Municipios

La verdadera historia detrás de un acto propio de innobles e irresponsables

El último viernes el microestadio Ricardo Rusticucci fue el escenario para el cierre de la prueba piloto del programa Licencia Joven, con el gobernador Axel Kicillof como principalísima figura y una multitud de adolescentes de secundaria todo el distrito.

Claro que Kicillof no estuvo solo: lo acompañaron el intendente local Federico De Achával; el ministro de Transporte,Jorge D’Onofrio; el director general de Cultura y Educación, Alberto Sileoni; la subsecretaria de Educación, Claudia Bracchi; la senadora nacional Juliana Di Tullio; la legisladora bonaerense Luciana Padulo; el director Ejecutivo de la Agencia Nacional de Seguridad Vial, Pablo Martínez Carignano; y el intendente de Navarro, Facundo Diz.

Ya resultaba llamativa la cantidad de funcionarios -y todos con jinetas- para un acto que no revestía una trascendental importancia en el contexto ni del distrito ni de la provincia -el cierre de la prueba piloto del programa Licencia Joven-, pero hablamos de políticos, de gente que no da puntada sin hilo ni respeta tan siquiera a los chicos, como veremos a continuación.

Para ese viernes, los directivos escolares, siempre deseosos de agradar al gobierno, les pusieron cualquier pretexto a los padres para llevarse a sus hijos de los colegios al Microestadio. En Derqui, por ejemplo, a los progenitores de la Media 2 se les habló de un encuentro en la Escuela Técnica de la misma localidad para aquellos que, orientación vocacional mediante, se inclinen por profesiones relacionadas con esta materia, a lo que los padres accedieron gustosos firmando las autorizaciones respectivas.

El caso es que, a medida que llegaban a buscar a sus hijos a la Técnica, se iban anoticiando que, en realidad, estaban en el Rusticucci, donde fueron trasladados en micros de dudosa habilitación para participar -hacer número- de un acto que la mayoría no entendía. Porque si bien es cierto que algo de Licencia Joven había, no todos estaban por lo mismo.

La verdad de tanto despliegue es muy otra: confiado el intendente De Achával de la aprobación, el jueves en Diputados, del proyecto que daba vía libre a la Universidad del Pilar, se apuró y organizó este encuentro convencido, junto con los funcionarios de la provincia, de que ese visto bueno agregaba un par de puntitos a unas encuestas que no arrojan números  demasiado favorables para con el Frente de Todos.

Pero Juntos por el Cambio les aguó la fiesta al frustrar la sesión en la Cámara Baja, por lo que el expediente con la universidad no se tratará sino hasta el año próximo. Y ya que estaban bañados y afeitados, decidieron seguir adelante y buscar otro pretexto como para justificar una convocatoria multitudinaria -y una supuesta adhesión joven-, y ganar otra vez la centralidad en un proceso preelectoral donde no tienen mucho para mostrar desde el punto de vista de la gestión.

Es cierto que cada uno hace política como quiere, y si le gustan o cree que estos actos suman votos, está en su derecho. Lo censurable es la utilización de adolescentes, que recién comienzan a madurar en sus elecciones y preferencias, como forzado auditorio porque, tal vez, no se consigue público voluntario. Hay que sumar aquí el engaño a los padres, que confían en que sus hijos están en un determinado lugar y resulta que, decisión docente mediante, están en otro. Para no hablar de la irresponsabilidad que implica sacar a los chicos del colegio, su ámbito natural, y llevarlos como mansa manada a aplaudir al gobernante de turno. Y esto les cabe tanto a los organizadores de estos actos como a los directivos de las escuelas.

Lo curioso en esta situación, claramente, es la pasividad de los padres, que permiten que manipulen a sus hijos de la peor manera sin ejercer la más mínima protesta.

 

 

 

 

 

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