Municipios

El clima mejora, pero la improvisación munícipe sigue como siempre

Es cierto que no hay mucha memoria de un temporal similar al que vivimos estos días, pero también es cierto que la ineficiencia municipal para atender emergencias como ésta se mantiene inalterable.

Según el pronóstico, en el norte de la provincia se espera una mañana con lluvias aisladas y continuará así durante la tarde. Por la noche irá mejorando, con cielo mayormente nublado. Con vientos del sector este, para hoy la temperatura estimada será de 18 grados de mínima y 23 grados de máxima.

Es decir, lentamente la caótica situación planteada por lluvias que superaron largamente la media prevista para el mes de marzo en la región -en unas 40 horas cayeron unos 193 milímetros- va llegando a su fin, aun cuando el fin de semana el agua podría volver aunque no con la intensidad registrada en los últimos días.

El caso es que los pilarenses soportaron casi una semana con el agua al cuello, y no es una metáfora. Las inundaciones se sintieron en todo el distrito, y vecinos que jamás habían sido afectados por un fenómeno semejante -residentes de Pilar de toda la vida- vieron azorados como el agua ingresaba a sus viviendas sin encontrar contención alguna. Para no hablar del tránsito, con varias vías importantes que debieron o cortarse o restringirse por las enormes lagunas que se formaron en el asfalto. Mención especial para las calles de tierra (la mayoría), que si ya son difíciles de transitar en días normales, con lluvia, directamente, se convierten en infames lodazales imposibles de sortear.

Y en medio de la emergencia, incluso cuando las lluvias arreciaban en su mayor punto, recién aparecieron los municipales para zanjear y destapar desagües y alcantarillas. Con máquinas y herramientas, el personal encaró la tarea de intentar que el agua escurriera de la mejor manera, pero, por supuesto, no dieron abasto.

Casi como una costumbre, el municipio salió a aliviar a los vecinos a destiempo, a las apuradas, a la bartola, en lugar de convertir esta faena en una constante disciplinada y permanente, concretada en épocas de clima más benigno. Esta nota, por supuesto, no pretende cuestionar al personal, al de pico y pala, que recibe órdenes de superiores que, al parecer, no están enterados de que ya en noviembre pasado los meteorólogos ya aseguraban que se venía un semestre «muy llovedor» en esta zona del planeta.

Algo raro debe pasar como para que quienes deciden las obras del municipio no quieran saber nada con la planificación y el orden, con anticiparse a fenómenos que se sabe, pasarán, como las lluvias que no es un fenómeno que no se puede predecir como un terremoto o un tsunami (y hasta por ahí nomás).

Si bien el municipio reaccionó tarde frente a la exigencia climática, vale dedicar algunas palabras a los mismos residentes, a aquellos que utilizan las zanjas como basureros personales, que se resisten a mantenerlas limpias convencidos de que «no les corresponde», a los que les importa nada el prójimo con el que comparten el espacio. Quizás si el municipio activara eficientemente sus dispositivos de mantenimiento del zanjeo, se podría pensar en algún apercibimiento, alguna pequeña multa o sanción para quienes observan conductas tan desaprensivas para con sus vecinos.

 

 

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