Entrevistas

Siguen las denuncias: una ¿confusión? y un atendido a la fuerza en el Sanguinetti (audio)

El principal centro de salud del distrito sigue siendo blanco de las quejas de los vecinos del distrito que cuentan sus vivencias o las de sus familiares en el hospital insignia del sistema de salud municipal.

Esta vez, el turno es de Micaela, una joven que en el programa «Pensar en todos» (sábados, a las 11 por Cadena 94.5) refirió dos episodios: uno vinculado a su padre, y el otro a su hermano.

En el primer caso, el hombre sufrió un accidente hace poco más de un año, por lo que su pierna requirió la colocación de unos clavos, intervención que se realizó en el Sanguinetti. Al tiempo, uno de ellos se infectó por lo que debió volver al hospital a la espera de otra operación para un recambio del material, que solicitaron al PAMI.

La cuestión es que mientras el hombre permanecía internado, la obra social entregó los clavos, y cuando llegó el día de la operación, que sus hijos esperaban ansiosos, desde el hospital cancelaron la intervención argumentando que el PAMI no les había hecho llegar el material. Furiosos, los chicos se fueron al PAMI, donde un superior les mostró un remito de entrega firmado por un médico del Sanguinetti.

De vuelta en el hospital, los responsables se obstinaron en la negación de tal recibimiento, hasta que apareció un representante de la obra social y les mostró lo firmado. Como ya no cabían más dudas, el hospital debió reconocer que los clavos habían ido a parar a otro paciente, y que se harían cargo de todo lo que demandase la intervención del padre de la denunciante, que se concretará, por fin, este lunes.

Del médico que firmó el recibido, no se tienen noticias. «Desapareció del hospital», dijo Micaela antes de remarcar que «mi papá entró al hospital con 82 kilos, y salió con 40, estaba mal».

El segundo caso tiene que ver con el hermano de la joven que, mientras ocurría aquello con su padre, llegó al hospital desesperado por un dolor de vesícula y clamaba por una operación, a lo que los médicos se negaban. «Le decían que no era una urgencia, que hasta que no reviente no lo podían operar», recordó.

La cuestión que el muchacho no se amilanó, y se sentó en una silla a esperar lo que su cuerpo reclamaba. «Lo mandaban a la sala de Villa Rosa, donde no hay nada, así que se encaprichó y estuvo siete días en una silla del pasillo de guardia, donde le pasaban calmantes».

En ese punto, Micaela destaca la atención de enfermería pero «el problema son los médicos» que, al final, se cansaron y no tuvieron más remedio que asistir al enfermo.

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