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La ironía de Malvinas: Milei mira a Trump para avanzar contra el Reino Unido que Thatcher defendió
Por Nicolás Sanz (*)

El presidente Javier Milei encontró en su par estadounidense Donal Trump una oportunidad inesperada para volver a poner la llamada “cuestión Malvinas” en el centro de la escena internacional.
Se trata de una paradoja que, ciertamente, tiene todos los condimentos necesarios para incomodar al Presidente, sobre todo por los archivos del pasado que no dejan mentir sobre lo que siempre sostuvo y cómo se contradice con su nueva posición.
Es que mientras construyó su política exterior alrededor de una alianza con Washington y durante años reivindicó a Margaret Thatcher como una de sus referencias políticas, ahora observa cómo el propio Trump empieza a tensionar la relación histórica entre Estados Unidos y el Reino Unido y abre la puerta a revisar la posición estadounidense sobre las islas.
Es un giro que vio inicio hace apenas unos días, el pasado 31 de agosto, cuando Trump afirmó que estaba revisando la postura de Estados Unidos sobre las Islas Malvinas. La declaración tuvo un impacto relevante teniendo en cuenta que Washington sostuvo durante décadas una posición de neutralidad respecto de la disputa de soberanía.
No obstante, Trump tampoco anunció un reconocimiento de la posición argentina, aunque su decisión de colocar nuevamente el tema sobre la mesa representa una señal política de enorme relevancia para el país
Si algo se debe destacar es que Milei entendió rápidamente la dimensión de esa señal y aprovechó las declaraciones de su principal aliado internacional para recuperar una causa que ocupa un lugar por demás importante en la identidad política argentina, por lo que decidió profundizar los lineamientos diplomáticos.
Es por ello que este pasado jueves, durante un mensaje transmitido en horas de la noche por cadena nacional, volvió a reivindicar la soberanía argentina, anunció sanciones contra empresas petroleras que operen en la zona sin autorización argentina y confirmó el avance de una nueva base naval en Ushuaia.
La escena encierra una ironía política difícil de ignorar, ya que Milei convirtió durante años a Thatcher en una figura de referencia y llegó a reivindicar su liderazgo y sus políticas.
Para comprenderlo, vale destacar que Thatcher era la primera ministra británica cuando ocurrió la Guerra de Malvinas de 1982 y quedó históricamente asociada a la defensa militar británica de las islas.
Ahora, más de cuatro décadas después, el jefe de Estado que reivindica su figura encontró una oportunidad para el reclamo de soberanía precisamente a partir de una tensión entre Washington y Londres.
Pero para comprender el trasfondo es primero necesario contextualizarlo. El presidente apostó por una relación privilegiada con Estados Unidos, estrechó su vínculo personal con Trump y ubicó a Washington como uno de los principales socios de Argentina.
Esa decisión le permitió acceder a un vínculo político excepcional con la Casa Blanca, aunque también lo colocó frente a una cuestión particularmente sensible para Argentina teniendo en cuenta que la disputa por Malvinas involucra al Reino Unido, que durante décadas mantuvo una relación de extrema cercanía con Estados Unidos.
Sin embargo, Trump viene sometiendo a fuertes cuestionamientos a Londres y a la denominada “relación especial” entre ambos países, criticando duramente al Reino Unido por cuestiones vinculadas con inmigración, energía y política interna, mientras la relación entre ambos países se tensa cada vez más.
Lo cierto es que es en ese contexto en el que aparece Malvinas, no como una cuestión realmente central, sino como parte de un conflicto que en los hechos es muchísimo más amplio. Es decir, la disputa por la soberanía de las islas puede convertirse para Trump en una herramienta de presión sobre Londres y, al mismo tiempo, en una oportunidad diplomática para Milei.
En los hechos, la Casa Blanca podría utilizar el reclamo argentino como parte de una negociación más amplia con el Reino Unido, mientras el Gobierno argentino intenta convertir una eventual modificación de la posición estadounidense en un avance histórico para su propia política exterior.
Trump habló de revisar la posición de Washington, pero todavía no anunció un cambio de política ni reconoció la soberanía argentina, una diferencia fundamental para comprender qué es lo que realmente está sucediendo tras bambalinas.
Milei recibió una señal política y decidió presentarla como una oportunidad (¿con fines electorales?), aunque el alcance de esa señal todavía depende de las decisiones que adopte la administración estadounidense.
Mientras tanto, Milei decidió elevar la apuesta, vinculó el nuevo escenario internacional con la posibilidad de avanzar hacia un reclamo y presentó los cambios geopolíticos como una suerte de “viento de cambio” favorable para la Argentina.
También anunció el endurecimiento de su posición frente a las empresas que participan de proyectos petroleros alrededor de las islas, particularmente frente al desarrollo de Sea Lion, impulsado por compañías británicas e israelíes.
En tal sentido, el Reino Unido respondió rápidamente y ratificó su posición sobre las islas, sosteniendo su soberanía sobre el territorio y volviendo a colocar en el centro de su argumento la voluntad de los habitantes de las Malvinas, quienes en el referéndum de 2013 votaron por continuar bajo administración británica.
Entonces, para repasar los hechos, Milei quedó frente a un escenario tan atractivo como complejo. Su principal aliado podría estar dispuesto a revisar una posición histórica que favoreció a Londres, mientras el Reino Unido intenta preservar una relación con Washington que durante décadas fue uno de los pilares de su política exterior. Entonces, ¿cuánto puede aprovechar el país este escenario?
Milei tiene una indiscutible ventaja por su relación personal con Trump que excede los canales diplomáticos tradicionales, lo que podría permitirle a la Argentina tener la capacidad de instalar la cuestión Malvinas en la propia Casa Blanca.
Pero hay un punto que no puede dejarse pasar de largo porque Milei necesita que la relación con Trump vaya mucho más allá de los gestos personales y termine derivando en avances concretos sobre la cuestión Malvinas.
La paradoja aparece precisamente en este punto ya que el presidente decidió alinearse con Estados Unidos pero ahora depende de que sea el país norteamericano quien finalmente modifique una posición que durante décadas convivió con su alianza con Londres.
Es decir, Milei que reivindicó a Thatcher ahora celebra que Trump cuestione la posición británica sobre Malvinas… y el presidente que hizo del vínculo con Estados Unidos uno de los pilares de su política exterior podría terminar encontrando en una pelea entre los dos países la mejor oportunidad para la causa Malvinas desde la propia guerra.
Es cierto que el escenario internacional pegó un volantazo que hasta hace unos días nadie sospechaba, pero ahora la cuestión pasa por saber si Trump realmente está dispuesto a cambiar la relación entre Estados Unidos y Reino Unido o si en realidad utiliza la cuestión Malvinas como una moneda de negociación con Londres.
La diferencia es abismal, sobre todo para Argentina, pero también para Milei, porque si Estados Unidos modifica su posición, el Presidente podrá presentar el giro como uno de los grandes resultados de su política exterior.
Sin embargo, si Trump simplemente utilizó a Malvinas como mecanismo de presión sobre el Reino Unido, Milei habrá convertido una señal ambigua en una expectativa política de enorme magnitud.
Mientras tanto, es innegable la contradicción del Presidente que convirtió a Thatcher en una de sus figuras más admiradas y ahora mira hacia Trump para avanzar contra Londres en la disputa por Malvinas.
Y la paradoja es total ya que la oportunidad que Milei encontró para reivindicar la soberanía argentina nació precisamente de la crisis de una alianza internacional a la que él mismo decidió acercar a la Argentina.
Nobleza obliga: el presidente comenzó a presionar al Reino Unido. No obstante, por ahora, ello no cambia nada.
(*) Secretario General de Redacción del portal Tribuna de Periodistas



