Provincia

Los nuevos protocolos religiosos

La Provincia anunció el regreso de la liturgia en los diversos cultos. Será con estrictas medidas sanitarias, también para municipios en fase 3. Algunos lo celebran y otros plantean dudas.

Tras varios meses de aislamiento, el gobierno de Axel Kicillof, en el punto más álgido de la curva de contagios en el país, accedió al pedido de la mayor parte de las congregaciones y cultos religiosos, permitiendo -con limitaciones y restricciones- el regreso paulatino de las actividades litúrgicas en templos de distritos que están en fase 3, sumándose así a los que transitaban ya por las etapas cuatro y cinco.

La chance de reintegrarse a los rezos y oraciones podrá realizarse con un 30% del aforo de los recintos en los primeros, mientras que en aquellos que se encuentren en fases menos complicadas desde lo epidemiológico podrán ocupar la mitad de su capacidad.

“Vamos a permitir la posibilidad de celebrar ritos religiosos, pero solamente al aire libre y con una cantidad determinada de personas”, anunció días atrás el jefe de Gabinete del Ejecutivo provincial, Carlos Bianco.

La buena nueva estuvo precedida por el envío a los diferentes cultos de los correspondientes protocolos, que sumaron exigencias específicas a prácticas que son comunes a todos los ciudadanos.

Así, deberá respetarse el distanciamiento de 2 metros, disponerse medidas de higiene como la provisión de alcohol en gel y alfombras sanitizantes, y el uso de tapabocas, nariz y mentón, en servicios que no podrán durar más de 60 minutos. Entre uno y otro deberán dejar pasar 30 minutos para aseo y desinfección del lugar.

La apertura, sin embargo, tiene sus bemoles, y no todos aplauden la forma en que podrán retomar las actividades litúrgicas. “Con respecto al protocolo de la Provincia, incluso hemos agregado otras precauciones que allí no están. Hemos decidido eliminar el saludo de la paz y todos los movimientos de la misa, de manera que los fieles estarán fijos en su lugar y a 15 metros cuadrados uno de otro, como mínimo”, aseguró el arzobispo platense, Víctor Fernández, quien adelantó que la reapertura podría demorarse unos días más.

Las nuevas disposiciones plantean dificultades según la dimensión de la congregación. Por ejemplo, el pastor evangélico Juan Zucarelli, quien puso en duda la posibilidad de volver a los servicios presenciales.

“Si la Provincia mantiene esos protocolos que nos envió, vamos a ver si abrimos el lunes. Una congregación o un cura que tienen 40 o 50 personas, no tienen problema, lo soluciona con dos reuniones. Pero yo, por ejemplo, tengo que hacer 20 reuniones, que duran hasta 60 minutos, y otros 30 minutos para limpiar el templo y que salgan todos. Entonces yo, que tengo como 700 personas, ¿cuántas reuniones tengo que hacer? Y otro problema es que si vienen muchos, yo dejo entrar a 20 y al resto lo tengo que dejar esperando en la calle”, comentó.

Otro tema a considerar es el “gustito” que le han tomado algunos cultos a la posibilidad de tener una audiencia virtual que supera ampliamente la concurrencia de fieles de manera presencial.

Tal es el caso de la comunidad judía de La Plata, donde el rabino (seminarista) Daniel Levin pasó de tener una treintena de personas a una platea por Zoom que superaba las 400, con unas 150 conexiones al mismo tiempo en servicios como el del Kabalat Shabat (ceremonia que se realiza el viernes con la salida de la primera estrella como bienvenida al sábado, día sagrado para el judaísmo).

A pesar de mostrar su satisfacción por la posibilidad de retomar el contacto personal con sus seguidores, el imán de la mezquita sufí de Glew, Ariel Ricardo Gambetta (su nombre islámico es Shahabuddin), afirmó: “Yo seguí la práctica a través de videos que difundimos por las redes sociales, algunos en directo y otros, no. Es como si fuese un sermón de los domingos de la Iglesia Católica, con algunas charlas”.

El líder de la congregación islámica explicó que “no somos muchos en la zona, apenas unos 30 o 35”, y añadió que vamos a tratar de mantener los oficios virtuales para aquellos que tengan dificultades para trasladarse.

Lo económico no es un tema menor, ya que la disposición oficial obliga a cada institución donde se realice un servicio religioso presencial a tomar la temperatura a cada feligrés antes de ingresar.

De acuerdo con lo que los diferentes cultos requirieron, las ya famosas “pistolas” tienen un costo que supera los 4.000 pesos; inversión que no todos están en condiciones de realizar, especialmente en cultos con varios locales, como algunos evangélicos con fuerte presencia en el Conurbano.

Al respecto, Zucarelli puntualizó que en todo este tiempo de cuarentena dañó la economía de las iglesias. “En mi caso, yo alquilo el local del templo, tenemos gastos de limpieza, y además están los servicios. Y lo tenemos cerrado desde marzo, siendo que nosotros nos mantenemos con las ofrendas y los diezmos. Incluso hay algunos que cobran un sueldo como pastores”.

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