Entrevistas

Editorial: La mentira pública no tiene costo (Con audio)

Somos muchos los preocupados a raíz del cambio de carácter en sus apariciones públicas del presidente Fernández. La Argentina es un país repleto de problemas (tanto estructurales como actuales), es un país nervioso, angustiado, y si además de ello el jefe de Estado no habla si no que nos grita, el propio presidente nos infunde el temor no a él, sino temor por un gobierno que evidentemente no encuentra caminos para la gestión.

Imaginemos al piloto de una nave a los gritos y desaforado. Si ese piloto pierde la racionalidad, qué pasa entonces con los tripulantes.

Estaba intentando determinar cuál es el principal problema de la Argentina. Las opciones son muchas y muy variadas, y pensé: ¿será la pobreza?, ¿será el desempleo?, ¿el dólar, las reservas, la educación? ¿Y la salud?, ¿la inseguridad?. Nada de esto me convence.

Creo que el problema más importante al que nos enfrentamos, y no tengo dudas, es la mentira que se ha institucionalizado. Nos estamos acostumbrando peligrosamente a ver cómo se utiliza la mentira como método, como herramienta para ejercer la política o la función pública.

Jamás se mintió tanto, y con tanto cinismo. Creo que desde a política, por lo general, se han acostumbrado a ella; a veces pienso que hasta se las creen ellos mismos y que de alguna manera la verdad los pone incómodos, se sienten como desnudos.

También pensé que como ciudadanos, ¿elegimos a quienes nos mienten o preferimos la verdad?

¿Votamos a quien nos dice la verdad? No quiero respuestas; respondámos nosotros mismos.

Podríamos hacer una larga lista de mentiras públicas, y aunque creo que no vale la pena, una que recuerdo buen fue «somos ejemplo en el mundo en la lucha contra el covid», dijo Ginés cuando hoy tenemos un infectado cada seis segundos y más de 20 mil muertes.

Lo peor de la mentira es que no tiene costo; nadie paga desde su cargo en el Estado por mentirle a la opinión pública.

Ayer, con tristeza, escuché al presidente Fernández pedirles a nuestros jóvenes que no se vayan del país, que «hay que quedarse y arremangarse». El 66 por ciento de los argentinos, según un trabajo de Giacobbe, si pudieran, se irían.

Hubo fuertes discusiones en el gabinete de Alberto porque no hay qué mostrar. Alberto envió a sus ministros a decir algo; «vendan humo» pero algo hay que decirle a la gente.

¿Porqué no prueban con la verdad? Por ahí la gente los escucha y les cree, y hacemos un país real y no de ficción. ¿Porqué no intentar co la verdad después de tanto fracaso y tanta mentira?

 

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