
Qué le pasa a Patricia Bullrich que pasó de defender periodistas cuando estuvo en la oposición, a perseguirlos violando la propia Constitución y los pactos internacionales que, entre otros puntos, preservan la garantía de no difundir las fuentes.
Esto tan elemental, que ha sido la risa de los argentinos que medianamente están informados y alguna vez leyeron la Constitución, llevó a agregar un problema más en la Casa Rosada.
Bronca en el gobierno con Patricia
Cayeron muy mal las dos metidas de pata en una semana por parte de Bullrich entre las filas del gobierno. Primero, por la persecución a los periodistas, y segundo, por la denuncia de un intento internacional de atentar contra el presidente Milei encabezado por el premier ruso, Vladimir Putin, el presidente bolivariano Nicolás Maduro, el periodista Jorge Rial, y la mano derecha del «Chiqui» Tapia. Sólo le faltó agregar al 4 de Cambaceres y al 9 de Boca.
La acusan de sobreactuar, de vender humo, dejando como un dictadorzuelo al propio Milei, y se lo atribuyen a sus objetivos post elecciones del 26 de octubre.
Bullrich pretende ser electa senadora por CABA y no asumir su banca. Sus deseos son o reemplazar a Guillermo Francos en la Jefatura de Gabinete, o el lugar de Santiago Caputo en la ya reducida mesa chica del gobierno, sabedora de que a Seguridad iría Guillermo Montenegro y Cristian Ritondo estaría muy cerca de la AFI.
Hasta que punto ha llegado la sobreactuación de la hoy ministro de Seguridad, que la juez federal Arroyo Salgado tenía prácticamente resuelto el episodio de los excrementos en la casa de José Luis Espert, y ya casi aparecía un «gordo» de la política detrás, que declaraciones de Bullrich derribaron la investigación.
Dijo la magistrada, con énfasis sorprendente: «me cagó la investigación».
Si bien la incertidumbre acerca de la continuidad del gobierno o cómo gobernará Milei ante los distintos frentes abiertos es enorme, hay algo que se ve muy claro entre en la confusión reinante: ni el presidente ni su hermana, ya confían en Patricia.



