*)

Fue poco lo que le duró la alegría al presidente Javier Milei tras ser sobreseído en un fallo totalmente escandaloso por el juez federal Marcelo Martínez de Giorgi en el marco del criptoescándalo $LIBRA.

Es que el domingo en horas de la noche se enteraba que su amigo Flavio Bolsonaro, a quién había bancado incluso en Estados Unidos, había perdido las elecciones frente a un Lula da Silva que iba en busca de su cuarto mandato.

El silencio ensordecedor contrasta con la algarabía con la que hubiese celebrado la victoria de Bolsonaro, hecho que se puede deducir teniendo en cuenta que según el jefe de Estado es el gran hacedor del giro hacia la derecha de todo el continente.

El desafortunado comentario de mandar a los periodistas a la hoguera no hizo más que calentar la interna dentro del entorno libertario y fue de hecho la presidenta del bloque de senadores oficialistas Patricia Bullrich quien salió a despegarse.

Aún así, el presidente insistió y mantuvo su postura al retuitear con su famoso “NOL$ALP” un posteo que decía que los periodistas que se quejan de las palabras del presidente están “enfermos de literalidad”.

Literalidad en realidad es lo del presidente cuando dice que si la gente no llegara a fin de mes pasaría diez días sin comer ni beber. Eso es estar enfermo de literalidad. Todos saben que nadie mandará a los periodistas a una hoguera, que es una expresión, pero que de todas formas es poco feliz, sobre todo porque ocurre meses antes de cumplirse el 30 aniversario del asesinato de José Luis Cabezas.

“Se victimizan tomando la expresión como una orden literal. ¿Son boludos o se hacen?“, lanzó el usuario @ViejoLibertario en X en el mismo comentario que Milei retuiteó y pasó a hacer un “análisis” polarizando dichos similares hechos por Daddy Brieva o Cristina Kirchner, sosteniendo que los periodistas, ante ello, no se escandalizaban. ¿Es boludo o se hace?

Como sea, la realidad que es todo un dato que Bullrich se haya despegado, porque lo hace con intenciones meramente electorales. Ello se expone al haber sido una de las personas participantes de la cena de la Fundación Faro donde el presidente pronunció las desafortunadas palabras.

No solo eso, después, en su cuenta de la red social X, posteó una foto abrazando a Milei con la frase “una noche de ideas y de libertad en Fundación Faro con el Presidente”.

Como puede verse, lo de Bullrich, que dijo que Milei cruzó un límite, no es más que una postura forzada ante la avalancha de repudio que generaron los dichos del mandatario y no una postura real.

Bullrich ya lanzó, sobre todo durante la semana pasada, una serie de gestos vinculados a su futuro política y electoral, siendo que no niega sus intenciones de ser presidenta y hasta insiste en que está preparada para ello.

Y mientras la interna se profundiza entre Milei y Bullrich, Hernán Lacunza sigue con sus intenciones de llegar a la Casa Rosada y parece haber encarado una estrategia bastante clara.

Lo que hace el referente del PRO es contraatacar las estrategias de Milei. Por ejemplo, cuando dicen que el presidente no es tibio porque insulta y dice las cosas de frente, Lacunza sostiene que “un insulto desde el poder del Estado es todo lo contrario a la valentía”.

Es exactamente lo mismo que hizo cuando dijo que había que cambiar la motosierra por una cementera. En vez de utilizar su fuerza usa la del presidente para intentar ganar una pelea electoral.

Entonces lo que se ve es un presidente ensimismado, que para intentar ganar la batalla electoral levanta la voz y un referente del PRO, que no cree en una alianza con LLA, que utiliza ese mismo volumen para no desgastarse las cuerdas vocales.

En el medio una senadora oficialista con fuerte peso político que se desmarca solo cuando lo considera 100% necesario para intentar quedarse con el electorado de ambas partes.

En fin. Milei grita para imponer su agenda, Lacunza intenta capitalizar cada uno de esos excesos y Bullrich mide sus silencios y sus distanciamientos según el costo político de cada momento.

Los tres miran hacia la Casa Rosada, aunque cada uno haya elegido un camino diferente para llegar y en esa disputa, el que más levanta la voz puede terminar siendo el que más necesita que otros dejen de escucharlo. Paradojas de la política.

 

(*) Secretario General de Redacción del portal Tribuna de Periodistas

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