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Caso Neuss: un vaso de vino, ¿el detonante?

El testimonio de las empleadas domésticas podría ser la clave para desentrañar los motivos que llevaron al empresario Jorge Neuss a asesinar a su esposa Silvia Saravia y después suicidarse el sábado último en el country Martindale.

Hasta aquí, la investigación estableció que fueron las trabajadoras las últimas en ver con vida a la pareja y las primeras en avisar a los hijos del matrimonio tras escuchar los disparos en el piso superior de la vivienda. Y, como evalúa la fiscal María José Basiglio, las que mejor podrían conocer la intimidad de los Neuss como quizás no la conocían ni los más cercanos. Por esa razón, las mujeres volverán a prestar declaración en los próximos días, atendiendo además que no se han podido desencriptar los teléfonos que usaba la pareja.

Saber qué fue lo que llevó a uno de los hombres más acaudalados del país a asesinar a su esposa de toda la vida, y luego apoyar el arma a su cabeza para terminar con la suya, sigue siendo el interrogante que desvela a la investigación. En ese sentido, algunos testimonios dan cuenta de los malos tratos que sufría la mujer por parte de su marido, agravado porque en los últimos años, según confió Saravia a algunas de sus amigas más íntimas, Neuss habría comenzado a beber algo más de la cuenta aunque sin llegar a convertirse esto en un verdadero problema.

De hecho, el personal de servicio le habría contado a la fiscal que alguna vez, no hace mucho, la señora Saravia habría dejado de hablarle a su marido por dos meses, después de que éste bebiera una botella de cerveza.

Aparentemente, el empresario era lo que se conoce como un bebedor social, que de vez en cuando gustaba de algo de alcohol, lo que disgustaba profundamente a su esposa, que se lo hacía saber. Y parece haber sido éste el detonante de la última discusión, la del viernes a la noche, la que determinó que Silvia Saravia, después de ver a su marido bebiendo un vaso de vino, se trasladara a la casa de su hija, en el mismo country, donde se quedó a dormir.

Al día siguiente, cerca del mediodía, y aunque Neuss parecía en calma, según la empleada que le sirvió el desayuno, Silvia volvió a la casa y entonces se desató la tragedia, el segundo femicidio en el Martindale después del de Fernando Farré contra su esposa Claudia Schaeffer, asesinada de 66 puñaladas también en su habitación.

 

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