Política

Dirigentes sociales, la suma de todas las miserias

Lo conozco desde hace más de veinte años. Desde entonces, el hombre se mostró siempre como un desocupado. Veinte años sin conseguir trabajo? No obstante recorría el país en espectaculares camionetas -Ford, Chevrolet, Amarok-. Tiene su base de operaciones en una ex escuela, en uno de los barrios más pobres de Laferrere, en La Matanza.

Se rodea de hombres con rostros de esos que nadie quisiera toparse en una noche sin luna. Fue diputado nacional por casualidad -entró a la Cámara Baja por un reemplazo-, y su labor fue paupérrima. En estos tiempos espera tener la misma suerte ya que integró la lista de Unión por la Patria. Tal vez vuelva a reemplazar a alguien.

Muy vinculado a Insaurralde, uno de los emblemas de la corrupción PJ/K de la provincia de Buenos Aires, y hoy es ñoqui del Senado bonaerense con un sueldo de un millón de pesos por un contrato de locación. Lidera la Corriente Clasista Combativa (CCC) desde su fundación, y llegó a manejar más de 70 mil planes sociales.

Él y su gente -una de sus representantes fue funcionaria municipal en Pilar- extorsionan a los más humildes a través de esos planes, les descuenta 10 mil pesos por mes, y en otros casos un porcentaje de entre 10 y el 20 por ciento que deben entregarle apenas cobran en el cajero bajo pena de darlos de baja, pedidos que envían al área de Acción Social.

Los que no asisten a las marchas o todo tipo de movilizaciones, son «castigados»: no reciben la mercadería que viene -gratis- desde el gobierno. Además, como el 48 por ciento de los comedores que aparecen en los registros oficiales aunque no en la realidad, los jefes se quedan con esa mercadería y se la hacen vender a los «castigados» con el argumento que «debe hacer méritos para volver».

Hablo de Juan Carlos Alderete, un pseudo dirigente social que se comporta como una verdadera miseria humana.

Lo llamativo es que en medio de tanta injusticia como ésta, cometida por Barrios de Pie, el Movimiento Evita, el Polo Obrero, en estos años fueron muy pocos los fiscales y los jueces, dirigentes políticos y periodistas que tuvieron la dignidad y los huevos para denunciarlo.

Por Claudio Ponce de León 

 

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