Columnistas

Un poco de sentido común

Por Jorge Daniel Giacobbe (*)

En cualquier acto de comunicación intervienen aspectos que van más allá de las intenciones del emisor. En el
último anuncio, como en los anteriores, el presidente solo logra sumar confusión a los ciudadanos argentinos.

Intenta explicar las medidas que adopta, le pasa la pelota a los gobernadores para que expliquen lo suyo, y
finalmente todo se convierte en una ensalada de información confusa que necesita exégetas y más
explicaciones a posteriori.

¿En qué medida se equivoca el emisor? ¿En qué medida carecemos los receptores delas capacidades necesarias para comprender? Podemos debatirlo pero, de seguro, el tránsito de la situación es traumático.

Apenas unos días antes del último anuncio la imagen de Alberto Fernández perdía un punto de positiva y ganaba uno de negativa. Podemos decir que desde Febrero se mantiene rondando los 27/28% de positiva y los 60% de
negativa. Ningún embarque de vacunas lo hace crecer, pero ningún vacunatorio VIP lo hace caer.

La familia de productos electorales del Frente de Todos, incluida Cristina Kirchner y Axel Kicillof, transita la misma suerte.

Resulta contraintuitivo pensar que en medio de una crisis constante las imágenes se muestren estables. Pero puede suceder que ya todos estén en el piso y en el techo de las evoluciones posibles.

Por el lado de la oposición sucede lo mismo. Horacio Rodríguez Larreta, Patricia Bullrich y María Eugenia Vidal se mueven por centésimas en un rango de 35- 40% de positiva y 40% de negativa. El único proceso lento pero estable que estamos verificando es el crecimiento de la imagen negativa de Rodríguez Larreta. Hasta fin del año pasado conservaba un tercio de la población en imagen “regular”. Ese tercio se descompone por goteo pasando a negativa.

Lo mismo sucede con el escenario genérico electoral. 28.9% apoya al Frente de Todos versus 59.2% que buscará herramientas para producirle una derrota en las elecciones legislativas de 2021.

Lejos de reparar en cómo se van a configurar las cámaras de senadores y diputados, los argentinos iremos a las urnas para acariciar o sopapear al gobierno. No le busquen la vuelta, no será más que eso.

Agotados y descreídos, los argentinos temen y esperan que en algún momento el presidente vuelva a echarles la culpa de ser niños rebeldes, y dictamine una cuarentena FASE 1. Casi por partes iguales la sociedad se divide entre quienes dicen (reitero: “dicen”) que respetarán o no respetarán las medidas.

Los parques, la gastronomía, las escuelas y las universidades gozan de más del 50% de apoyo social a nivel nacional para estar abiertos. Los gimnasios están cerquita. Más abajo los templos e iglesias y en el fondo de la tabla los casinos y bingos.

Entonces, ¿Está el gobierno adoptando medidas con consenso social? Es brutal la diferencia de padres que indican que sus hijos desean tener clases presenciales (47%) contra los que indican que desean tener clases virtuales (16.6%). Estos datos van dedicados a las voces que han sostenido que los niños están contentos con esta situación porque se los asume, per se, unos pequeños pillos atorrantes intentando evadir sus responsabilidades.

El nivel de irritación y de fastidio puede explicarse en que la mayoría se prepara para que este año sea peor (57%) que el anterior, que ya era para olvidar. Solo el 13.2% de los argentinos posee alguna estructura psíquica, situación personal o ataque de optimismo que le permite pensar que el 2021 será mejor.

85% de los encuestados indica haber perdido ingresos durante la cuarentena. La mayor parte (25.8%) admite haber perdido la mitad. Los datos resultan muy dolorosos. Casi el 20% indica que se ha quedado sin nada.

Navegando crisis, miedo y angustia, mientras nuestra elite política no encuentra el rumbo y se fagocita a sí misma, crecen en valor las voces del sentido común.

Ciertamente polémicas, criticadas por simplificadoras, y con esa sencillez y brutalidad que ofende tanto a la intelectualidad. Sacuden al sistema político en sentido amplio, a sus habitantes, y también a los ciudadanos que, en nuestra inmadurez, no queremos asumir nuestra real cuota de responsabilidad.

(*) Director de Giacobbe & Asociados, analista político

 

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