Columnistas

La danza de las dos broncas

Por Jorge D. Giacobbe (*)

Con los siguientes datos tomados antes de las presentaciones de listas, en medio de definiciones como
la declinación de la candidatura de Patricia Bullrich y la aparición de Facundo Manes, en términos nacionales
podemos ver que el clima se recalienta y los ánimos se empiezan a exacerbar.

El clima electoral convocará, e irá obligando también, a los indecisos y apáticos, a tomar la decisión de participar (o no) de la grieta, o fugarse hacia un lugar distinto. En buena parte de la argentina veremos una pelea entre las dos broncas que dominan la argentina. En otras provincias, fenómenos políticos locales de valor jugando “sueltos”
distorsionarán esa pelea para convertirla en una disputa de tres partes (Neuquén y Córdoba por ejemplo).

Por el lado del oficialismo nacional, Alberto Fernández crece en imagen positiva casi tres puntos aunque no supera los treinta, al igual que Cristina Kirchner. En sentido contrario, Axel Kicillof pierde dos.

Por el lado de la oposición, Mauricio Macri pierde menos de un punto de positiva y gana lo mismo de negativa. La situación de la negociación de las listas en la Ciudad de Buenos Aires deja a Horacio Rodríguez Larreta con dos puntos menos de imagen positiva, y a Patricia Bullrich con dos más.

En cuanto a deseos de triunfo, el 30% de los encuestados indica que quiere que el Frente de Todos gane las elecciones, y el 60.9% quiere que las pierda.

Tenemos aquí una primera noción de “piso” electoral del oficialismo.

En la otra esquina del ring, 44.1% indica que desea que Juntos por el Cambio gane las elecciones. Pero este público no se comporta de la misma forma que el oficialista. Una parte fuga su voto a opciones liberales y hay que considerar que una parte también fuga su voto a terceras opciones de valor provincial.

La pelea de los genéricos

Desde Giacobbe & Asociados visualizamos la configuración de una pelea de genéricos. Donde votar “a favor” o “en contra” de Cristina será mucho más importante que la calidad de cada uno de los candidatos. Entonces resulta crucial auscultar a la población en ese sentido.

Consultados por voluntad de voto en términos de espacios políticos, tenemos dos situaciones distintas, con y sin proyección de indecisos, pero siempre tendiente a la polarización.

Sin proyección, es decir con más de 25.8% de indecisos, el Frente de Todos mide 27.9% y Juntos por el Cambio 33.8%. Hay 5.9% de diferencia a favor de la principal herramienta de la oposición. Muy lejos le siguen el “peronismo no kirchnerista” y los “liberales” con 4.5% y 6.4% respectivamente, es decir, que pueden entrar en la disputa de conseguir diputados dependiendo del rendimiento en cada provincia.

A título de hipótesis que nos pueda despejar un poco el panorama, realizamos una proyección no lineal. Tomamos entonces los datos obtenidos en las demás preguntas como forma de inferir la elección de los indecisos, pudiendo reducir ese volumen de 25.8% a 14.2%.

Crece el Frente de Todos hasta 35.8% (+7.9%) lo que quiere decir que existe un voto tentativo latente, escondido seguramente por la vergüenza de no estar en el mejor momento del espacio político. Juntos por el Cambio crece hasta 35.2%, menos que el oficialismo, pero finalmente quedan balanceados. El peronismo no kirchnerista asume entonces valor 5.2%, los liberales 8.1% y la izquierda se mantiene en 1.4%.

La situación económica del país, la crisis del Covid, la campaña, los candidatos y las particularidades políticas de cada provincia generarán las variaciones locales finales. Aún proyectando existe un 14.2% de argentinos que no tienen idea de qué decisión tomar.

Hay fronteras de disputa entre los sectores genéricos. Las opciones liberales disputan cierto volumen del voto de Juntos por el Cambio, la izquierda otra pequeña frontera del voto del Frente de Todos. El peronismo no kirchnerista
parece, en cambio, un lugar intermedio donde el votante del Frente de Todos ofendido del 2019 puede refugiarse sin tener que volver a Juntos por el Cambio.

En la ciudad de Buenos Aires

Nuevamente en términos genéricos, el Frente de Todos asume valor 26.8% contra 41.5% de Juntos por el Cambio. Más allá de la interna, la elección parece resuelta en favor del Jefe de Gobierno, aunque todavía existe un 14.3% de
indecisos del cual se puede nutrir para alcanzar un número más cercano al 50% esperado.

El peronismo no kirchnerista mide menos que en lo nacional (3.8%) y los liberales más (11.1%). Veremos si estos últimos pueden defender la boleta y en qué medida la candidatura de López Murphy logra disolverles el voto.

Leandro Santoro parece ser un candidato cómodo para el oficialista porteño, alcanzando 25.5%, y la interna entre María Eugenia Vidal y López Murphy arranca prácticamente dos a uno (14% a 27.5%). Jorge Telerman como
candidato del peronismo no kirchnerista mide -todavía-menos que el genérico, al igual que Javier Milei.

En la provincia de Buenos Aires

Según la pregunta por espacios políticos, la pelea en el distrito que será el eje de la discusión simbólica de estas elecciones se torna pareja y polarizada. Con 9.5% de indecisos, el Frente de Todos aspira a 37.5% y Juntos por el Cambio a 38.4%. Los dos terceros parecen encaminarse a realizar elecciones dignas por más que no puedan romper la polarización.

Pero cuando analizamos esta elección por candidatos (supuestos) podemos ver que todas las internas suman menos votos que las decisiones genéricas. Es decir, que hay porciones de electorado queriendo votar un espacio, pero aún no han decidido por cuál candidato zanjar la disputa, o bien, porque ninguno les convence. Los indecisos crecen entonces a 21.8%.

La hipótesis de triple interna del Frente de Todos suma 27.9% (11.7% de Santiago Cafiero, 8.6% de Sergio Berni y 7.6% de Wado de Pedro. Es decir, 9.6% menos que el genérico.

La hipótesis de doble interna de Juntos por el Cambio suma 34.7% (19.3% de Diego Santilli y 15.4% de Facundo Manes). Resulta 3.6% menos que el genérico.

Lo mismo sucede con el 5.1% de Florencio Randazzo (-1%) y el 6.8% de José Luis Espert (-0.4%).

Falta mucho

Falta el cierre de listas y la confirmación de los candidatos. Faltan las listas que entran por la ventana, las impugnadas y las que desaparecen misteriosamente. Los puñales sobre la hora y las negociaciones encarnizadas de último momento. Las listas que cada espacio arma para romper el voto del otro.

Falta luego que cada intendente arme su estrategia para cortar boletas y defender sus consejos deliberantes. Faltan las traiciones y las triquiñuelas. Las campañas, las estrategias, los publicistas y sus mensajes, los extranjeros que cruzan a votar, los muertos aferrados al sufragio. También los errores no forzados y los carpetazos.

Faltan decidirse los indecisos tempranos y los de última hora, falta la compra de votos en la calle, los barones presionando a los empleados públicos.

Falta ver cuánta gente no querrá asistir a las urnas por lo inútil de las PASO y por miedo al Covid. Falta saber si todos podrán defender la boleta durante los comicios y en el recuento de votos.

Entonces, luego de que las “argentinadas” influyan un poco sobre la democracia diseñada en el pizarrón de la teoría política, luego de nuestro simpático folklore de la alegría de votar, tendremos un panorama más claro de lo que viene.

(*) Licenciado en Comunicación Social, director de la consultora Giacobbe & Asociados

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