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González, el sindicalista que solucionaría sus problemas con la plata de sus afiliados

Sergio Federico González es el secretario general del Sindicato de Químicos y Petroquímicos seccional Pilar, y entre el año pasado y éste, pagó más de un millón de pesos para arreglar extrajudicialmente con quienes lo denunciaron por daños y perjuicios. Claro, no faltan quienes aseguran que el dinero no era suyo, sino de los afiliados al gremio que representa.

La causa se inició en 2013 en la UFI N°1 de Pilar, cuando dos hombres (R.A.G. y (A.L.) denunciaron a González y a Oscar Hugo Sosa como los autores intelectuales y materiales de un feroz ataque que los dejó severamente lastimados y perdidosos de sus bienes.

El episodio ocurrió cuando después de una movilización de los químicos a la plata de Jhonson, en el Parque industrial, y los muchachos volvían a la sede del centro de Pilar, abrumados por cargar con el peso de la logística típica de estas manifestaciones, González recibió un llamado que lo enfureció.

Pero no era la primera vez de una reacción semejante. Dicen los que lo conocen que el hombre es muy propenso a las reacciones destempladas, que anda «enfierrado» y que le gustan mucho los cuchillos, ya que se reivindica como hombre de campo, lo que explica su afición a los caballos (dicen incluso que es dueño de algunos) y a las carreras.

El caso es que el llamado de ese día lo alertó sobre la presencia de gente del sindicato de químicos de Avellaneda, una organización «rival», charlando con trabajadores de otra planta del Parque, y como González no estaba dispuesto a permitir que se entrometieran en lo que considera «su» territorio, ahí nomás reunió a sus muchachos (varios) para que marcharan y expulsaran a los «invasores».

Y allá fue el grupete, decidido a hacer justicia y no dejarse arrebatar lo conseguido con duro esfuerzo. Llegaron a la empresa en cuestión, y arremetieron, con González a la cabeza, sobre tres hombres indefensos que recibieron una golpiza monumental. Hubo huesos y dientes rotos, ojos amoratados y mucha sangre, pero no conformes, los muchachos del secretario procedieron a destrozar el vehículo de uno de ellos (que lo había comprado hacía un par de días) y robar todas sus pertenencias.

Luego volvieron a Pilar y se regodearon por varias jornadas de su «hazaña». Al parecer, la pelea desigual es su especialidad y algo de lo que hay que jactarse.

Por supuesto, los agredidos no se quedaron quietos y denunciaron a González y a su mano derecha, y cuando la causa estaba a punto de ser elevada a juicio oral, el secretario supo que ya no tenía mucho margen de acción y aconsejado por su abogado Julio Chavarría, decidió arreglar el tema extrajudicialmente.

El 17 de diciembre del año pasado, en una mediación, el secretario pagó 650 mil pesos a cada damnificado, 325 mil con cheques certificados del Banco Nación a uno y del Banco Hipotecario al otro. El resto se terminó de pagar el 17 de enero del 2020 con sendas transferencias bancarias.

Además, en el mismo acto, debió pagar los honorarios del letrado querellante, Marcelo Rullansky, suma que ascendió a 260 mil pesos y que el abogado recibió «de conformidad».

Obviamente, los afiliados al sindicato no tardaron en preguntarse -por lo bajo, claro está- de dónde sale la plata con la que Gonzalez «zafa» tan alegre y despreocupadamente de sus problemas judiciales. Esto, porque al parecer no es la única oportunidad en la que tuvo que desembolsar generosas sumas para acallar agredidos y a quienes lo ayudan a que sus reacciones no lo lleven a dar con su alma en algún calabozo.

Tal vez el secretario deba tomar algún curso de manejo de ira. O de meditación. O de algo que le permita apaciguar las turbulencias de su espíritu. Sólo por el bien del patrimonio de la gente a la que dice defender.

(A.S.)

 

 

 

 

 

 

 

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