Política

Bullrich culminó con éxito su traición

Por Claudio Ponce de León

Si dudas el tema político del momento es la ruptura del PRO. La relación Patricia Bullrich-Mauricio Macri no tiene retorno. Como es de dominio público, este jueves se desarrolló una asamblea partidaria cuyo resultado final fue una categórica derrota de la hoy ministra de Seguridad nacional por encontrarse en absoluta minoría.

La reacción de su grupete fue retirarse abruptamente de las deliberaciones, detalles que a estas alturas ya son historia.

Parecía que la vida política de Bullrich se había asentado cuando hace unos años decidió formar parte del entonces Cambiemos, dejando atrás un cabildeo por distintos espacios. De hecho, en un almuerzo con la legendaria Legrand, la conductora no vaciló a la hora de preguntarle «¿por qué partido venís ahora?». Esto, sin mencionar su pasado en Montoneros. Al respecto, nunca se entendió muy bien cómo fue que sectores de las FFAA la recibieron con los brazos abiertos frente a tamaño antecedente.

Su pelea personal con Mauricio Macri fue determinante a la hora de Juntos en las últimas elecciones, abriendo las puertas para el triunfo de Javier Milei, su paso al balotaje y, finalmente, a la presidencia.

Primero se opuso a que el cordobés Schiaretti se sumara a Juntos (que a la postre se quedó con ocho puntos que le hubieran alcanzado a la propia Bullrich para pasar a la segunda vuelta y, quien sabe, llegar a la presidencia), y culpó a Macri de haberle jugado en contra y ayudar a Milei. Después de la derrota, cuando el ex presidente hizo explícito su apoyo al libertario, Bullrich se mostró en contra de tal decisión lanzando gruesos epítetos que no reproduciremos aquí.

Finalmente, fue ella la que formó parte del gobierno de LLA, con la inserción de sus militantes en la mayoría de las áreas de gobierno, detalle no menor que tiene que ver con su forma de hacer política: fabricar ñoquis.

Incoherente como de costumbre, supo adoptar lo de denostar la «casta», sin acordarse que ella misma lleva toda una vida viviendo de la política y, en consecuencia, del Estado.

Parece haber olvidado que fue el emblema de la derrota de Juntos en la provincia de Buenos Aires al estirar casi hasta lo irracional la definición de las candidaturas a gobernador, legisladores, intendentes y concejales, ya que produjo un desgaste de los precandidatos y, por consiguiente, del propio espacio desincentivando a los potenciales votantes.

Trató como felpudos, llevándolos a los actos como meros punteros barriales a Joaquín de la Torre, Cristian Ritondo y Javier Iguacel, para ungir a último momento a Néstor Grindetti, el invotable y derrotado intendente de Lanús.

En Pilar hizo exactamente lo mismo. Los paseó por todo el distrito mostrándoles la zanahoria de la candidatura a la intendencia, y lejos de advertirlo Andy Genna, Adriana Cáceres, Gustavo Trindade, y el paracaidista Andrés Antonietti acompañaron entusiastas tales veleidades soberanas. Al final, Juntos se partió en tres, con lo que aumentaron las chances del triunfo, casi sin despeinarse, del kirchnerista Federico De Achával.  Como se puede apreciar, Bullrich es una «gran estratega».

Para cerrar, quisiéramos contar un hecho gravísimo y que tiene que ver con los pilarenses. Fue Bullrich, como ministra de Seguridad de Macri, la que detonó el escándalo del presunto lavado de dinero contra la empresa Pilar Bicentenario S.A. para disimular otro que en sus comienzos la tenía muy preocupada: el caso Maldonado. Esto fue reconocido por ex funcionarios de ese Ministerio y por el «bueno» de Federico Pinedo en una charla privada.

 

 

 

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