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Javier Milei, el presidente psicópata, cínico y corrupto

Por Claudio Ponce de León (*)

Psicópata: trastorno de la personalidad caracterizado por una grave falta de empatía, ausencia de remordimientos, egocentrismo y una marcada tendencia a manipular a los demás.

Cínico: persona que miente o actúa con descaro y sin vergüenza para lograr lo que quiere.

Corrupto: adjetivo que describe a persona, institución o sistema que se ha dejado sobornar, pervertir o viciar.

Esto último, lo de corrupto, va mínimamente por aquello vertido por el hoy presidente Javier Milei en mi programa de radio (El 1° de la Mañana) cuando confesó que llegó hasta a «asesorar narcos», frase que con el tiempo se hizo viral.

En cuanto a la psicopatía y al cinismo, encaja con lo que fueron sus propios conceptos en distintos eventos o pasajes de la semana.

Se cansó de desmentirse a si mismo como con la inflación minorista de agosto; y errático como siempre, negó la caída en los niveles de empleo, fantaseando con la apertura de más empresas que las que cerraron, y hasta rayano con un desquiciado, negó la existencia de una catarata masiva de familias endeudadas.

Hasta aquí hemos definido la fisonomía del actual presidente argentino, pero en esta nota pretendo ir más allá, hacia algo que muchos de los colegas amigos del propio Milei disimulan, callan y prefieren olvidar al momento de repetir como loros los argumentos del presidente y el ministro Caputo en cuanto a que la situación de los endeudados es un «problema entre privados». Y aquí viene el uppercut al mentón de ambos, además de los Majul, los Feinman, los Viale y los Rossi de la vida: acaso no recuerdan la circular A-251 del BCRA, presidido por Domingo Cavallo, cuando en 1982 el Estado argentino estatizó la deuda privada de las 70 empresas más grandes del país por un monto cercano a los 23 mil millones de dólares de aquella época, deuda que generó intereses por décadas y que pagó el pueblo argentino.

Entre los beneficiarios de la maniobra aparecen los principales bancos que hoy coquetean con el ministro Caputo y son acreedores de millones de argentinos, además de las empresas de la familia Macri -Sevel, Socma- con quien LLA trabaja en una alianza electoral para 2027, el grupo Perez Companc, Techint, Clarín, las automotrices Renault y Ford, entre otras.

Esto quiere decir que para el presidente Milei, cuando las deudas son de los poderosos, las pagamos entre todos, pero si las deudas son del pueblo, el Estado desaparece y el (des) arreglo es «entre privados».

Otro hecho escandaloso de nuestra historia económica fue en febrero de 2002, durante el interinato de Eduardo Duhalde, cuando estalló por los aires la convertibilidad y fue con la pesificación asimétrica, que dicho en castellano auténtico, una maniobra para salvar a los bancos trasladando también los pasivos a la sociedad.

Obviamente, acá, sobre estos datos, no hubo ni confusiones ni olvidos. El jefe de Estado actúa con manifiesta mala fe y se ha convertido en el Hood Robin de la sociedad.

Para terminar, lo sucedido el viernes en Rosario, según varios asistente al acto en la Bolsa de Comercio de Rosario, con el presidente como protagonista excluyente: lucía un aspecto desmejorado -“estaba sucio y muy hinchado”-, y pronunció su discurso de más de una hora y media en un auditorio con luces bajas.

Milei comenzó con un furcio al agradecer a la Bolsa de Comercio de Buenos Aires en lugar de la de Rosario, lo que provocó gritos de desaprobación, e inmediatamente comenzó su ataque contra los periodistas (a los que calificó de “sicarios” y “ensobrados”), a la oposición, al kirchnerismo, a la izquierda, a los empresarios prebendarios y a la gente endeudada.

El tono del discurso fue caótico en varios pasajes, según los testigos, que además aseguraron que su rostro se veía sudado y pálido en las pantallas gigantes del auditorio, detalles que generaron comentarios en la platea. Varios referentes del círculo rojo lo describieron como “errático, disperso y desbordado”, mientras el público respondió al discurso con pocos aplausos, incluso muchos se levantaron antes del final.

Este estado en el que se vio al presidente en Rosario, es el auténtico riesgo que ven los inversores y el motivo fundamental por el que aumentó el riesgo país (150 puntos básicos en los últimos 30 días). Y también la razón de un denominado círculo rojo que espantado por el momento de Milei, busca desesperadamente alguien que ejecute las mismas políticas pero sin el psicópata, cínico y corrupto.

Hasta aquí, sólo cuentan con las figuras del empresario Daniel Hadad y del banquero Jorge Brito.

 

(*) Periodista. Conductor de El 1° de la Mañana (Cadena Premium 94.5)

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