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La burocracia se ensaña con una nena con retraso madurativo

Guadalupe tiene apenas 8 años, y fue diagnosticada con retraso madurativo y autismo. Aún así, tiene que sortear los insondables recovecos de una burocracia que se empeña en hacerle la vida más difícil.

Por María de Guadalupe, habla su mamá, Elda Quiles, la encargada de caminar pasillos y oficinas para conseguir no ya un subsidio para su hija sino lo que le corresponde por derecho debido a su condición.

Primero, fue la lucha por conseguir un diagnóstico médico certero que le permitiera acceder al Certificado Único por Discapacidad y el carnet correspondiente, que al final sólo consiguió por tres años. El trámite fue rechazado una y otra vez por Pilares de Esperanza por dudas con el diagnóstico, hasta que lo consiguió después de un operativo barrial.

Ya con el carnet en mano, el peregrinaje de Elda siguió por Anses y PAMI por la pensión de Guadalupe, donde se la rechazaron sin más explicaciones. Sólo le dijeron que «espere la pensión del padre, que cuando se muere le queda a los hijos».

Y aquí aparece otro dato que explica parte de la historia. El papá de Guadalupe es oxígeno dependiente por Epoc, y recibe una ayuda financiera de 90 mil pesos por un accidente laboral que sufrió en su juventud y le costó un pulmón. También recibe su jubilación (la mínima), y es titular de un vehículo modelo 2002 que, obviamente, nadie utiliza.

El PAMI, entonces, justifica su negativa al reclamo de pensión en la situación financiera del papá, como si lo que el hombre percibe alcanzara para mantener una casa donde además hay otros dos hijos, uno de ellos también discapacitado.

El caso es que Guadalupe necesita, para su calidad de vida, una serie de insumos que no son baratos, y que hasta ahora recibe gracias al enorme esfuerzo de su madre, que casi debe hacer magia para equilibrar su magro presupuesto.

Quizás vaya siendo hora de mostrale a «Guada» que de verdad «el Estado la cuida», y que el discurso de la inclusión no es solamente un verso, una consigna vacía que se repite hasta el cansancio sólo para levantar la tribuna. Esto, aún cuando la nena no pertenezca a algunos de esos grupos -minoritarios, además- que reciben cuantiosos subsidios por el solo hecho de simpatizar con determinados esquemas partidarios.

 

 

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