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La imagen de Milei cae en picada… y no es culpa de los medios

Por Nicolás Sanz (*)

La imagen del presidente Javier Milei comienza a mostrar desgastes de forma constante, con una imagen negativa que varía según las encuestas pero que en todos los casos ya supera los 60 puntos porcentuales.

Muchos lo relacionan con la economía, lo que en gran parte es cierto. No hay una mejora de la economía palpable y, para colmo, el pasado martes se conoció que la inflación mensual se aceleró hasta los 3,4%, mostrando una curva alcista durante los últimos 10 meses.

El de la inflación no es un dato menor, ya que fue uno de los ejes de la campaña presidencial del propio Milei que lo catapultó al Sillón de Rivadavia en un contexto en el que ese índice comenzaba a mostrar números preocupantes que parecían acercarse a una inminente hiperinflación.

Por otro lado, la utilizada por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos es una medida que data del 2004 y tiene en cuenta hábitos de consumo que hoy ya no existen, tal es el caso de los periódicos de papel, cd’s virgenes y equipos de fax.

El Gobierno justifica que la inflación de marzo se debió a una serie de factores entre los que se encuentran los precios estacionales de productos escolares, el aumento de la carne y la guerra en Irán.

Lo curioso de todo este asunto es que contradice la frase de Milton Fridman, enarbolada por Milei, que sostiene que “la inflación es siempre y en todas partes un fenómeno monetario”.

En fin. Si la economía no muestra mejoras visibles en el bolsillo del ciudadano promedio, peor aún es la imagen que exhibe un Gobierno que vino a luchar contra la casta pero en los hechos no hizo más que mimetizarse.

La lista de ejemplos es interminable. Los escándalos por corrupción, la defensa de los funcionarios más cuestionados del Gobierno y las excusas de incluso el propio presidente para defender los créditos hipotecarios al sostener que no es una razón para escandalizarse porque “no murió nadie”.

Una digresión al respecto de esto último: el propio Banco Nación envió una misiva a la redacción de Tribuna de Periodistas por una nota publicada el pasado lunes titulada “Del ‘nido de ineficiencia’ al Procrear de la casta: las contradicciones del Banco Nación”.

Allí se hacía mención a los movimientos que la banca estatal había realizado, primero para beneficiar a funcionarios, y luego para tratar de tapar el escándalo, algo que la entidad financiera quiso relativizar a pesar de la veracidad de los datos allí expuestos.

Como sea. Lo cierto es que una de las últimas muestras de casta del Gobierno refiere a un hombre fuerte del peronismo. Se trata del ex senador Eduardo Menem, hermano del fallecido ex presidente Carlos Menem.

El hombre, que además es padre del presidente Martín Menem de Diputados y tío de Eduardo «Lule» Menem, le ganó un juicio multimillonario al Estado por el que cobrará, solo en retroactivos, una cifra superior a los 1.500 millones de pesos, es decir, poco más de un millón de dólares.

A eso se suma que su jubilación de privilegio ascenderá a los 41 millones de pesos. Tal parece que los 10 millones de pesos que venía cobrando (22 jubilaciones mínimas con bono incluido) no le alcanzaba para garantizar una ostentosa calidad de vida.

No parece casual su vínculo con el poder real del Gobierno actual, teniendo en cuenta que los Menem responden a la secretaria General de Presidencia Karina Milei, que prometía eliminar los privilegios de la casta y que de hecho puso especial énfasis en las jubilaciones.

Para los propios parece que esa máxima no existe, o no se implementa. De hecho, es curioso que su propio linaje responda a la mano derecha del presidente, un hombre que, dice, predica el anarcocapitalismo.

No resulta en todo caso impensado que Milei tenga la mayor imagen negativa en el rango etario superior a los 50 años (agravándose en el sector de los jubilados). Es que mientras los adultos mayores cobran una miseria ven como la política tradicional y la casta continúa transitando con total normalidad y ostentación.

Es cierto que el argentino suele votar con el bolsillo, y los jubilados es el segmento qué más sufre el ajuste, pero además encuentra un correlato en las sospechas de corrupción tanto en el PAMI como en la ANSES.

¿Cómo explicar que parte de los fondos del PAMI se sospecha que fueron direccionados a la Fundación Faro que dirige Agustín Laje a través de la inmobiliaria del clan Pocovi, de relación parental con los Menem y amistosa con el propio Milei?

¿Quién en su sano juicio se bancaría que desde la ANSES se hayan presumiblemente direccionado contratos para favorecer empresas de consultoría y tecnología por 9 millones de dólares?

¿Cómo se podría avalar que los planes sociales hayan tenido un incremento real de casi el 50% frente a un bono que los jubilados mantienen congelado en 70 mil pesos desde el inicio de la gestión, sobre todo de un Gobierno que renegaba de los planes sociales, para mantener los índices de pobreza a la baja? Otra vez, un presidente que pregona el anarcocapitalismo.

La imagen de Milei empieza a caer en el sector de las personas entre 30 y 49 años, ya no es solo la porción de personas mas grandes, como quizás sí lo era al principio de la administración del actual Gobierno.

El empleo privado registrado exhibe una caída de alrededor de tres veces lo que disminuyó el empleo en el sector público y los salarios pierden contra la inflación, poniendose un techo a las paritarias y utilizándolo como variable de ajuste.

Y mientras el 70% de la población cobra un salario de 850 mil pesos o menos, los funcionarios (salvo el presidente y la vicepresidenta Victoria Villarruel) hoy ostentan sueldos que rondan los 8 millones de pesos.

La imagen de Milei cae en picada, y no es culpa de los medios ni de la oposición. No existe ninguna operación conspiranoica entre los diversos sectores para hacer caer a un Gobierno que, paradójicamente, puso a la “moral como política de Estado”

Empieza a caer por el propio peso de las políticas públicas implementadas por la Casa Rosada, por el bolsillo enflaquecido de los ciudadanos, por los interminables escándalos de corrupción y la protección de los funcionarios cuestionados. Empieza a caer porque la casta contra la que predicaba Milei en campaña es la misma casta que tomó las riendas de la política argentina.

 

(*) Secretario General de Redacción del portal Tribuna de Periodistas

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