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Patentes, DNI y pasaportes: la escandalosa maniobra del gobierno para beneficiar a los amigos

Con la excusa de la ineficiencia estatal, el gobierno cerró la planta que fabricaba chapas patentes, frenó la entrega y armó una licitación que dejó como único ganador a los sciolistas de Boldt. Desde la Casa de la Moneda denuncian un plan para vaciar el organismo y transferir un negocio millonario a manos amigas.
Durante meses, las calles se llenaron de autos con patentes provisorias. No eran casos aislados: los conductores podían pasar hasta seis meses —o más— esperando la chapa definitiva. Lo que pocos sabían es que, mientras tanto, las patentes ya estaban fabricadas. No se entregaban, y detrás de esa demora había algo más que burocracia: un plan para desplazar a la Casa de la Moneda y entregar el negocio a un privado.
La modalidad repite una narrativa trágica que la Argentina vivió en carne propia durante la década del 90: el sabotaje al Estado para declararlo ineficiente y correrlo para facilitar el ingreso de un privado que, para colmo, termina subcontratando al mismo Estado.
La historia arranca el Día de la Soberanía Nacional, en noviembre pasado, cuando el gobierno decidió cerrar la planta de Torcuato, la única que producía chapas patentes. Sin plan alternativo, trasladaron la maquinaria a la sede de Retiro, donde hasta entonces se imprimían billetes, se acuñaban monedas y se emitían pasaportes. Allí, el personal tuvo que capacitarse en apenas diez días para asumir una tarea que no realizaba.
Ese movimiento frenó la producción por cuatro meses, generó retrasos masivos y sirvió de argumento para un discurso ya instalado desde la campaña: que la Casa de la Moneda era ineficiente y parte de “la casta” estatal.
Una licitación a medida
El siguiente paso fue una licitación en la que solo se presentó un oferente: Tonjes, hasta entonces proveedor del aluminio para las chapas. Poco tardaron los empleados de la Casa de la Moneda en advertir que el directorio de Tonjes era el mismo que el de Boldt: Antonio Eduardo Tabanelli (presidente), Nicolás Antonio Tabanelli y Rodolfo Heriberto Dietl como
titulares y Guillermo Enrique Gabella como director suplente.
En paralelo, desde el Ministerio de Justicia, se acumulaban patentes fabricadas por la Casa de la Moneda, que no se distribuían.
El mecanismo era claro: crear una imagen de ineficiencia estatal, impedir que las chapas llegaran a los registros automotores y, una vez adjudicado el contrato al privado, “liberar” el stock para que aparecieran de golpe, exhibiendo la supuesta eficacia del sector privado.
La empresa beneficiada no es ajena a los negocios con el Estado. Boldt fue protagonista de la captación de apuestas en la provincia de Buenos Aires durante la gestión de Daniel Scioli, y estuvo vinculada a operaciones con la Casa de la Moneda en tiempos de Amado Boudou, cuando se discutía el control de la impresión de billetes. Su presencia en rubros estratégicos siempre generó polémica por la combinación de contratos millonarios, vínculos políticos y un alto nivel de concentración en sectores regulados.
Mientras tanto, en la Casa de la Moneda se seguía trabajando a tres turnos, produciendo unas 10.000 chapas por día —incluyendo reposiciones, patentes para motos, diplomáticas y agrícolas—, pero sin que ese esfuerzo se tradujera en entregas regulares.
El negocio
Hay que apuntar aquí que la firma beneficiada no solo se quedará con el negocio de las patentes: detrás hay intereses inmobiliarios vinculados a la familia Caputo (poco más de una manzana en el barrio de Retiro) y la expansión del rubro de apuestas deportivas, en el que Boldt también opera.
En septiembre, según les anticiparon a los trabajadores, la Casa de la Moneda dejará de producir chapas. Boldt tomará el control, aunque con un obstáculo técnico: no cuenta con la maquinaria automática más moderna de Latinoamérica, que hoy está en la planta estatal. Trabajan con equipos manuales y ya hicieron un nuevo pedido de 180.000 patentes para cubrirse mientras intentan consolidar la operación.
El problema no es solo de control del negocio, sino también de calidad. El laminado que usará el privado no cumple los requisitos técnicos: puede alterar el brillo y la legibilidad de las letras, especialmente en las chapas de motos.
El caso de las patentes no es un hecho aislado sino que forma parte de una política más amplia de vaciamiento de la Casa de la Moneda. Ya se intentó tercerizar la impresión de boletas electorales y ahora buscan quitarle también la emisión de pasaportes, en la que Argentina ocupa el puesto 117 del mundo en calidad y seguridad.



