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Lisandro Camani, el sponsor de Yofe y el concejal Giordano

El nombre del empresario apareció en el marco de las investigaciones por una presunta «extorsión agravada» que tiene al dirigente de la CC Pilar, Matías Yofe, como principal imputado. Quién es, qué y cómo se vincula con el «lilito» y las resonantes denuncias que ahora aparecen cuestionadas, y con el propio Giordano.

Leandro Camani, líder de la empresa Secutrans -hoy  Tránsito Seguro-, y protagonista en denuncias mediáticas recientes ha consolidado su figura como el «rey de las fotomultas» en la provincia de Buenos Aires. Con más de 1.500 cámaras desplegadas en municipios clave como La Matanza, San Martín, Hurlingham, Morón, Escobar, San Antonio de Areco, Lezama, Chivilcoy y también en la ciudad de Mar del Plata, partido de General Pueyrredón, su dominio en el mercado lo convierte en una figura influyente que a través de alianzas estratégicas y un manejo hábil del sistema político y empresarial, ha logrado mantenerse en la cima, pese a las múltiples denuncias de irregularidades que rodean sus operaciones.

A lo largo de su carrera, Camani ha demostrado ser un hombre de muchos recursos, y es el responsable de las denuncias que apuntan al ex ministro de Transporte de la provincia, Jorge D’Onofrio, acusándolo de estar involucrado en un esquema de coimas.

Conviene apuntar al respecto que las denuncias del empresario son parte de un modus operandi que viene utilizando para edificar su poder.

Ese poder también estaría ligado a su relación con la influyente familia de Luis  Barrionuevo, una de las más poderosas de la provincia. Su vínculo con ellos, especialmente con Sandra, la hija del ex líder gastronómico, habría sido un factor determinante en su ascenso dentro del círculo político y económico. Vale apuntar aquí que el hermano de Sandra, Alejandro, es uno de los directivos de Tránsito Seguro, tal vez como una retribución por los beneficios obtenidos.

El «rey de las fotomultas» construyó un negocio millonario en el que las universidades nacionales juegan un rol central.  A través de convenios con estas instituciones, las comunas pueden instalar cámaras sin realizar licitaciones públicas, un mecanismo que desvía el proceso licitatorio a través de fundaciones universitarias, muchas de ellas vinculadas a empresas privadas. Camani se instaló en el centro de una operatoria que trajo dolores de cabeza no sólo a las propias autoridades universitarias sino también a algunos intendentes que han tenido observaciones y pedidos de informes en los concejos deliberantes. Su ambición puso en jaque la estructura de ingresos en las comunas y las denuncias públicas que él mismo motorizó sacudieron las oficinas de los que serían sus propios socios.

El negocio de las fotomultas es enorme. Según datos oficiales, entre enero y septiembre de 2024 se recaudaron por esa vía más de 67 mil millones de pesos. Secutrans realizó multas por casi 1.700 millones de pesos. Lo que se recauda tiene una doble distribución: la primaria es 80 por ciento para las comunas y 20 por ciento para el Estado provincial. La secundaria es entre cada municipio y su proveedor tecnológico, que suelen asociarse en igualdad de condiciones.

Pero (siempre hay un pero) siete de cada diez fotomultas que logra son nulas, por distintos motivos técnicos, pero se deben procesar de todas formas. Al mismo tiempo, más del 50% de las actas están mal confeccionadas y tienen errores y defectos, ya sea porque la foto no refleja debidamente la identidad de la persona o el vehículo multado. A su vez, en muchos de los casos, los conductores pueden probar que no se encontraban en el lugar donde supuestamente se llevó a cabo la infracción o ni siquiera estuvieron en la zona, lo que genera dudas sobre la falta de transparencia en todo el sistema.

En el plano político, hay que agregar que después de su impiadosa envestida judicial contra Jorge D’Onofrio, que terminó con su obvio desplazamiento, Camani se dio con el gusto de coronar en Transporte provincial a su delfín, Martín Marinucci, a quien hasta le designó secretaria, una abogada de nombre Analía.

Los medios y el poder

Leandro Camani no solo ha construido una red de contactos políticos y empresariales, sino que también ha sabido utilizar su influencia en los medios de comunicación para posicionarse como una figura de peso. Su relación con el periodista Rolando Graña, junto con sus vínculos en la farándula, lo han convertido en un personaje con acceso a plataformas clave que amplifican su impacto aunque luego termine por afectar a sus socios.

Comenzó su ascenso social desde el mundo de la noche porteña, donde su rol como modelo y dueño del boliche Fabric Club lo conectó con figuras públicas y del espectáculo. Sus relaciones sentimentales con Samanta Farjat y Nazarena Vélez, dos personalidades mediáticas, lo puso en el centro de la escena farandulera. Sin embargo, esta exposición pública no solo fue de beneficio, sino que también trajo conflictos. Vélez y su esposo Fabián Rodríguez lo denunciaron por extorsión en un caso que involucró la habilitación del Multiespacio Los Ángeles, un teatro en la calle Corrientes.

Además, fue dueño del boliche Beara, donde en 2010 el derrumbe de un entrepiso causó la muerte de dos mujeres y dejó más de 50 personas heridas. Por este hecho, fue procesado y luego absuelto. Hasta hoy, ni los empresarios ni los habilitantes de la obra fueron presos, y las familias de las víctimas no obtuvieron justicia alguna.

Fue denunciado por estafas en la producción de un festival, causa en la cual también fue sobreseído. Asimismo, está vinculado con Leandro Santos, un representante de modelos que en 2017 fue investigado por lavado de activos, prostitución VIP y trata de personas.

En su haber aparecen, además, varias denuncias por amenazas, radicadas en los juzgados de La Plata y Quilmes.

También hay que apuntar que es propietario de dos empresas (Fingroup S.R.L. y Rec Cube S.A.) que, entre otras cosas, cuentan con relación directa en la organización de los Martín Fierro y vínculo directo con productoras de contenido televisivo.

Más allá de sus conflictos legales y mediáticos, Camani siempre supo mantener una narrativa pública favorable gracias a su capacidad para navegar los medios. Su proximidad con figuras de la farándula y su conocimiento de las dinámicas mediáticas lo han protegido de una exposición más agresiva, a pesar de los múltiples escándalos que lo rodean. Incluso llega a servirse de esos vínculos para explotar más y más su perfil encubierto de denunciador serial y embarrar los negocios propios y ajenos.

Sabe que sus conexiones con periodistas -que maneja a fuerza de billetera- le otorgan una suerte de escudo mediático que le permite minimizar los daños en su reputación, aunque luego, con sus denuncias, no le importe hacerles caer en un tobogán de pérdida de credibilidad.

En ese sentido, se pondera profusamente la generosidad de Camani para con la gente de La Nación (Nicolás Pizzi), La Nación + (Esteban Trebuc) y Clarín (Daniel Santoro), quienes se encargarían a su vez de distribuir tal gesto a otros colegas de sus medios. Idéntico trato dispensa a varios conocidos portales de noticias de la provincia.

Éramos pocos y apareció «Limón»

El 2 de octubre pasado, un control policial encontró a Lisandro Damián Contreras, «Licha» o «Limón», manejando con la cédula verde vencida una camioneta Mercedes Benz Gle 400 a nombre del empresario Leandro Camani. El hecho ocurrió en la Ruta 9, a la altura de la localidad de Río Tala en San Pedro.

Hoy, Contreras está preso acusado de liderar la banda narco “Los Menores” en Rosario.

Su detención incluyó un allanamiento a su domicilio en un exclusivo country de Pilar, con vista a un lago privado, donde llevaba un elevado nivel de vida, con acceso a autos y teléfonos de alta gama, pese a figurar apenas como empleado de una empresa de insumos odontológicos. La firma para la que supuestamente trabajaba Contreras tenía un único empleado, él mismo. Los dueños de la empresa no sabían que figuraban en los papeles como titulares: uno era jubilado y otro un ex empleado de Mc. Donald’s.

Contreras estaba purgando en libertad el final de una condena por robo calificado, y entre las pistas que sigue la Policía Federal hay hipótesis de que está vinculado al asesinato de “Pillín” Bracamonte, ex líder de la barra brava de Rosario Central.

De las andanzas de «Limón», prácticamente no quedan preguntas por responder. El único interrogante que se impone y para el que hasta ahora no hubo ninguna explicación es ¿qué hacía un presunto narco en la camioneta del empresario Camani?

El hambre y las ganas de comer

El nombre de Leandro Camani ya venía dando vueltas por el expediente que se tramita en la Fiscalía N° 3 de Pilar, en relación a la investigación que tiene como protagonista a Matías Yofe. Lo habían declarado sus custodios, y testigos como el periodista Claudio Ponce de León.

Y el vínculo se terminó de confirmar con la apertura de uno de los dispositivos secuestrados el 2 de enero pasado en su casa de Villa Rosa. Fue el primer nombre que apareció, junto al del propio ministro de Transporte Marinucci, con quien Yofe pasó del escrache en redes a reuniones cara a cara.

Para los investigadores, la «amistad» entre ambos constituye casi una certeza a la hora de demostrar un comportamiento extorsivo por parte del «lilito», el más entusiasta vocero mediático de las denuncias articuladas por el empresario contra, por ejemplo, Jorge D’Onofrio y Claudia Pombo. Ya lo decía su madrina política Elisa Carrió: «Matías no tiene un peso para pagar testigos». Pero Camani sí, y muchos.

En ese sentido aseguran que el rol de Yofe no se limitaría, en nombre de Camani, a «invitar» testigos a participar de esta suerte de festival judicial; también fungiría como ariete del empresario contra el intendente De Achával, un tanto reacio, al parecer, a recibir en el distrito las variadas propuestas de Camani.

De hecho, el mismo Yofe solía asegurar que Leandro estaba dispuesto a aportar «una pila de dólares» a la pasada campaña electoral de la CC, pero que deberían blanquearse a través de otro empresario. Como dato menor de ese acompañamiento, el propio señor P., mano derecha de Camani, envió para la inauguración de la casa partidaria en Villa Morra algunos miles de dólares, aunque en el evento sólo se sirvieron diez pizzas y gaseosas de segunda marca.

Pero Yofe no llegó por las suyas a sentarse en las oficinas de la Avenida Libertador al 6300 para hablar con Camani. La conexión fue el concejal peronista Iván Giordano, viejo conocido del empresario.

De Giordano se puede decir poco y nada en cuanto su labor como concejal del distrito, ya que su currículum como tal podría definirse casi como una hoja en blanco. Quizás su banca le sea más útil para «chapear» que para legislar, y bajo ese paraguas, una de sus tareas sería la de recorrer los distintos municipios de la provincia y del país ofreciendo los servicios tecnológicos de su amigo Leandro. Por supuesto, cada respuesta afirmativa significaría, para el concejal, un merecido porcentaje de reconocimiento.

También es conocido como el caballo de Troya de Camani en la administración De Achával, ya que recababa información sensible y la entregaba a Yofe, encargado de la denuncia mediática.

Como su amigo «lilito», el concejal también tendría deudas pendientes con la justicia aunque por presuntos delitos aberrantes -freezados por algún operador- y formaría parte del grupo -numeroso, por cierto- de aquellos a los que no les cierra el blanco. Con su dieta le alcanza para mantener un vehículo de 120 millones de pesos y viajar por el mundo para, por caso, encontrarse con el Papa, reunión a la que concurrió con su colega Silvio Rodríguez.

Giordano y Yofe son tan cercanos que el 27 de noviembre pasado compartieron mesa en el Goldencenter, en oportunidad de la última entrega de los Martín Fierro. Al evento concurrieron invitados personalmente por el propio Camani, quien en un momento de la noche se acercó a charlar animadamente con sus amigos pilarenses.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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