Nación

Encuesta: el 50 por ciento le pide a Alberto rompa su alianza con Cristina

Esto es lo que surge de una encuesta nacional de Synopsis, sobre 1343 casos consultados durante el mes de abril en las principales ciudades del país, con margen de error de +/- 2,8%. El 60,9 por ciento de los encuestados afirmó que desearía que la incidencia de Cristina Fernández de Kirchner sobre el presidente fuera “baja” o directamente “nada”. Incluso esta expectativa es reconocida por votantes del Frente de Todos.

Según Lucas Romero, director de Synopsis: “El modo en que se gestó el Frente de Todos vuelve relevante entender cómo se toman decisiones en una coalición de gobierno, donde la vicepresidenta (y quien aportó buena parte de la base de apoyo electoral del triunfo del frente) eligió al presidente. Y también se vuelve relevante comprender cómo se toman decisiones en esta coalición de gobierno, porque, en el fondo, la suerte de contrato electoral que firmó Alberto Fernández con sus votantes es que les aseguró que quien iba a gobernar era él y no Cristina”.

“De hecho,  eso fue, en parte, el motivo por el cual el Frente de Todos pudo ampliar la base de apoyo electoral que tenía el kirchnerismo: al ofrecer una cabeza más ‘moderada’, más ‘dialoguista’, que se diferenciaba de los vicios que buena parte de la sociedad rechaza del kirchnerismo».

Pese a que el presidente mantiene una imagen positiva altísima, la misma decae cada vez que Cristina asume cierto grado de protagonismo público o, como durante el sábado, Axel Kicillof sale a denunciar las falencias del gobierno de María Eugenia Vidal. Sin olvidar que, como contrapartida, el núcleo duro del kirchnerismo le exige un acercamiento más pleno e, incluso, una subordinación explícita a la vicepresidenta.

En la encuesta de Synopsis se pregunta sobre «el rol de CFK en el gobierno de Alberto Fernández». «¿En cuánto cree que está incidiendo Cristina Kirchneren las decisiones del gobierno de Alberto Fernández?» A lo que un 43,5 por ciento respondió «alta incidencia». Ya que el 13,7 por ciento contestó «no sabe/no contesta», más de la mitad de las opiniones positivas prefirieron esta opción. Un 24,7 respondió «baja incidencia», y la opción intermedia alcanzó un 18.

Pero cuando llega la pregunta decisiva, “¿Cuánta incidencia les gustaría que tuviera Cristina en el gobierno de Alberto?”, un 56,1 responde «nada» y un 4,8 «baja». Sólo un 10,3 por ciento responde “mediana” y un 18,5 “alta”. Los ns/nc suman el 10,3 por ciento. De este modo, excluidos los que no emiten opinión, el 60,9 por ciento que desearía la exclusión de Cristina del gobierno de Alberto Fernández ascendería casi al 67.

Según Romero, el presidente tiene un interrogante de hierro frente así, ya que «el 24,4 de los que desean baja incidencia de Cristina son votantes de Alberto Fernández; y el 21,5 de los que desean que ella no tenga ninguna incidencia también son votantes de Alberto Fernández».

«Estos números permiten comprender una dimensión relevante del resultado electoral de 2019: muy buena parte del éxito electoral de Alberto Fernández se explica por el peso estratégico que tuvieron aquellos votantes que se convencieron de votar al Frente de Todos, porque le creyeron a Alberto Fernández que el que iba a gobernar era él y no Cristina. Quizá no son la mayoría de los votantes del Frente de Todos, pero se vuelven estratégicos para conservar la base de apoyo y sustentación».

El día sábado, por caso, Gabriel Mariotto afirmó que “si Alberto no hubiese sido moderado, no ganábamos las elecciones, pero yo no me quiero moderar”. Esta posición es compartida por el ala dura del kirchnersimo, y también por los sectores más combativos del peronismo que observan con espanto la excelente sintonía existente entre el presidente y Horacio Rodríguez Larretay el resto de los gobernadores de Juntos por el Cambio. Tal es el caso de un peronismo doctrinario liderado por Guillermo Moreno, quien ha visto subir considerablemente sus acciones en los últimos meses gracias a una coherente sobreexposición mediática.

La sociedad, en tanto, parece ensayar una mirada más conciliadora de la que expresa la militancia. Esta cuestión genera preocupación en el gobierno, ya que si bien la imagen de Alberto sigue siendo elevada, experimenta un retroceso en las últimas semanas. Romero lo explica del siguiente modo: «El apoyo a Alberto Fernández es el que se pone en riesgo cada vez que Cristina levanta el perfil y muestra alta incidencia en las decisiones de gobierno. Porque el 48,2 por ciento de votos del Frente de Todos se compone de dos grupos de votantes diferenciados: 1) Una mayoría de adeptos de Cristina que aceptaron la resignación de su líder para ganar la elección, y 2) Una minoría de votantes refractarios a Cristina, que aceptaron la propuesta que sea Alberto Fernández el que gobierne y no Cristina. Para conservar ambos apoyos, se requiere que se cumpla la promesa electoral y que Cristina tenga baja incidencia».

Poco favor le hacen al presidente, además, las marchas y contramarchas en la designación de referentes del Pro en cargos estratégicos o la continuidad de buena parte de los agentes que formaron parte de la administración de Cambiemos, con el aval de su jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, que terminan generando rechazo en uno y otro segmento de la grieta, y proyectan una sensación de debilidad e indefinición sobre el gobierno nacional.

Pocos son los que dudan de que se acercan momentos de definiciones. El fin de la cuarentena estará ligado, inexorablemente, a una renovación significativa del gabinete y a la necesidad de que el presidente explicite un programa de gobierno para los próximos dos años. Ya no podrá mantener a los funcionarios cuestionados desde el interior del Frente de Todos, ya que el riesgo de una ruptura con el cristinismo es elevadísimo. Y tampoco conseguirá mantener su alianza con Rodríguez Larretay los gobernadores radicales en caso de acceder a las presiones internas.

Este escenario se ve agravado por el tremendo impacto de la cuarentena sobre la economía argentina, y todavía más por la proximidad de las elecciones parlamentarias de medio término del año próximo.

En tales circunstancias, y aunque le desagrade, Alberto Fernández deberá resignar su moderación, y optar por una solución más radicalizada. Sobre qué lado de la grieta elegirá recostarse es la duda que atraviesa al universo político.

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